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El pequeño Wolfi

The other Mozart. Barbara Bonney, soprano. Malcolm Martineau, piano. Franz Xaver Mozart, Sechs Lieder: 'Das liebende Madchen', 'An sprode Schonen', 'Nein!', 'Der Schmetterling auf einem Vergissmeinnicht', 'Klage an den Mond' y 'Erntelied'; Romanze: In der Vater Hallen ruht Op. 12; Acht Deutsche Lieder; Standchen; An Emma (Weit in nebelgrauer Ferne) Op. 24; Sechs Lieder op. 21; Drei Deutsche Lieder op. 27; y Erinnerung. Un disco compacto DDD de 62 minutos grabado en el Henry Wood Hall de Londres del 1 al 5 de marzo de 2005. Chris Sayers, productor de la grabación. Jonathan Stokes, ingeniero de grabación. Producción de Decca Music, 2005. Decca 475 6936
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Franz Xaver Wolfgang Mozart (1791-1844) nació cinco meses después de la muerte de su padre y nunca pudo disfrutar de la enorme capacidad que Mozart tenía para dar cariño. Pero le tocó transitar por la vida bajo el peso del prestigio de su padre, creciente a medida que pasaba el tiempo. Si el Franz Xaver de 10 años no escuchaba apenas hablar de su padre, a los 30 o 40 el peso era ya enorme. Cuando cumplió 50 años recibió el nombramiento de Kapellmeister honorario del Dommusikverein y del Mozarteum de Salzburgo, donde al año siguiente tocó el Concierto para piano en re menor K 466 en la inauguración del monumento a su padre.

En contra de la fama insidiosa creada por unos historiadores indisimuladamente machistas, Constanze Weber fue una esposa adorada por su marido y una viuda capaz de sacar adelante a sus dos hijos desde la horrible situación económica en que quedó la familia tras la inesperada muerte de Mozart. Su fuente de ingresos fue precisamente su enorme habilidad para la construcción del mito de su marido, haciendo interpretar -ella misma hizo varias giras como cantante- y publicar sus obras, convenciendo a amigos para que escribiesen libros sobre Mozart y recabando apoyos políticos para sus proyectos.

Dado que su hijo mayor, Carl Thomas (1784-1858), desarrolló una brillante carrera como funcionario en Milán, dejando la música para su práctica privada, Constanze dedicó todos sus esfuerzos maternales a la carrera de su benjamín para el que consiguió los mejores maestros posibles -Salieri, Hummel, Albrechtsberger, Vogler, e incluso algunas clases de Beethoven. Al igual que su padre, el pequeño Wolfgang -que así se le llamaba familiarmente- fue muy precoz musicalmente. Se presentó en público a los 6 años, publicó su primera obra a los 11 y en 1807 comenzó su carrera en serio, tras obtener de Salieri un testimonio muy elogioso, como pianista y compositor, que le abrió no pocas puertas.

Siguiendo los consejos de su madre, Franz Xaver concilió durante toda su vida su carrera concertística con el desempeño de puestos regulares en cortes polacas, alemanas y austríacas. Excelente pianista  que hizo giras por toda Europa (incluyendo Rusia y Dinamarca, donde no había estado su padre), fue además un compositor muy competente, recordado apenas por su precioso Concierto nº 2 para piano en mi bemol mayor, muy popular en vida de su autor.

Aparte de ese Concierto, sólo conocía de Franz Xaver un puñado de piezas para piano, estupendamente escritas en un estilo heredero del de su padre a través del filtro de Hummel. La calidad de sus lieder ha sido toda una sorpresa para mi, al igual que su buen gusto literario que abarca desde Rousseau a Lord Byron, pasando por Schiller. Al exquisito gusto melódico, parangonable al de Loewe, se unen unos refinados acompañamientos pianísticos que en los albores del siglo XXI se nos semejan muy actuales.

Bonney ha hecho una selección de lieder compuestos a lo largo de veinte años, entre 1808 y 1829, que además graba cronológicamente, lo que permite apreciar la evolución de los acompañamientos hacia una mayor depuración y transparencia, así como los cambios del gusto literario desde la fábula del Conde von Stolberg para su juvenil Romanze hasta la exaltación metafísica de Memory de Lord Byron, la última de las canciones recogidas en el disco.

No es de sorprender que Barbara Bonney quedara fascinada por estos lieder que descubrió cuando intentaba conseguir la música de Nannerl, la hermana de Mozart. Como escribe Bonney en la carpetilla del disco: "tengo la impresión de haber descubierto una nueva especie o una isla del Pacífico. Adoro estas canciones.". Claro que -como reconoce la propia Bonney - "no pueden mantenerse frente a la grandeza de las obras de su padre. Pero muchas de ellas muestran un destello de inspiración que apunta al joven Schubert" y nos dan pistas sobre la música de su primo Carl Maria von Weber, e incluso la de Wagner y Verdi. Bonney termina diciendo que: "encuentro estas canciones importantes dentro del esquema musicológico de las cosas, y creo que esta original música es un puente entre W. A. Mozart y el futuro".

No hace falta leer el texto de Barbara Bonney en la carpetilla para darse cuenta de que está entusiasmada con estos lieder. Tuvo la ocasión de descubrirnos un repertorio delicioso y lo ha hecho de forma exultante. Como he dicho, el pequeño Wolfi era un gran pianista como se puede apreciar en los acompañamientos de estas canciones. Al igual que él, Malcolm Martineau es también un gran pianista que ama la poesía y cuando acompaña a Bonney rezuma emoción.



Este artículo fue publicado el 27/01/2006

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