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Posiblemente la mejor orquesta del mundo en música contemporánea

Madrid, 12/11/2007. Auditorio 400 del MNCARS. Harrison Birtwistle: Cortege. Francisco Lara: Kammerkonzert . Simon Holt: Sueños. Roderick Williams, barítono. London Sinfonietta. Thierry Fischer, director. Temporada 2007-2008 del CDMC. Asistencia: 99%
imagen En su ambiciosa temporada, el CDMC (Centro para la Difusión de la Música Contemporánea) nos trae posiblemente la mejor orquesta del mundo especializada en música contemporánea. Y el concierto que nos ofrecieron sirvió para confirmar la merecida fama que tienen. Esta vez vinieron dieciocho integrantes: cinco cuerdas, ocho vientos, guitarra, acordeón, arpa, piano y percusión, todos profesionales de reconocido prestigio.

Aproximadamente una hora de música nos fue brindada, ejecutándose la primera obra -Cortege de Birtwistle- sin director. Está escrita para catorce músicos, sentados en semicírculo. El piano y violoncello/contrabajo ocupan el fondo, y un gran tambor, el sitio que ocuparía el director. Lo original de la pieza es que los diez músicos restantes -cinco de un lado y cinco del otro- tienen intervenciones solistas, para lo cual se levantan, se colocan al lado del tambor, donde hay otro atril, y tocan sus solos. Al mismo tiempo, un músico sentado enfrente también se levanta y luego de algunas notas con el solista de turno, se convierte también en solista, mientras que el otro va a ocupar la silla que éste dejó vacío. De esta forma, durante el largo cuarto de hora que dura la pieza, los diez músicos en cuestión han cambiado de sitio, situándose al lado opuesto del semicírculo.

Y todo esto encaja con una música divertida, por su enorme variedad: predomina buen humor, que da lugar a diversos alardes virtuosos en los diferentes solos. En algunas pocas secuencias de ritmo complicado, el músico que toca el gran tambor ayuda a dar alguna que otra entrada. Pero en general, y a pesar de las complicaciones, estos catorce músicos mostraron una destreza extraordinaria, lo que incluye memorizar algunos pasajes que suenan cuando están caminando de un lugar al otro. ¡Remarcable!

La segunda obra, Kammerkonzert (Concierto de cámara), del vallisoletano Francisco Lara, fue un encargo del CDMC del año 2005, y está escrito para cuatro cuerdas, cuatro vientos, arpa, piano y percusión, esta última muy variada, con un instrumental de diferentes características. Tiene tres secciones, siendo la primera y última muy marchosas, y el breve interludio sosegado se termina cuando el contrabajo, en un solo, empieza nuevamente a calentar motores para llevar la orquesta a un reinicio, con frases y efectos sonoros similares al principio.

Es notable como en los pasajes rápidos hay un juego instrumental incesante, un pasaje cazando al próximo, todo ello produciendo un sonido de rica variedad tímbrica. La ejecución fue ejemplar, y Thierry Fischer supo sacar el máximo provecho de sus experimentados músicos. Muchos aplausos premiaron esta ejecución, con el compositor presente, agradeciendo a los músicos su alto rendimiento.

Después del intermedio, sonó la obra de Simon Holt, Sueños, sobre poemas de Machado, de los cuales cinco a cargo de un barítono, acompañado por el grupo instrumental formado por cuerdas, vientos, acordeón, guitarra, y percusión, ésta muy discreta. Son ocho trozos, con títulos españoles (Cigüeña, Un fanal de lluvia y sol, La lira inmensa, Aire sombrío, Señas lejanas, Garabato, Este día triste y El demonio), que reflejan en su música el clima que inspiran estos títulos y los cinco poemas cantados. Si bien la música de Holt está muy bien concebida para crear los respectivos estados de ánimo, no tiene nada típicamente español -salvo tal vez el uso de la guitarra y el acordeón- pero aún así acompaña con entrañable sentimiento a los preciosos versos de Machado. La versión, nuevamente, ejemplar. Roderick Williams, barítono, cantó con buena dicción española -casi todo podía entenderse- y Fischer acompañó con gran habilidad. De los tres números no cantados, me encantó ‘Garabato’, con un precioso solo del violín.

Los aplausos fueron unánimes, y fueron compartidos por el cantante, el director, los músicos y el propio compositor, presente en el acto. Todos tuvieron que saludar repetidamente.

Un concierto muy logrado, por su diversidad, su indudable dificultad técnica vencida sin problema alguno, y la enorme variedad sonora que contribuyó a que el interés nunca decayera, todo gracias a la excepcional labor de la London Sinfonietta.

Como siempre, el programa de mano fue muy explícito, esta vez redactado en base a textos que sometió la London Sinfonietta. Me permito destacar un lapsus: en la enumeración del elenco del conjunto, se olvidaron del clarinete, que tuvo lucida intervención, sobre todo en tesituras altísimas; a pesar de esta omisión, no pasó desapercibido, todo lo contrario.

Esta vez el público, que llenó la sala, se quedó hasta el final: no hubo éxodos de protesta. Ante semejante profesionalidad, aún personas no familiarizadas con música contemporánea, quedan impresionados. Un éxito, indudablemente.


Este artículo fue publicado el 20/11/2007

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