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Despedida de la WEDO con Ludwig van Barenboim

Sevilla, 18/07/2012. Teatro de la Maestranza. West-Eastern Divan Orchestra. Daniel Barenboim, director. Programa: Beethoven, Sinfonías Primera, Segunda y Octava. Asistencia: lleno
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La West-Östlichen Divan Orchester, compuesta por jóvenes músicos israelíes, palestinos (y de otros países árabes) y unos pocos alemanes, se fundó en 1999 en Weimar, con ocasión de la capitalidad cultural europea de esta ciudad. Su nombre se debe al título del libro de poemas “orientalizantes” West-Östliches Divan del ilustre weimariano Johann Wolfgang Goethe. Dirigida por el argentino-israelí Daniel Barenboim, alternó con la ciudad de Chicago (donde cambió su nombre al idioma inglés, West-Eastern Divan Orchestra, WEDO) hasta desembocar en Sevilla en 2002, bajo el patrocinio institucional de la Junta de Andalucía (se dice que no fue ajena a este hecho la amistad de Barenboim y Felipe González). Se creó la Fundación Barenboim-Said (Edward W. Said era un intelectual palestino que, al poco, murió de cáncer, sustituyéndolo en la Fundación la esposa de Said, Miriam), y se incorporaron a los palestino-árabes e isrelíes un pequeño número de jóvenes músicos españoles. La Orquesta siguió conservando su nombre inglés, anomalía que se acentuó al ser llamada, en los últimos tiempos, Orquesta (en castellano) del West-Eastern Divan.

Desde 2002 hasta 2011 se ha mantenido en Sevilla. Como símbolo e idea, excelente: durante un mes o más, israelíes y palestino-árabes convivían ensayando en la Residencia Lantano, cercana a Sevilla, anterior sede del Seminario Menor de la Archidiócesis hispalense. La música unía (aunque la coexistencia no debió de ser fácil) lo que en las tierras de Oriente Próximo separaban la política y las armas. Pero, con el transcurso de los años y la eclosión de la crisis económica, que afectó a las ayudas públicas que recibían el Teatro de la Maestranza y la Real Orquesta Sinfónica de Sevilla, entre otras empresas culturales y musicales, y otras, como la extraordinaria Orquesta Barroca de Sevilla, abandonada a su suerte, hizo surgir voces discrepantes, cada vez más numerosas, sobre el elevado coste de Barenboim y la WEDO. La Junta de Andalucía, con mayoría absoluta socialista, defendía este proyecto, arguyendo que era un “sello de prestigio” para la Comunidad Autónoma. Pues, tras los ensayos en la Residencia, se celebraban uno o varios conciertos en diversas ciudades andaluzas, uno tradicional, gratuito, en la Plaza Mayor de Madrid, y después, en diversas ciudades europeas principalmente, a lo largo de todo el verano. Más ¿Andalucía, una Comunidad pobre, podía asumir el precio de tres millones de euros anuales por este “sello de prestigio”? La cuestión, lógicamente, se convirtió en bandera electoral: el PP, con un margen favorable en las encuestas que lo daban como segurísimo ganador, con mayoría absoluta, en las elecciones autonómicas andaluzas, prometió disolver la Fundación Barenboim-Said y suprimir cualquier actividad que esta desarrollara (sobre todo, la WEDO).

Asombrosamente (a primera vista solo: se han dado explicaciones muy fundadas del resultado de estas elecciones), el PP no obtuvo mayoría absoluta en Andalucía, y formaron gobierno de coalición el PSOE e IU. Mas la crisis se ha desbocado y no queda lugar para mínimos lujos de cara al público. Y, en esas, la WEDO y Barenboim dieron su único concierto en Sevilla y en España, dentro de la que está siendo, presumiblemente, la última gira de esta Orquesta. La gerente de la Fundación ha explicado que, por motivos de ahorro, este 2012 no habría estancia en la Residencia: ya convivirían los músicos en los viajes, ensayos y conciertos. Porque el programa ya se lo sabían: las nueve Sinfonías de Beethoven, que se darían (unas u otras) en los distintos conciertos de la tournée, que comenzó el 10 de julio en Múnich, y siguió el día 11 en Castelgandolfo ante Benedicto XVI, el 13 en Versalles, el 15 en Ginebra, el 18 en Sevilla (único en España, como hemos dicho), para continuar en los PROMS londinenses, donde interpretarán, del 20 al 27, la integral de las Sinfonías beethovenianas (primer caso en los 118 años de la cita -actualmente en el Albert Hall- donde una orquesta ajena a la BBC ejercerá como residente), para terminar en el Waldbühne de Berlín el 29, y el 2 de agosto en el Festival de Salzburgo. Glorioso recorrido, propio para la despedida del proyecto de un hombre poderoso.

Porque Barenboim (como en su tiempo Von Karajan, por ejemplo) lo es. Su poder se apoya en su gran calidad como director y como pianista (pero también ese mismo poder multiplica la recepción de esa calidad): uno de esos casos, tan infrecuentes, en que una persona conquista fama de excelencia en dos actividades musicales distintas (como, otro ejemplo, Mahler, en primera línea como compositor y director). Y esa fama subyuga, fascina (en ciertos casos, incluso provoca metus reverentialis) en algunos de quienes dan cuenta pública de sus actuaciones (dejando aparte las plumas superficiales que se dejan llevar, sin más problema, por la corriente: Barenboim es famoso; ergo es siempre buenísimo: como director y como pianista). Solo quienes no esperamos ni tememos nada (estemos equivocados o no) señalamos los defectos que también puede tener (y que en este caso, a nuestro juicio, tuvo) un 'gran hombre'. Y, lo mismo que hay opiniones favorables de quienes nos consta que escriben solo movidos por su honrada y recta opinión, estas son, igualmente, las intenciones de la nuestra.

El Teatro estuvo rebosante (probablemente por una masiva propaganda de última hora y un gran número de invitaciones 'de protocolo', aunque no de altos cargos de la Junta de Andalucía -el propio presidente Griñán no asistió, aunque sí en la segunda parte su 'mano derecha' en el Gobierno andaluz, Susana Díaz, y otros consejeros-, sino de funcionarios y amigos de la Institución), y no sólo de público, sino también de entusiasmo. No hay que ser mezquinos y atribuir este a consigna alguna; más bien se trataba de que a muchos asistentes noveles, sin duda, les impresionó ver dirigir a uno de los más famosos músicos del mundo. Por otra parte, el proyecto de la Fundación Barenboim-Said es hermoso y ejemplar, como un sueño (otra cosa es que se pueda asumir su coste económico) y, de buena fuente, sabemos que era la despedida; y casi todos se lo imaginaban, sobre todo después de las extensas y sentidas palabras finales del maestro, en las que, sin anunciar el final explícitamente, señaló que el hogar natural de la Orquesta (que comenzó en Weimar, siguió en Chicago y desembocó en Sevilla) había sido Andalucía, ("esta Orquesta será siempre de ustedes, gobierne uno u otro, porque esta es la tierra, el único lugar del mundo, donde judíos, árabes y cristianos convivieron pacíficamente durante siglos").

No obstante, cuando al final se puso a la venta la integral de las Sinfonías de Beethoven (Beethoven para todos, se titula), por la WEDO y Barenboim (grabada a finales de 2011 en Colonia), y la tienda del Maestranza hizo una de las mejores cajas de su historia, con el director firmando todos los ejemplares que le presentaron, pudimos comprobar que no se dice nada (pero lo que se dice nada), en el cuadernillo que la acompaña, acerca de la participación andaluza en este proyecto (aparte de que, ni de lejos, se trata de una grabación destacable entre las decenas de integrales de estas Sinfonías que se han publicado). E, igualmente, si no mienten quienes han hecho las críticas de estos conciertos en el extranjero estos años pasados, tampoco ha mencionado nunca fuera de España a Andalucía. ¡Pues vaya 'sello de prestigio'! Parece que el maestro estaba enfadado (es una persona muy soberbia) y, aparte del cinismo que revela el contraste entre su discurso lacrimoso y su silencio sobre la Comunidad Autónoma que lo ha hecho posible durante once años, el concierto con que nos 'obsequió' tuvo dos características: a) comprendió las tres Sinfonías menos populares -también más 'débiles', si esta palabra se puede aplicar a su autor; pero todo es relativo- de Beethoven; b) Barenboim las dirigió como le dio la gana (hay quien eso le parece bien, pero, a la vista de los resultados, es más que discutible que un director pueda hacer semejante cosa).

La Primera (1800) esencialmente no se distingue todavía de la producción habitual de la época, cuyas obras maestras se deben a Haydn y a Mozart; con un instrumentario típicamente haydniano, no es más que un adiós al siglo XVIII, con algunos destellos del genio futuro del compositor. Pues bien, Barenboim exageró, sin necesidad alguna, la ampulosidad de la exposición, y así continuaría hasta finalizar la sinfonía, con algún paréntesis de belleza –la hermosa sonoridad de la cuerda grave en el tercer movimiento‒ pero, como ha señalado con todo acierto Ismael G. Cabral, antiguo colaborador de Mundoclásico, "casi todo fue brumoso, gratuitamente hondo, de sonoridad pastosa".

La Segunda (1802), más de lo mismo. Lo que debió de ser delicadeza, levedad, refinamiento, en esta obra, punto culminante del Ancien Régime y bisagra de un tiempo nuevo, se resolvió en vibrato y rubato intensivos, en arrebatado apasionamiento y en gratuito y artificial dramatismo.

Y la Octava (1812) , aunque el conjunto instrumental dobló sus efectivos, ¿se puede creer que tuvo un extraordinario parecido con las dos Sinfonías anteriores? Exposición masiva, dinámicas excesivas, ninguna emoción. De verdad que la 1ª, 2ª y 8ª parecieron ser una única sinfonía, como no pocas veces ocurre con Barenboim. La Orquesta del Divan es, en parte, un grupo de bolos, pero en mayor proporción, una buena formación juvenil; pero está marcada con el signo de la dependencia absoluta de este director, que, como Orquesta, es el único que ha tenido. Una excelente aficionada, sin pedantes pretensiones, como muchos (algunos 'expertos' debiéramos aprender de estas personas), dio en el clavo al final: "un acto muy emocionante -ella ignoraba, en ese momento, la doblez del ‘discursito’ final del maestro-, pero la música no me ha dicho nada de nada". Vox populi…



Este artículo fue publicado el 20/08/2012

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Daniel Barenboim

Comentarios:
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JLLL 21/08/2012 22:55:11
Infórmese antes de ofender, "Espectador". En efecto, yo escribí las Notas de los primeros conciertos de la WEDO con Barenboim [por eso lo conozco bien, a él y a su soberbia]. Pero escribía sobre las obras, no sobre la interpretación [que es cosa bien distinta]. Y ocurre que eso terminó hace 6 [seis] años. ¿Tristeza después de tanto tiempo? ¡Caramba! Ninguna: muchos encargos de Notas y de traducciones que me interesaban más [las obras y los intérpretes] he hecho desde entonces. Sí que está usted al día...

Espectador 21/08/2012 22:23:08
Seguramente el sr. López López haya abordado esta crítica con cierta tristeza, consecuencia quizá de no firmar las notas al programa de los conciertos de la WEDO de este año, a diferencia de los anteriores, que contaban con sus notas. Una pena, sin duda.

Me congratula comprobar cómo la genialidad y el reconocimiento internacional del maestro Barenboim están por encima de las veleidades y del rencor que destilan muchos personajes que escriben en estos foros.


A Sinfoniko 21/08/2012 17:21:06
Razon tienes con lo de la soberbia. Pero aquí se nos cae la baba. De puro tontos! Por Dios, que alguien les diga a los políticos y a los técnicos y a quien haga falta que no podemos seguir teniendo a todos esos negros cuervos revoloteando para llevarse lo que puedan sin dar más que bobaditas a cambio. Que dejen de hacer el ridículo, medio mundo debe estar carcajeándose de esta pueblerinada...

Algarabia NO 21/08/2012 15:32:07
Es lamentable que Mundoclásico se preste a difundir las consignas antisemitas de terroristas como el que se oculta tras el alias "Tontucios".

Sinfoniko 21/08/2012 12:28:52
Hombre, Nenako, no hay que exagerar. Se puede discutir sobre las bondades de la Octava, bien dirigida; pero la Primera es una sinfonía que está algo "verde", tan haydniana. La Segunda es mucho mejor, siempre que sea bien dirigida, claro. Y, a propósito: el autor del artículo, pese a que se sale algo de la línea de las alabanzas generales, no se atreve a decir TODA la verdad sobre Barenboim. Es, cuando no le sale el superego, un buen director y un buen pianista; pero nada más. Falso eso de "uno de los mejores directores" y "uno de los mejores pianistas". Lo que ocurre es que, entre el lobby judío y su propia habilidad para buscarse grandes influencias, ha conseguido ser sobrevalorado mucho más de lo que merece: ser conocido como un director y un pianista, en el mejor de los casos correcto, y nada más. Se trata de un gran "bluff", en definitiva. En lo personal, por ejemplo, ¿con qué alta dama "se entiende" en Londres? Y en lo profesional, ¿a quién eligieron director los músicos de la Filarmónica de Berlín, que esos sí que saben? No a nuestro personaje, que estaba deseando, sino a Simon Rattle, mil veces mejor director, que, sin embargo, es sumamente admirado, pero no es considerado "intocable". Norman Lebrecht le puso a Barenboim las vergüenzas al aire, y en una rueda de prensa, ala que yo asístí, alguien le preguntó qué opinaba de las críticas de Lebrecht. "¿Quién es ese? No lo conozco", respondió. Eso sí, el primer puesto en soberbia no hay quien se lo quite.


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