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Como una ostra

Florencia, 11/10/2006. Teatro Comunale de Florencia, G. Rossini: El Barbero de Sevilla, melodrama bufo en dos actos (1816). Libreto de Cesare Sterbini a partir de la comedia homónima de Pierre-Augustin Caron de Beaumarchais. José Carlos Plaza, dirección escénica. Sigfrido Martín Begué, escenografía y vestuario. Mario Zeffiri (Conde de Almaviva), Luciano Di Pasquale (Don Bartolo), Laura Polverelli (Rosina), Vittorio Vitelli (Figaro), Simón Órfila (Don Basilio), Vittorio Prato (Fiorello), Enrico Rotoli (Ambrogio), Laura Cherici (Berta), Bernardo Romano Martinuzzi (un oficial). Coro y Orquesta del Maggio Musicale Fiorentino. Robberto Abbado, director
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Me aburrí como una ostra en esta segunda función del segundo reparto, muy lejos de la prestación del primero la noche de inauguración, con todas las reservas que pude expresar hace pocos días.

Anunciada la súbita indisposición de Pietro Spagnoli, para ‘Figaro’ llegó desde Rovigo -donde está interpretando ‘Jago’ en el Otello verdiano– Vittorio Vitelli, joven barítono de notables medios al que se le agradece de entrada su disposición. Si bien la prueba verdiana pudo pesar en su vocalidad en alguna ocasión -la agilidad no estaba pulcramente desgranada, aunque pocos son los barberos que las siguen en condiciones– lo cierto es que se adecuó bien a la puesta en escena, salvando con desenvoltura la prueba.

Laura Polverelli fue una ‘Rosina’ decepcionante: en mi opinión la voz suena prematuramente envejecida, sin frescura, con unos graves opacos y un registro agudo problemático; las agilidades fueron correctas. No pareció especialmente cómoda en el papel, que quizá no es lo mejor para sus actuales condiciones vocales.

Laura Polverelli
Fotografía © 2006 by Giuseppe Cabras/New Press Photo Firenze
Archivio Teatro del Maggio Musicale Fiorentino

Mario Zeffiri parece un tenor de otros tiempos, anterior al renacimiento rossiniano: entendámonos bien, las notas estar estaban y la voz se oía -más allá de los problemas acústicos del teatro- pero los sonidos blanquecinos y un excesivo recurso al falsettone hacían sus agudos bastante fastidiosos, además de carentes de toda incisividad. El perfil antiguo se encontraba igualmente presente en el retrato de un ‘Almaviva’ lánguido y el dudoso gusto de ciertas variaciones -especialmente desafortunadas en ‘Se il mio nome’- que a la postre penalizaron la prestación general: en este sentido, se habría visto sin duda beneficiado del corte del rondó final, que debería recuperarse sólo para cantantes de muy solventes a extraordinarios.

Luciano Di Pasquale trazó un ‘Don Bartolo’ correcto, inteligente al situarlo en las antípodas del de Corbelli (¿quién puede competir con él?) y desenvuelto escénicamente. Simón Órfila posee los medios para ‘Don Basilio’, seguro que en el futuro podrá desarrollar y matizar el personaje. Laura Cherici como ‘Berta’ cumplió.

Lo único que verdaderamente encontré más perfilado que en la primera función fue la dirección de Abbado, que repitió una estupenda sinfonía y dirigió con mayor contraste, -evidentes también en la estupenda respuesta de la orquesta- siempre atento a los cantantes sobre el escenario.



Este artículo fue publicado el 18/10/2006

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