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Cuestión de honor

Jerez de la Frontera, 21/01/2005. Teatro Villamarta. Madama Butterfly. Ópera en tres actos de Giaccomo Puccini sobre libreto de G. Giacosa y L. Illica basado en la obra teatral de D. Belasco. Lindsay Kemp, (dirección escénica). Giuliano Spinelli, (escenografía). Mina Tasca, (Cio-cio-san). Albert Montserrat, (Pinkerton), Enrique Baquerizo, (Sharpless), Marine Rodríguez Cusí, (Suzuki). Luis Cansino, (Bonzo). Eduardo Santamaría, (Goro). Inmaculada Salmoral, (Kate Pinkerton). Juan Guerrero (Yamadori). Ángel Tomás Pérez, (Comisario imperial). Orquesta Filarmónica de Málaga, Coro del Teatro Villamarta, Director: Ángel Hortas. Angelo Cavallaro, Dirección Musical. Ocupación: 100%.
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Que el drama de Butterfly nunca nos deja impasibles es ya sabido. En esta ocasión ha sido el público del Villamarta el que se ha visto inmerso en la tragedia que escribiera Puccini en las postrimerias del XIX.

Serios planteamientos tienen que ser tenidos en cuenta a la hora de representar esta historia. En primer lugar, contemplamos a una joven nipona de tan solo 15 años que debe evolucionar en el trasunto de un destino autodestructivo ligado a la herencia de una cultura fascinante deshonrada por nuestro Occidente, crecido -entonces como ahora- en aires de conquista.

En el papel principal de 'Cio-cio-San' (Butterfly) se mostró Mina Tasca como una cantante madura en el conocimiento del rol. Al margen de su procedencia japonesa, no destacó por un timbre bello como otras 'Butterfly' de repertorio discográfico, antes bien, supo crecerse a lo largo de la obra en la faceta interpretativa.

Sus primeras interpretaciones estuvieron a la altura aunque fueron lastradas por una dirección cansina y una falta de brillantez en la orquesta. Debemos tener en cuenta este hecho, ya que esta obra se constituye como una simbiosis casi perfecta entre orquesta y canto y durante este primer acto no pude observar tal mezcolanza de elementos.

Por su parte Albert Montserrat en el papel de 'Pinkerton' mostró un timbre algo forzado en determinados momentos. Le faltó algo de sutileza y control de una dinámica más suave, acorde con el carácter de su 'partener'.

De un primer acto en el que parecía que las piezas no acababan de ensamblar, sobre todo gracias a una dirección musical algo pesada y a una orquesta que no estuvo a la altura a lo largo de este primer acto en ningún momento,`pasamos a contemplar como fue evolucionando la acción, así como la pesadez de la dirección. Poco a poco los personajes parece que se fueron haciendo dueños de la situación controlando la parte musical que le hubiese correspondido dominar a la orquesta.

La madurez del carácter de 'Butterfly' se hizo notable en su discurso con 'Sharpless' (Enrique Baquerizo) que estuvo en todo momento correcto en su papel, aunque algo forzado en sus movimiento en escena.

A tener en cuenta la gran labor de 'Suzuki' (Marina Rodriguez Cusí) que supo plasmar perfectamente esa relación de sirvienta-amiga que se establece en los roles de las dos protagonistas femeninas no solo con su interpretación sino también con un timbre interesante, poderoso y bello que ayudó a la credibilidad de su personaje de una forma clara.

Puccini, otra vez llevado por su pasión por el carácter femenino, supo dotar a esta obra de ese aliciente que supone todo el segundo acto, esa espera donde ellas dos se convierten en las verdaderas protagonistas de una tensa espera. Los problemas que plantea una acción donde ocurren pocas cosas deben ser tenidos en cuenta. Es por este motivo que se torna fundamental el marco pictórico que sirve de soporte a la contemplación de la acción. En este contexto es fundamental el planteamiento escénico que prepararon Giuliano Spinelli asi como Lindsay Kemp en la dirección escénica.

 La escenografía, clara y minimalista, muy del gusto nipón. Tiene en la luz su eje fundamental. Escenografía escueta y clara que permite mover los personajes sin obstáculos, sin distracciones a lo largo del plano visual. Únicos artificios, el mobiliario de jardín empleado para la recepción de los invitados. Difícil, muy difícil es el trasunto del segundo al tercer acto. Una noche descrita bellamente en lo musical que debe tener su contrapartida en lo visual. La dirección de Lindsay Kemp tuvo el acierto de encerrar todo el escenario bajo la cancela de un gran grabado de acuarelas japonesas que, a modo de telón, delimitaba las partes constituyentes del drama.

El coro del Villamarta sorteó, sin grandes dificultades aparentes, su cometido con un timbre ajustado al carácter de la obra, sin exageraciones y con un buen trabajo a sus espaldas, sobre todo en las cuerdas de sopranos y contraltos.

La noche concluye, el último y postrero día de 'Butterfly' se aproxima, pero, pena que se nos nubló la vista, el oido, pequeño desmayo en la sala, anecdótico tal vez, no merecería la pena comentar este hecho si no fuese porque me da pie a criticar una vez más la actitud de cierto público de la sala que a lo largo de toda la obra no supo carraspear de forma más discreta y sutil, toser con menos brío o desenvolver caramelos con menos ímpetu.



Este artículo fue publicado el 04/02/2005

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