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La nueva grabación de 'Le nozze di Figaro'

Le nozze di Figaro. René Jacobs. Simon Keenlyside, Véronique Gens, Patrizia Ciofi, Lorenzo Regazzo, Angelika Kirchschlager, Marie McLaughlin, Kobie van Rensburg, Antonio Abete, Nuria Rial. Concerto Köln. Collegium Vocale Gent. HMC 801818.20. 2004.
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La tarde de ayer estuve oyendo la grabación de Le nozze di Figaro dirigida por René Jacobs. Yo diría que más que holgar, me dediqué a invertir durante tres horas.

En mi humilde opinión, ésta es una de las mejores grabaciones en estudio de esta ópera. La pondría en el nivel de las realmente excelentes: la de 1955 bajo la batuta de Erich Kleiber (la mejor de todas las lecturas post–románticas), la de 1982 bajo Georg Solti (la mejor interpretación contemporánea con el reparto de lujo que me hizo enamorarme de esta ópera en el teatro, con la excepción de Lucia Popp a quién nunca vi en vivo) y la de 1989 dirigida por Arnold Östmann (el primer ensayo exitoso en la búsqueda del auténtico Mozart).

La grabación tiene varias características, una muy importante es que la orquesta tiene dimensiones similares a las que tenía la del Burgtheater en 1786: 13 violines, 4 violas, 3 violonchelos y 3 contrabajos, pares de flautas, oboes, clarinetes, fagotes, cornos y trompetas, mas timbales. El coro también es pequeño: 8 mujeres y 8 hombres. Jacobs hace que en esta grabación el Concerto Köln se oiga clásica, nunca barroca.

Jacobs aprendió mucho sobre Mozart después de haber grabado “Così fan tutte’. Sus tiempos son rápidos, lo cual es correcto si se leen con cuidado las cartas de Mozart, pero nunca apresurados. Se emplean ornamentos, normalmente en la segunda aria de los personajes principales, siendo los cantantes quienes escogieron dónde, cómo y qué usar como adorno. La interpretación del continuo es fabulosa. En una función Nicolau de Figueiredo lograría un impresionante aplauso por su desempeño al pianoforte.

Jacobs retoma el orden original del acto III, interpreta la opera completa y hace que dos cantantes doblen personajes, como sucedió cuando Mozart condujo esta ópera. No sé por qué esto no se repite en nuestros días, dado que tiene dos ventajas. Por un lado, la compañía se ahorra dos sueldos y por el otro, el realmente importante, la interpretación es mucho más fiel al eliminar la duplicación del tenor y de uno de Ios bajos en los números de conjunto. Por supuesto, Jacobs sigue muy fielmente la edición más cuidada de la ópera, la llamada NMA.

El reparto está consciente que esta opera no es sólo para el lucimiento personal, sino para el brillo del “equipo”. Cada número de conjunto es interpretado maravillosamente, y aún ornamentado con mucha elegancia como durante el dueto de la carta.

Crecí enamorado de los Cherubinos de Frederica von Stade y de Suzanne Danco. Bueno, creo que Angelika Kirchshlager las mejora, y esto no es una afirmación fácil de poner por escrito. Es magistral en los recitativos, espectacular en  “Non so più cosa son cosa faccio” e inolvidable en su hermosamente adornado “Voi che sapete”.

Por mi primera vez en vi vida fui capaz de entender cada palabra cantada por los servidores, quizá porque ambos son italianos. Lorenzo Regazzo es un Figaro excepcional, lo que prueba al cantar “Aprite un po’ quegl’occhi”, y además se puede sentir su sentido del humor. Patrizia Ciofi es mi Susanna de la década. La he oído en vivo cantando este papel en años anteriores, pero se supera en esta grabación, especialmente durante el dueto de la carta y, sobre todo, al cantar “Deh vieni non tardar”. ¡Qué voz tan bella y expresiva tiene esta mujer! A propósito, De Figueiredo nos hace una broma musical durante el recitativo previo a esta aria al tocar algunos acordes de “Un moto di gioia”. Al escucharlo, caí en la trampa y pensé: “No, por favor no cantes “Al desio di chi t’adora”. No lo hizo.

Simon Keenlyside es un gran Almaviva. Canta su aria, “Vedrò, mentre io sospiro”, sin ornamentos, que no son necesarios dado el virtuosismo del original. Mi única decepción la provocó la Contessa de Véronique Gens. En mi opinión, su voz tiene algo de estridente, lo que no es ciertamente placentero, pese a que su musicalidad es notable. Su “Dove sono” es bueno, aunque como ya dije, no es la Rosina de mis sueños.

Los personajes secundarios son todo un lujo. Marie McLaughlin, una cantante a la que siempre he admirado, canta una bellísima Marcellina. Antonio Abete canta un Bartolo correcto y un Antonio divertido, sin caer en exageraciones. Kobie van Rensburg es un soberbio Basilio y Curzio; al cantar su aria, repite en falsete la primera línea, “In quegl’anni”, logrando un efecto hilarante. Nuria Rial es una Barbarina muy creíble.

No creo en la existencia de “versiones definitivas”, pero me atrevo a recomendar a cualquier aficionado a la opera, o aún a un maníaco de Mozart como su servidor, escuchar esta grabación sin nada que lo pueda distraer de una experiencia artística maravillosa.

Hell must be a place where there is not even
hope of listening to 'Le nozze di Figaro'



Este artículo fue publicado el 10/06/2004

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