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La Bayadera en Buenos Aires

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Con la excusa de prolongar la despedida de la danza clásica de Eleonora Cassano, y confiando en el poder de convocatoria de la ex partenaire de Julio Bocca, subió a escena una vez más La bayadera, esta vez para el público capitalino, luego de las funciones que el Teatro Argentino de La Plata (Provincia de Buenos Aires) ofreciera en su sede en abril pasado. El acontecimiento, sin embargo, más allá del motivo central convocante para estas funciones, permite reflexionar sobre algunas cuestiones conexas, como el hecho de que en pocos días puedan verse en Buenos Aires y adyacencias las versiones completas de El lago de los cisnes, La bayadera (Ballet de La Plata), Don Quijote (Ballet de Kiev) y La sylphide (Ballet del Colón), estas dos últimas en el Teatro Coliseo de la ciudad de Buenos Aires.

En primer lugar, es positivo que la compañía platense haya finalizado las representaciones de El lago de los cisnes y pocos días después pueda asumir otra obra de gran porte como es La bayadera. Si bien conspira el hecho de que el estadio Luna Park no es un ámbito adecuado para este tipo de producciones (con numerosos cambios de escena, sutilezas de iluminación, etc.), el esfuerzo y el trabajo del equipo en general rindió sus frutos.

Luego, cabe señalar el empeño y entusiasmo de los jóvenes bailarines del elenco, que morigeran cualquier detalle de falta de estilo o de excelencia técnica. No es fácil lograr que absolutamente todas las bayaderas terminen juntas, con la misma altura de brazos y piernas y la misma posición de cabeza, en el llamado ‘acto de las sombras’, y sin embargo, la disciplina impuesta por la mano experimentada de Mario Galizzi está dando sus frutos en tal sentido.

En cuanto a la versión firmada por Luis Ortigoza, hay que convenir que no se aparta demasiado del original de Petipa como para reconocer una autoría propia. Salvo la distribución en dos actos y el agregado de dos danzas masculinas, el resto se adhiere casi fielmente a la creación del maestro marsellés. Lo que sí es destacable es la labor de Ortigoza como Solor, un personaje con aristas similares al Albrecht de Giselle, que el bailarín aborda admirablemente desde el punto de vista dramático y técnico, poniendo el cuidado más importante en los más mínimos detalles. El amor, la confusión, el dolor, transitan por el rostro de Ortigoza, a la vez que pueden admirarse su impecable línea, sus amortiguados saltos y sus vertiginosos giros.

A su lado, Eleonora Cassano cumplió correctamente con su encarnación de Nikia. Luego de un auspicioso comienzo, un par de peligrosos desajustes con su partenaire empañaron el primer pas de deux; pero en el transcurso de la obra Cassano hizo hincapié en lo dramático, y basando su actuación en este aspecto, fue remontando su papel.

Stefanía Vallonne fue una excelente Gamzatti, segura y hierática, precisa e impactante. Del resto del elenco puede destacarse el desempeño actoral de Walter Aón como el Gran Brahmín, y el terceto de solistas de las Sombras, cuyas variaciones no por breves presentan menos dificultades, que Aldana Percivati, Larisa Hominal y Marianela Bidondo supieron afrontar con destreza técnica.

Desde el improvisado foso, y superando una no deseada pero necesaria amplificación, la Orquesta Académica de Buenos Aires conducida y preparada por el maestro Carlos Calleja, brindó un inmejorable marco al palco escénico, con gran desempeño del concertino invitado Daniel Robuschi, en los solos de violín.



Este artículo fue publicado el 04/07/2012

Más información


La bayadera, ballet en dos actos y cinco escenas. Música de Leon Minkus. Coreografía de Luis Ortigoza basada en el original de Marius Petipa. Primeros bailarines invitados: Eleonora Cassano y Luis Ortigoza. Ballet Estable del Teatro Argentino de La Plata. Director: Mario Galizzi. Orquesta Académica de Buenos Aires. Director: Carlos Calleja. En el Estadio Luna Park (Ciudad de Buenos Aires). Funciones los días 29 y 30 de junio y 1 de julio

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