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Il dolce suono

Sevilla, 23/03/2012. Teatro de la Maestranza. Gaetano Donizetti: Lucia di Lammermoor. Drama trágico en tres actos con libreto de Salvatore Cammarano. Giulio Ciabatti, dirección escénica. Pier Paolo Bisleri, escenografía. Giuseppe Palella, vestuario. Juan Manuel Guerra, iluminación. Mariola Cantarero (Lucia), Stephen Costello (Edgardo), Juan Jesús Rodríguez (Enrico), Simón Orfila (Raimondo), Vicenç Esteve (Arturo), Anna Tobella (Alisa), Manuel de Diego (Normanno). Coro de la A. A. del Teatro de la Maestranza. Orquesta Sinfónica de Sevilla. Director: Will Humburg. Producción del Teatro Lírico 'Giuseppe Verdi' de Trieste.
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Ciertamente esta temporada operística del Maestranza que se anunciaba de crisis -veremos la que viene cómo se presenta- está resultando más que satisfactoria, con un comienzo mozartiano fresco y homogéneo y un final de año wagneriano de altos vuelos. Tocaba el turno ahora a la ópera italiana del diecinueve, y no cualquiera, sino quizás la más amada de Gaetano Donizetti. Lucia di Lammermoor se vio ya aquí con uno de los inalcanzables del siglo veinte en sus últimos años, Alfredo Kraus, sentando cátedra con clase y técnica ante un público entregado, que sin embargo no pudo disfrutar igualmente de la soprano protagonista. Ahora sería precisamente ésta la que arrebatase a gran parte del respetable, tras diez años de pasear su visión de la heroína romántica por no pocos teatros.

Mariola Cantartero debutó Lucia en el Gran Teatro de Córdoba en 2002 y ya allí nos anunciaba que su instrumento privilegiado, nada fácil de dominar y de espléndida flexibilidad, daría que hablar. Años más tarde, el Liceo le agradecería el esfuerzo de asumir muchas más funciones de las previstas por indisposición de una colega, y así, pasando por Ámsterdam, Zúrich o Murcia, se ha ido empapando del rol hasta ofrecer en Sevilla su visión más redonda, por fraseo, estilo, seguridad e inteligencia. Sólo nos queda pedir que además de la Gilda que se prepara para el próximo curso, la sigamos teniendo en casa frecuentemente.

A su lado, un tenor que en poco tiempo se ha convertido en imprescindible para muchos coliseos en roles belcantistas. Tras inaugurar la temporada del Met con Anna Bolena -un Percy que sí merecería pasar a la posteridad en dvd- Stephen Costello debutaba en España con este Edgardo. Recuperado de una infección que le impidió brillar la noche del estreno, llegó a esta tercera función con fuerza y arrojo. Sus armas son un timbre seductor y gran homogeneidad, además de una sensibilidad y conocimiento del repertorio no muy frecuentes en los jóvenes tenores de hoy.

© 2012 by Teatro de la Maestranza

Las voces graves fueron asimismo de nivel, comenzando por otro cantante de la tierra, el cada vez más brillante barítono Juan Jesús Rodríguez. Que ama su profesión es algo que transmite cuando está sobre las tablas, y eso es muy de agradecer, a lo que se suma un progresivo dominio del rotundo instrumento y una noble línea de canto. Similares halagos merecería Simón Orfila, que conoce del rol todos los resquicios y aprovecha bien los momentos de lucimiento de Raimondo. Secundarios muy adecuados y habituales de la casa completaron el reparto, al que se suma un coro muy bien dirigido y siempre mejorando su prestación.

Con Will Humburg al frente de una pletórica Sinfónica de Sevilla se manifiesta -más si cabe- la grandeza de esta partitura. Supo el maestro alemán con su vitalidad, su excelente juego de dinámicas y su atención a los solistas llevar la velada a lo más alto, y el público vibró en sus asientos con el espectacular final del segundo acto.

© 2012 by Teatro de la Maestranza

Menos interesante resultó la puesta en escena, trasladada al diecinueve, que además resultaba incómoda para los cantantes por desarrollarse en un suelo irregular y accidentado nada fácil para desplazarse por él. Visualmente más llamativos los primeros momentos o la escena final -con un vestuario poco original pero muy cuidado- se llegó a una cierta monotonía en los cuadros centrales; lo que, por otra parte, nos facilitó centrarnos en la magia canora que se estaba produciendo.

Dos próximas óperas en concierto, de Haendel y Carnicer, y la nada fácil Madama Butterfly con la producción de Gas para el Teatro Real podrían hacer que llegáramos a la excelencia en tiempos difíciles. Crucemos los dedos.



Este artículo fue publicado el 13/04/2012

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