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Diálogo lírico

Amberes, 06/05/2012. De Vlaamse Opera. Le Duc d’Albe. Estreno mundial de la versión francesa. Libreto de Eugène Scribe y Charles Duveyrier. Música de G. Donizetti completada por G. Battistelli. Puesta en escena: Carlos Wagner. Escenografía: Alfons Flores. Vestuario: A.F.Vandervost. Iluminación: Fabrice Kebour. Rachel Harnisch (Hélène d’Egmont), Ismael Jordi (Henri de Bruges), George Petean (Le Duc), Vladimir Baykov (Sandoval), Igor Bakan (Daniel) y otros. Coro y Orquesta del Teatro. Maestro de coro: Yannis Pouspourikas. Director de orquesta: Paolo Carignani
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La Ópera de Flandes presentó, en primera mundial, la versión original francesa de la ópera inacabada de Donizetti cuya terminación fue confiada a Giorgio Battistelli, quien demostró no sólo profundo respeto y comprensión por el material recibido (incluidos fragmentos o la orquestación de la versión italiana de 1882) sino su capacidad para colmar las lagunas -totales como el final, 35 minutos- o parciales, como en el tercer acto, sin renunciar a ser él mismo (en particular fue notable la versión, con cabaletta incluida, de la gran aria del barítono). La atención y el entusiasmo del público fueron notables y merecidas.

El Teatro trató de contar con las mayores garantías y naturalmente encomendó una puesta en escena a la que se le pueden discutir muchas cosas, pero no interés. Que algunos de los decorados de Flores hicieran pensar más en el Wozzeck de Berg -pienso en la versión para Barcelona de Bieito-, que estuviéramos siempre o casi en penumbras, que el duque (tatuaje aparte) se parezca a algún dictadorzuelo más moderno y se convierta en un energúmeno que de jugar al billar pase a castigar a sus subalternos son algo más que detalles, pero sobre todo, habría que recordar siempre una afirmación de Sinopoli (en Musica maestri, Feltrinelli, 1985, edición al cuidado de Franca Rosti, pág. 196): “La ópera tiene una historicidad que le es propia, tal vez incómoda, pero con la que hay que enfrentarse y que no puede dejarse de lado”. En cualquier caso, hubo muchos momentos, y en particular en la labor del coro, de fuerte impacto y se trató de caracterizar a los personajes el máximo posible.

La concertación de Carignani pecó de algún exceso, en particular en los coros iniciales, pero la orquesta sonó bien y se demostró entregada, igual que el excelente coro, tan bien preparado por Pouspourikas.

Nadie estuvo mal y si fueron interesantes las prestaciones de los dos bajos comprimarios de cierto relieve, Baykov (un Sandoval tan desagradable como lo es en el libreto) y Bakan (en el mucho más agradecido, pero algo más anodino, de Daniel, que anuncia un poco lo que Scribe haría para Verdi cuando utilizara el mismo libreto para, años después, Las vísperas sicilianas), los tres protagonistas cumplieron en conjunto más que aceptablemente.

 

 

Quizás el que mejor logró hacer justicia a los autores fue Jordi, cada vez más seguro vocalmente y todavía no muy desenvuelto como actor, y con un francés ciertamente mejorable. La parte no le planteó ningún problema (y hay que destacar la seguridad y belleza de sus medias voces y la homegeneidad del timbre) y si la versión ‘simplificada’ de lo que después sería la célebre romanza de La favorita (‘Ange si pur’, hasta hace poco más conocida como ‘Spirto gentil’) no le permitió lucirse en la anónima (y bellísima) ‘Angelo casto e bel’, todo salió a pedir de boca. Petean es uno de esos barítonos que suelen confiar todo al volumen (importante) de una voz  con un fraseo sumario y sin características tímbricas particulares, pero esta vez, y es un tanto a favor de la dirección, pareció mucho más comprometido con el personaje e intentó algunos matices (no sin ciertos problemas rítmicos en el aria).

Harnisch es una muy buena cantante, pero se trata de una líricoligera (como se ve en general en su repertorio) y la parte le exige mucho en centro y grave (como no los posee, lo que se escucha es pobre y termina por afectar al agudo que es donde la voz se libera y corre en general segura); hay que decir que no fue ella la soprano prevista en un principio, pero parece una regla cada vez más común que se anuncien artistas que luego no aparecen sin que se sepa cuándo y por qué quedaron fuera del proyecto. Aquí tiene más disculpa por tratarse de un estreno mundial (y ya se sabe que hay cantantes que aceptan sin tomarse hasta más adelante el trabajo de abrir la partitura, y de allí las sorpresas).

Lo dicho: una velada, por encima de cualquier reparo, interesantísima y la espera de un nuevo título de Battistelli (anuncia para 2014 una ópera en Nancy y en 2015 otra en la Scala), y si se repite el caso de su Richard III, visto y comentado aquí mismo, o como este trabajo tan ‘ingrato’ y en su caso tan bien realizado, hay  fundadas razones de optimismo.



Este artículo fue publicado el 18/05/2012

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