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Tantos buenos pianistas ...

Cambrils, 27/07/2012. Cripta de la Ermita. Ricard Rovirosa, piano Obras de Bach, Mozart, Liszt, Ravel, Debussy y de Falla. Ocupación: 85%
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Cada vez quedo asombrado cuando escucho a un joven y excelente pianista, cuyo nombre oigo por primera vez. Hay tantos, y la competencia debe de ser tremenda para abrirse camino. En el programa impreso se nos informa que Rovirosa es un apasionado de la música de cámara: a ello ha de deberse ciertamente su sensibilidad y dominio de los diversos estilos que abarcó.

Inició el recital con la conocida Suite Francesa Nº6 BWV 817, de Bach que consta de ocho movimientos, a saber: 1) Allemanda, 2) Courante, 3) Sarabanda, 4) Gavotte, 5) Polonesa, 6) Bourré, 7) Menueto y 8) Giga. Seguramente para no alargar la duración del programa en demasía - el concierto terminó a medianoche- , Rovirosa no acató las repeticiones y pasó en seguida de la primera parte -generalmente ocho compases- a la segunda, exceptuando la Nº3 Sarabanda y la Nº7, Menueto. En esas repeticiones aplicó unos adornos muy bonitos, bien ejecutados y que demostraban un profundo conocimiento del estilo de esa época.

La segunda obra del programa fue la Sonata KV333 de Mozart, en sus tres movimientos: Allegro, Andante cantabile y Allegretto grazioso. Me gustó como encaró el desarrollo del primer movimiento. La melodía del Andante cantabile resultó sonoramente muy satisfactoria, y más aún con los adornos en la repetición. El tercer movimiento tal vez fuera tocado algo demasiado rápido, pero fue muy efectivo. Este movimiento recuerda a los conciertos de piano (con orquesta): tiene hacia el final una cadenza que ejecutó con virtuosismo y brillantez. En resumen, una versión muy brillante.

La tercera obra del programa me era totalmente desconocida: Bendición de Dios en la soledad de Franz Liszt, una obra extensa con pasajes tranquilos -reflejando la soledad- y otros pasajes de gran virtuosismo. Una obra técnicamente muy exigente, pero que musicalmente no me convenció: por eso será que no se la oye con mayor frecuencia. Frente al resultado musical, el esfuerzo para el pianista está fuera de proporción, y será por eso que los pianistas no la suelen incluir en sus programas. Nutridos aplausos premiaron la labor del pianista, bien merecidos.

Después de un breve intervalo, se inició la segunda parte con la Sonatina de Ravel, en sus tres movimientos: Moderado – Movimiento de Menueto – Animado. Se trata de una obra muy conocida, y su escucha es muy agradable. El primer movimiento nos sorprende con pasajes intercalados más movidos, el segundo se mueve en ritmo ¾, con un sonido típicamente impresionista, mientras que el tercero parte muy animadamente para llevarnos a pasajes más ensoñados y cantables. Rovirosa tocó esto con un sonido excelente, con experto uso de los pedales. Muy bueno.

Luego escuchamos dos Preludios (del Libro II) de Debussy: 1) La puerta del Vino y 2) La terraza de las audiencias. Ambos preludios poco conocidos pero compuestos con la maestría de siempre. El primero tenía un ritmo permanente de fondo y el segundo ensoñado, tocado con un sonido impresionante. Muy placentero.

El programa terminó con la Fantasía bética de Manuel de Falla, una obra técnicamente muy exigente, con contrastes dinámicos muy pronunciados. Falla usa como siempre elementos folclóricos íberos con mucha pericia. La interpretación fue magnífica y cosechó muchos aplausos entusiastas.

Como propina, Ricard Rovirosa nos ofreció un Vals brillante de Chopin, muy conocido por su gran dificultad técnica, que él superó con creces. En general, su pianismo fue totalmente convincente y los dos o tres pequeños lapsos de memoria -el más notable al principio en la obra de Bach- no hicieron la menor mella en los resultados globales, de gran pianista, considerando su juventud. No me cabe duda que tiene un futuro muy prometedor por delante.



Este artículo fue publicado el 10/08/2012

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Referencias:


Ricard Rovirosa