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Cómo hacer ópera barroca

Frankfurt, 28/06/2006. Oper Frankfurt. Agrippina, dramma per musica en tres actos con texto de Vincenzo Grimani y música de Georg Friedrich Händel, estrenado el 26 de diciembre de 1709 en el Teatro S. Giovanni di Crisostomo en Venecia. Versión musical revisada por René Jacobs. Dirección de escena: David McVicar. Decorados y vestuario: John Macfarlane. Luminotecnia: Robert Brasseur. Coreografía: Andrew George. Producción del Théatre Royal de la Monnaie Bruselas. Reparto: Agrippina (Juanita Lascarro), Nerone (Malena Ernman), Poppea (Anna Ryberg), Claudio (Simon Bailey), Ottone ( Lawrence Zazzo), Pallante (Soon-Won Kang), Narciso (Christopher Robson), Lesbo (Gérard Lavalle). Frankfurter Museumsorchester. Dirección musical: Felice Venanzoni. Aforo: 90%
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¿Cómo hacer hoy ópera barroca? Mejor preguntárselo al escocés DavidMcVicar o mejor aún, verse una de sus producciones, por ejemplo, Guilio Cesare in Egitto en Glyndebourne -accesible en DVD- o esta misma Agrippina en una producción para la Opera de Bruselas que ha sido nuevamente ensayada por el director para esta ocasión.

Según cuenta el mismo McVicar, no hay nada que odie más que el tener que hablar de su trabajo. En su estilo de trabajo no hay algo parecido a un concepto teatral fijo y predeterminado, McVicar prefiere el contacto con las tablas y el desarrollo de ideas teatrales en el trabajo conjunto con los cantantes. Este es el caso de esta producción, por la frescura con la que transmite las situaciones teatrales salpicadas de inventiva, llenas de gags, obscenidades, acción de enredo, situaciones cómicas, momentos de glamour musical y otros de soledad de los personajes. En efecto también se sirve de un repertorio de imágenes icónicas del mass media cinematográfico incrustadas en la memoria colectiva del público.

Pero se trata en definitiva de transmitir y hacer accesible a la audiencia de hoy un género tan lejano y olvidado como la ópera barroca. Así pues la trama de la intrigante y malvada Agrippina por instaurar en el trono de Roma a su hijo Nerone, está tejida en el estilo de la mejor serie de sex and crime. La labor teatral funciona muy bien y mantiene la atención del público hasta el final, proeza importante si se tiene en cuenta la duración de la obra. En particular hacia le final de la representación se hace un tanto evidente el excesivo recargo de comicidades y gags, pero en el mundo anglosajón todas las comicidades son pocas.

En los primeros minutos, al comienzo de la obertura, se presentan los dramatis personae que se levantan como vampiros de sus sarcófagos dispuestos frente al público. Lo mismo sucede al final de la obra, donde todos vuelven a su reposo. El escenario esta dispuesto por decorados que semejan las salas, columnas y estancias del Capitolio, en otras escenas son los íntimos interiores de las residencias patricias los que acogen a Poppea y a Claudio. Un gigantesco trono domina el centro de la escena, que queda reservado al emperador como punto de referencia y fija obsesión de Agrippina y su hijo en su incansable carrera por el poder.

Christopher Robson, Juanita Lascarro y Simon Bailey
Fotografía © 2006 by Oper Frankfurt

El papel protagónico de 'Agrippina' (Juanita Lascarro) encarna la malicia e intriga total que la joven cantante colombiana supo desempeñar brillantemente en las casi cuatro horas que duró la representación, pues es tradición de la casa el de no hacer cortes a pesar de las innumerables arias da capo. La voz de Lascarro consigue el tono oscuro de soprano dramática en los pasajes donde lo requiere el papel y es también plenamente convincente en las arias que visten florituras barrocas.

Su contrapartida es el 'Claudio' de Simon Bailey, que con su bajo baritonal encantó al público e impartió una labor de canto más que bordada. A ello sumar que lo que mas regocijó al publico fue su enorme comicidad encarando las distintas situaciones: juega al golf bajo la continua increpación de su consorte, a la que la promete el trono para su hijo para que le deje continuar el juego y no lo desconcentre, o los intentos fallidos de seducir a una 'Poppea' que se debate entre su amor por 'Ottone' y sus dudas sobre 'Claudio'.

El 'Nerone' de Malena Ernman sería lo que algunos psiquiatras describirían como un caso de neurosis compulsiva con inclinaciones psicopáticas. Es durante toda la función una psique de mucho cuidado, con tendencias incestuosas, adicto a la droga y el sexo. Nos canta un aria haciéndose unas líneas de coca. La labor cantada fue una de las mejores que presenciamos en la velada.

Lawrence Zazzo, Juanita Lascarro, Malena Ernman,
Simon Bailey
Fotografía © 2006 by Oper Frankfur

Imposible olvidar al contra-tenor de Lawrence Zazzo con un 'Ottone' profundamente musical que supo despachar con gran templanza y efusión lírica los mas escabrosos pasajes de su parte, una de las mejores partes vocales escritas por Händel.

La 'Poppea' de Anna Ryberg tuvo una función un tanto floja con una línea vocal algo pálida pero convincente como actriz. Sensacionales los secundario de 'Narciso' (C. Robson) de asombrosa comicidad, un banquero manipulado por 'Agrippina' que no hace mas que empiparse de champán en cualquier fiesta del reino, el 'Pallante' de Soon-Won Kang como general militar de sonora y estentórea voz, y 'Lesbo', aquí un siempre fiel secretario de estado.

La parte musical, como es norma hoy en día, se concentra en una versión musical historicista. Notoriamente la casa no necesita de un ensemble barroco para tocar este repertorio, un poco como pasa en Stuttgart. La Frankfurter Museumsorchester tiene un alto grado de competitividad y versatilidad cuando se trata de adaptarse a una práctica musical histórica para encarar obras del repertorio barroco que hasta hace quince años no tenían entrada en la programación habitual. Estilo, fraseo y movimiento del arco eran inconfundibles muestras de la plena capacidad musical, sin olvidar de mencionar el delicado viento madera que los acompaña. Para este menester la orquesta fue ampliada con el laúd de Monica Puttilnik y el cello de P. Bosbach. En sustitución del agotado GMD Carignani, que por motivos de salud no pudo tomar la batuta, disfrutamos de la articulada y delicada dirección musical de Venanzoni, correpetitor de la Oper Frankfurt desde 1999, que acompañó al basso continuo, cémbalo y órgano positivo.

Con esta festejada producción de Agrippina cerraba la temporada de ópera para su merecido descanso estival.



Este artículo fue publicado el 04/08/2006

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