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Carlos Núñez, con música de su CD “Cinema do Mar”

Cambrils, 18/08/2007. Parque Samá. Extractos de "música celta" y otras melodías, bajo el lema “Cinema do Mar”. Carlos Núñez, gaita y flautas de pico y un trío consistente en una violinista irlandesa, que también toca un mini-bandoneón, un guitarrista y percusión/teclado. Aforo: 85%
imagen Sobre el último CD de Carlos Núñez hay profusa literatura y por ello no quiero ser reiterativo. En esta ocasión, el conocido piper gallego – perdonen la palabra piper pero si dijera flautista no le haría justicia – se rodeó de apenas tres avezados músicos (cuyos nombres no encuentro en ninguna parte), destacando la joven irlandesa que con su violín y mini-bandoneón dejó una excelente impresión. Estos tres músicos que acompañan a Nuñez – y que tienen además ocasión de mostrar sus talentos de solistas – están todos conectados al sintetizador del sofisticado sistema electrónico, lo que hace que muchas veces se tiene la impresión que toca toda una orquesta. Reverberación artificial, capacidad de alargar notas percutidas, y muchos otros trucos adaptan la sonoridad a lo que los públicos de hoy exigen, o a lo que han sido acostumbrados – mal acostumbrados, por cierto.

Núñez no es solamente un excelente tañedor de sus diferentes flautas de pico, de diferentes registros, sino que domina también la gaita. Su técnica altamente desarrollada se advierte cuando inspira por la nariz simultáneamente tocando su música. Por supuesto, todo lo toca de memoria, lo mismo que sus tres músicos acompañantes. Y además se dirige al público, explicando el fondo histórico o el origen o la nacionalidad de la música que va a sonar. Resumiendo lo que explicó llego a la conclusión que la música celta, lo gaélico (misma raíz que gallego y welsh), viene de una amplia zona, desde Irlanda a Francia a España, y que es muy rica en melodías, danzas e contenidos. Es siempre binaria – no hay ningún vals en este repertorio. Y los grupos de 8 o 16 compases de rigor rigen también en este caso.

Para introducir alguna variedad, Núñez tocó solo la famosa melodía del Adagio del Concierto de Aranjuez, y hacia el final, como “propina”, la célebre melodía catalana El Cant dels Ocells. La joven irlandesa tocó un atractivo solo en su mini-bandoneón, y también empezó una típica danza irlandesa con su violín, con mucho desparpajo y soltura. Y así desfilaron docena y media de trozos. El público fue invitado a batir palmas en varias ocasiones, o en enganchar los dedos meñiques para un movimiento colectivo de brazos, o formar corros. Uno de esos corros subió al escenario, al son de la música.

El escenario estaba iluminado con buen gusto, y para subrayar el clima marino había dos bocas que producían vapor – unas nubes blancas que envolvían el escenario – y agregaban movimiento a lo que estaba sonando. A veces unos focos fueron dirigidos hacia el público, iluminando y a la vez cegando a los asistentes. No me pareció una idea tan feliz.

El público estaba encantado y aplaudió al cabo de la hora y media escasa de espectáculo, logrando que volvieran los cuatro intérpretes para aquel homenaje a Cataluña (que mencioné arriba) y una danza frenética con participación de todos en pié.

Así terminó el 33º Festival Internacional de Música de Cambrils – y como hace 32 años vengo a este bonito pueblo para pasar mis vacaciones, haciendo o escuchando música, no me queda otro remedio que asombrarme ante la evolución y el cambio que se ha producido en estos 6 lustros. ¿Para mejor o para peor? Lean el siguiente epílogo y ya me dirán a que conclusión han llegado.

Epílogo: Permítanme una conclusión final, sobre los dos espectáculos que dieron fin al Festival de Música de Cambrils de este año. Tanto los gospels [ver crónica] como la música celta nacieron hace muchos años, los primeros en las iglesias y la segunda para animar las fiestas locales, ambos en círculos cerrados. No hubo entonces ninguna amplificación electrónica. Quiero decir con esto, que estas músicas – con su entrañable encanto original – ya no suenan como sus creadores las imaginaron. Es curioso que justamente ahora, cuando la música clásica está tratando de buscar como ésta sonaba en su día, vía el historicismo, todo lo contrario está sucediendo con esta música más popular, más cerca de la gente común, lejos de las élites. ¿Es eso justo? ¿Cómo se explica? Un debate en profundidad sobre este tema no estaría demás. Y lo digo plenamente consciente que el asunto tiene su importancia, en cuanto a valores y estética, que no dejan de tener influencia en el comportamiento del ser humano. Y en ese orden, las cosas no pintan precisamente de rosa. Hubo un tiempo en que en arte “lo poco era mucho” – o sea la capacidad de crear algo profundo con pocos recursos era muy apreciado. Claro que lograr esto no es nada fácil. Ahora parecería que estamos yendo en la dirección opuesta. ¿Es bueno o malo esto? ¿Qué piensan los jóvenes de todo esto? Perdonen la diatriba, pero eso son temas que nos atañen a todos, directa o indirectamente.


Este artículo fue publicado el 12/09/2007

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