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Tristan e Isolda… y sobre todo Daniel

Milán, 25/02/2009. Teatro alla Scala. Richard Wagner, Tristan und Isolde. Patrice Chéreau, dirección escénica. Richard Peduzzi, escenografía. Moidele Bickel, vestuarios. Robert Gambill (Tristan), Matti Salminen (Konig Marke), Waltraud Meier (Isolde), Gerd Grochowski (Kurwenal), Will Hartmann (Melot), Lioba Braun (Brangäne), Alfredo Nigro (Ein junger Seemann), Ryland Davies (Ein Hirt), Ernesto Panariello (Ein Steuermann). Orquesta y Coro del Teatro alla Scala. Daniel Barenboim, dirección musical
imagen Desde el triunfo en Bayreuth en 1993 del tándem Waltraud Meier-Daniel Barenboim sus nombres han quedado inevitablemente ligados a la historia de las mejores interpretaciones de Tristan und Isolde, uno de los dramas de Richard Wagner que ha gozado de más éxito de público y crítica desde su estreno decimonónico. El tiempo pasa despacio para los directores de orquesta, cuya merma física no suele ser impedimento para su trabajo. Por el contrario, los cantantes envejecen rápidamente. Es así que ver a Meier cantando Isolde dieciseis años después del sonado éxito tenía un elemento de incertidumbre.

No hace falta que diga que los cantantes de ópera no sólo seducen con perfección vocal. Y es así que La Scala perdonó que los agudos de Meier sonasen descoloridos (o no sonasen, como sucedió al final del monumental dúo de amor del acto segundo en que cortó la emisión de la nota climática para evitar el grito). Los centros y los graves sonaron bien timbrados y el modo en que canta Isolde es prodigioso, pues cada frase está meticulosamente preparada para transmitir las dudas, la pasión y la fortaleza de esta mujer moderna y decidida. Está claro que pocas Isoldas le quedan a Meier, pero también lo está que ha sido de nuevo un privilegio verla.



©2009 by Teatro alla Scala

Robert Gambill le dió una réplica entusiasta como Tristan. Cantó con arrojo, volumen y sutileza. Quizás su voz no tenga el bronce o no campanee como para convertir su perfecta interpretación en memorable (puesto que el timbre no lo es). Pero también es cierto que se reservó su sonido más mordiente para el tercer acto, en el que hizo sonar su lamento de muerte como el delirio, la alucinación, de un moribundo, algo que complementa perfectamente la producción de Patrice Chéreau.

Matti Salminen fue un Rey Marke furioso, al tiempo que dolido, e incluso envidioso de la suerte de su amigo. Al final del acto segundo, y de nuevo esto se debe en parte a la magia de Chéreau, estaba tan dolido por el adulterio de Isolda con su mejor amigo como por el descubrimiento del amor y la envidia de no poseerlo. Salminen era como un soltero que ve una pareja besándose en un parque y observa sus sonrisas, sus labios moviéndose despacio para susurrar. Se llevo el enorme aplauso que merecía, como lo hicieron los esplendidos Gerd Grochowski (Kurwenal) y Lioba Braun (Brangäne).

Pero si hubo un triunfador de la noche fue Daniel Barenboim. Incluso aquellos que como yo tienen poco o ningún interés en la mayor parte de las cosas que hace el maestro argentino han de sacarse el sombrero ante su Tristan und Isolde. No sabe uno por donde empezar a escribir. Quizás por la calma, que no lentitud sino suavidad, con que atacó el preludio; la brillantez de la llegada a Cornualles. O la fuerza de la cuerda grave al principio del acto segundo; el delirio de Tristán en el tercero, puntuado desde el foso con momentos de histeria alternados con episodios de placidez. Pero son ejemplos de una realidad más grande. La de un director que conoce la partitura, sabe donde apurar, donde frenarse, donde jugar con la intensidad, que instrumentos privilegiar en el tetris orquestal y contribuir así al dramón que nos presenta Wagner. El de Barenboim es, además, un Tristán fundamentalmente sensual, extravertido, sin vericuetos, volcado en la espectacularidad (tanto en la fanfarria como en el adagio) cogiendo al publico en un puño y jugando con él. Increíble.



©2009 by Teatro alla Scala

Y es que además, esta extraversión musical (común a cantantes y director) fue el perfecto complemento de la producción de Chéreau. Sabedor de que el texto escrito por Wagner es oscuro, el director escénico opta por contradecirlo haciendo obvio lo que en el libreto wagneriano está insinuado y poniendo en escena aquello que ni se insinúa. Al fin y al cabo, los directores escénicos están para seguir el libreto o para contradecirlo y en esta producción hay mucho de lo segundo. Por ejemplo, dado que el acorde de Tristán se interpreta siempre como el anhelo, muchos (demasiados) directores optan por mantener a Tristán e Isolda a cierta distancia, como confirmando que lo que hay entre ellos no es de este mundo, que no puede suceder. Chéreau no cae en esa trampa. La relación de Tristán e Isolda se consuma y se consuma en público. Al final del acto primero, cuando el barco llega a Cornualles, el coro ha de separarlos para que no los vea el rey, pues se han enganchado como perros rodando por el suelo. En el acto segundo también se soban y se abrazan. Y es sólo al final que Isolda elige alejarse del cuerpo de Tristán para morir, algo que no he acabado de entender. Otro golpe maestro, que ya he mencionado, es cómo dirige al Rey Marke para mostrar sus celos por no conocer el amor y a Brangäne, testigo del acto sexual del acto segundo, que (también por envidia de solterona) propicia su venganza. La maestría de Chéreau se manifiesta en que se sirve de la escenografía y el vestuario simples de Richard Peduzzi y Moidele Bickel, respectivamente, y que no necesita llenar el escenario de gente, ni hacer que se muevan como idiotas. No hay horror vacui y al tiempo no falta nada. Todo está cuidadosamente planeado.

Llego al final de este articulo sin aliento, consciente de haber fracasado en el intento de hacerles sentir un poco como me sentí yo al final de esta representación de una ópera que siempre se me ha hecho larga. Esta vez no fue ni larga ni corta. Fue alegre, triste, sexual, frustrante. Y el mérito es de todos, sí, aunque si tengo que entregar el Oscar, se lo lleva Daniel Barenboim.


Este artículo fue publicado el 05/03/2009

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