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Un presagio pesimista tras un error lamentable

Heredia, 03/04/2012. Iglesia parroquial de la Inmaculada Concepción. William Hernández, barítono. Luis Adolfo Víquez, clarinete. Orquesta Sinfónica Municipal de Heredia (OSMH). Eddie Mora, director artístico. Berny Siles, Las siete palabras de Cristo en la cruz. Wolfgang Amadeus Mozart, Concierto para clarinete y orquesta, KV 622. Joseph Haydn, Sinfonía nº 49, en fa menor, Hob, I:49 "La Pasión". 2º concierto de la temporada 2012.
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Se ha vuelto usanza que la Orquesta Sinfónica Municipal de Heredia (OSMH) celebre un concierto, el Martes Santo, en la bicentenaria iglesia de la Inmaculada Concepción de María, templo parroquial de esa culta ciudad universitaria. Ahí, con el recinto lleno de oyentes, el martes 3 de abril la OSMH repitió el segundo concierto de la actual temporada, ofrecido dos días antes en el teatro Eugene O’Neill, la sede para las matutinas presentaciones dominicales del conjunto en San José.

En ambas oportunidades, la orquesta herediana actuó bajo la guía del director artístico, maestro Eddie Mora. En la presentación del martes se omitió Mística V, del compositor boliviano Alberto Villalpando, mas el resto del programa fue el mismo.

Se inició con Las siete palabras de Cristo en la cruz, cantata del costarricense Berny Siles (n. 1974), en su segunda audición pública después del estreno absoluto del domingo, con la participación del joven barítono nacional William Hernández. Siguieron dos obras maestras del clasicismo austríaco: el Concierto en la mayor para clarinete y orquesta, KV 622, de Wolfgang Amadeus Mozart (1756-1791), con el joven Luis Adolfo Víquez como solista, y la Sinfonía N° 49, en fa menor, Hob. I:49, conocida como La Pasión, de Franz-Joseph Haydn (1732-1809).

Por encargo de la OSMH, Berny Siles completó este año Las siete palabras de Cristo en la cruz, para barítono solista, arpa, cuerdas y percusión. Se trata de una cantata de corta duración, dispuesta en siete secciones que contrastan momentos contemplativos y dramáticos y crean una atmósfera cargada de hondo patetismo, que alcanza su clímax en la cuarta palabra, Eli, Eli, lama sabachthani. La fuerza emotiva de la obra está sostenida por la intensa y conmovedora línea vocal en idioma hebreo, cantada con convicción y sensibilidad por el barítono William Hernández, cuya voz se oyó robusta, clara y entonada. El maestro Mora y el conjunto produjeron un sonido tenue y delicado y acompañaron con esmero al barítono solista.

Mozart completó el Concierto para clarinete pocas semanas antes de su muerte, pero un aura risueña, apacible y etérea envuelve la obra. Luis Adolfo Víquez, clarinetista principal de la OSMH, modeló una lectura diáfana y precisa, mantuvo el soplo firme y produjo sonoridades coloridas en los tres registros del instrumento. El acompañamiento del maestro Mora y la orquesta se oyó diligente y escrupuloso.

Aproximadamente entre 1768 y 1772, Haydn compuso una serie de sinfonías en tonalidades menores, en un estilo que los musicólogos nombran su período Sturm und Drang (Tempestad e ímpetu), porque participan de una corriente estética que, casi como anticipo del Romanticismo ulterior, postulaba la expresión de mayor vehemencia emocional en las composiciones musicales. Las investigaciones recientes descartan que el sobrenombre La Pasión, tradicionalmente asociado a la Sinfonía N° 49, compuesta en 1768, tenga relación con la Pasión de Jesucristo, pese a que el ritmo lento y la tonalidad menor le infunden un carácter sombrío y doliente al movimiento inicial (adagio). Eddie Mora y la Orquesta Sinfónica Municipal de Heredia forjaron una lectura meticulosa, de sugerencias doloridas al principio; luego, vivaz y enérgica en los rápidos movimientos segundo (alegro) y cuarto (presto), así como serena y refinada en el tercero (minué).

La asistencia acogió con agrado las obras y las interpretaciones y la ovación al final obligó a repetir la última parte del presto de la sinfonía de Haydn.

Considero que los resultados artístico-musicales logrados por el maestro Mora y la OSMH y la favorable respuesta de la audiencia reivindican la orientación programática hasta ahora seguida por el maestro Mora, que consiste en combinar obras de compositores nacionales e iberoamericanos con otras del repertorio universal, en particular del período clásico de la segunda mitad del siglo XVIII.

Por tales motivos, me parece un error lamentable que, como se ha anunciado, para el año entrante la OSMH se dedique de manera exclusiva a la música costarricense e iberoamericana y prescinda del valiosísimo legado cultural y artístico de la tradición europea, sin la que no existiría la música de nuestros compositores. Vaticino que una política semejante se revelará como un recurso ilusorio para la difusión de la música nacional e iberoamericana y, en el fondo, solo presagia el empobrecimiento de la oferta musical que la OSMH brinda al público costarricense.



Este artículo fue publicado el 20/04/2012

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La crítica de Andrés Sáenz y la fotografía de Jorge Castillo se publican por cortesía del diario La Nación de San José de Costa Rica

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