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Pasando un buen rato

A Coruña, 24/09/2009. Palacio de la Ópera. Gala Lírica de Ópera y Zarzuela. Virginia Wagner, soprano. María José Montiel, mezzosoprano. Francisco Corujo, tenor. Javier Franco, barítono. Orquesta Sinfónica de Galicia. Josep Caballé-Domenech, director musical. Obras de: Rossini, Verdi, Bizet, Donizetti, Saint-Säens, Halèvy, Massenet, Luna, Moreno Torroba, Giménez y Sorozábal. LVII Festival de Ópera de A Coruña. Ocupación: 90% (colgado el cartel de ‘Localidades agotadas’)
imagen Programa largo, variado, hermoso y generoso para una gala lírica en la que visitaban la ciudad cuatro artistas, en diferentes momentos de sus carreras, pero todos ellos con algo positivo que aportar, que se saldó con un éxito de público básicamente por la capacidad de conexión de los cantantes con el patio de butacas.

En las voces femeninas, la italo-argentina Virginia Wagner -única debutante en la ciudad de la noche- es una soprano lírica de voz no excesivamente grande que tiene su mayor virtud en una voz de timbre personalísimo, fácilmente identificable con unos pocos compases. Una de esas voces especialmente adecuadas para las heroínas trágicas, pues tiene eso que podríamos llamar la “lágrima en la voz”, esto es, una capacidad de transmitir dramatismo que hace que conecte de inmediato con quien la escuche, unida a un característico vibrato que ha sabido convertir inteligentemente en una seña de identidad del timbre más que en un defecto, y que sabe usar de forma inteligente con fines dramáticos. Intérprete sensible y de voz bien educada -la emisión es siempre impecable-, destacó sobremanera en la delicadeza con que encarnó a Micaela, bien contrastada con el temperamento que imprimió al dúo de Manon de Massenet, donde creó junto a Francisco Corujo una verdadera atmósfera mágica, y sorprendió por su adecuación estilística a la bellísima romanza ‘Sierras de Granada’ de La Tempranica.

Volvió -¡por fin!- a la ciudad esa estupenda mezzosoprano tan menospreciada en España que es María José Montiel, inexplicablemente ausente de A Coruña desde que diera un recital en 2003. Ya entonces me referí en estas mismas páginas a ella como una cantante superlativa, y no puedo sino reafirmarme: se trata de una artista en plena madurez, con una voz cálida, carnosa y sensualísima, de tesitura generosa y homogénea, que además aporta una maravillosa presencia escénica. Estuvo excelente en cada una de las páginas en las que tomó parte, mostrándose como una intérprete curtida en zarzuela, y demostrando por qué está considerada una de las mejores Carmen de la actualidad, aunque lo más fascinante de su intervención fue un ‘Mon coeur s’ouvre a ta voix’ que fue puro erotismo vocal, sin olvidarnos de la lección de medios que dio en su larga escena de Favorita. Maravillosa. Hágannos un favor y tráiganla a cantar una ópera completa cuanto antes, los amantes de las buenas voces lo vamos a agradecer.

En el apartado masculino, regresaba el tenor Francisco Corujo, prueba de que en estos momentos hay una espléndida cantera de tenores canarios. Cantante jovencísimo, posee ya no solo una bella voz, sino sobre todo una sensibilidad extraordinaria para el canto -y, dicho sea de paso, un agudo cargado de brillo-, creando momentos de verdadera emoción en cuanto hace. Asumió un programa francamente difícil, pero no se dejó amedrentar por la temible escena de Roberto Devereux, que cantó con suma honestidad, ni mucho menos por la bellísima aria de Eleazar de La Juive, donde hizo olvidar cualquier imperfección técnica posible, a base de cantar con el corazón y poner la piel de gallina al público, entregándose por entero junto a la Wagner para, como ya dije arriba, firmar un dúo de Manon de primer nivel. Una carrera que avanza sin prisa pero sin pausa -acaba de cantar La Traviata en La Fenice veneciana- y que seguramente llegará a donde se lo proponga.

Por último, voz -que la tiene para dar y tomar- y afinación impecable no se le pueden negar a Javier Franco, que suena además como un verdadero barítono, aunque no sea ni muy sutil en la emisión ni muy variado a la hora de frasear, y tanta generosidad vocal -que tiende a causar efecto seguro en el público, cada vez menos acostumbrado a encontrar voces de este volumen- se traduzca con frecuencia en golpe de glotis en los finales de frase, siendo sus mejores momento el ‘Per me giunto’ del Don Carlo verdiano y el dúo de Luisa Fernanda junto a Montiel.

A Josep Caballé-Domenech le tocó la complicada papeleta de dirigir tres horas de música muy variada y, en líneas generales -puede acaso sorprender la premura con que dirigió el ‘Eri tu!’ y podría haber esperado a Montiel cuando se sacó un sobreagudo de la chistera para finalizar su ‘Scritto in ciel é il mio dolor’- supo llevar su misión a buen puerto, con una Sinfónica de Galicia que, aun sin demasiados primeros atriles, supo sonar ordenada y variada, sacando verdadero partido a la ‘Bacanal’ de Samson et Dalila.

El público dio muestras de habérselo pasado en grande, y se obtuvo como regalo dos propinas: el cuarteto ‘Bella figlia dell’amore’ de Rigoletto y el Brindis de La Traviata -palmas del público y bromas entre los artistas incluidos-, un número que no puede faltar en este tipo de eventos tan desenfadados como necesarios de vez en cuando.


Este artículo fue publicado el 08/10/2009

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