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Divertir a los asistentes, pero no emocionar

Cambrils, 21/07/2012. Parroquia de Sant Pere. Actuación del coro ‘Esclat Gispel Singers’. Director y piano: Ramón Escalé. Inauguración del 38º Festival de Música de Cambrils. Asistencia: 90%
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Este año, el Festival de Música de Cambrils -que se celebra desde hace 38 años- ofrece en total once conciertos. Los años pasan y este Festival, que empezó con programas dedicados íntegramente a la música clásica, se ha adaptado a los tiempos que corren y este año son apenas tres programas de música estrictamente clásica. Me imagino que este cambio también tiene motivos de orden material: solamente música clásica no llenaría el aforo de las salas porque el público joven no acudiría. Para mi es una pena que eso sea así: yo actué en el pasado en este Festival que me es muy caro … Este año tampoco habrá actuaciones en el Parque Samá, sito fuera de Cambrils, porque no se quiere obligar a los asistentes a afrontar el coste extra de transporte hasta ese precioso sitio.

Dicho esto, tengo la intención de acudir y enviar crónicas sobre los conciertos clásicos y algunos que se dedican al pasado.

El coro ‘Esclat Gospel Singers’, que nació en Manresa en el año 2000, se presentó con veintisiete integrantes –nueve sopranos, diez contraltos y ocho hombres (entre tenores y barítonos). A mi juicio, la colocación de los micrófonos y altavoces no contribuyó a una acústica de calidad. Las palabras dichas por el director Escalé no me resultaron comprensibles -debido a este factor- y por la misma razón la calidad sonora del coro tampoco fue la mejor imaginable. El programa constó de doce obras, todas con título en inglés. Las primeras seis se atuvieron al orden del programa, las restantes no: creo que entre las últimas seis obras hubo dos con texto en catalán, pero debido a la acústica, puedo estar equivocado. El coro concedió una propina, ante los aplausos del público.

Hubo solistas femeninos y masculinos, a veces emparejados, pero debido a la acústica reinante, fue imposible juzgar la calidad de las voces. Sonaron todos igual. El director y pianista, ubicado lateralmente -a la izquierda- fue muy bueno. Algunos pocos solos de piano lo atestiguaron. Como director fue eficaz, pero me hubieran gustado mayores diferencias sonoras -no solamente el canto “hablado”- pero probablemente la acústica no lo permitió.

Era evidente que la finalidad del espectáculo era divertir a los asistentes, y no emocionar. La mayoría de las canciones tenía mucha marcha, Para una de las canciones -Speak to me de Kirk Franklin- se invitó al público ponerse de pie, batir palmas y moverse al ritmo de la obra. Pero otra canción -Troops Prayer de Joshua’s Troop- demostró que el coro podía cantar con dinámica contrastada (hubo pasajes pianísimos y fuertes) y esto produjo algunos momentos de emoción. A mi me faltó más de eso mismo, pero no, todo estaba planeado para que “brille la energía musical, el entusiasmo y la complicidad con el espectador” (palabras citadas del programa impreso).

No sé si esto es la verdadera intención del género gospel: creía que estaba más cerca del ambiente eclesiástico pero por lo visto esto ya no es así. Batir palmas, mover el cuerpo al ritmo de la música, invitar al público a participar: esto parece ser la divisa. No cabe duda de que eso se logró, pero a mi juicio con el sacrificio de la calidad musical y una clara ausencia de una emoción más profunda.

Recuerdo un concierto de gospel hace algunos años en el mismo sitio -creo que se trató de un coro de niños- y tengo buenos recuerdos de ello. Como ya dije arriba, los años corren y las cosas cambian ¡No siempre a mejor!



Este artículo fue publicado el 31/07/2012

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Referencias:


Ramón Escalé