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Una segunda algo accidentada

Barcelona, 17/05/2012. Gran Teatre del Liceu. Adriana Lecouvreur (Milán, 6 de noviembre de 1902). Libreto de Arturo Colautti, música de F. Cilèa. Intérpretes: Daniela Dessí (Adriana), Fabio Armiliato/Carlo Ventre (Maurizio), Marianne Cornetti (Princesa de Bouillon), Bruno De Simone (Michonnet), Stefano Palatchi (Príncipe de Bouillon), Francisco Vas (Abate de Chazeuil) y otros. Dirección escénica; David McVicar (repositor: Justin Way). Escenografía: Charles Edwards. Vestuario: Brigitte Reiffenstuel. Coreografía: Andrew George. Bailarines, coro (preparado por José Luis Basso) y orquesta del Teatro. Director: Maurizio Benini.
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En esta nueva ocasión sólo hablaré de los elementos nuevos. Sólo agregaré que la orquesta sonó mucho más segura, si no más refinada o con más matices. [Ver crítica del primer reparto]

Cornetti fue una muy buena Bouillon. Su voz no es tan impresionante como la de Zajick (lo siento, pero es inevitable hacer estas comparaciones), pero sí más fresca aunque su extremo agudo a veces es metálico. Su italiano es bueno y dice y se mueve bien.

Palatchi hizo un buen Príncipe, con la voz tal vez algo menos redonda que en mis recuerdos y una actuación demasiado ‘simpática’, salvo en el tercer acto (su personaje no lo es para nada).

De Simone es un excelente cantante, pero no debería salir de los cometidos bufos. En la medida en que pudo hacer de Michonnet una figura bonachona y cándida, salió airoso, pero en los momentos en que no, tanto por timbre como por extensión resultó insuficiente o inadecuado. Habría que recordar siempre para quién escribió Cilèa la parte y quiénes la interpretaron hasta los años setenta e incluso ochenta del pasado siglo. Es cierto que este no es el primer intento de ofrecer el rol a un cantante de reconocidos méritos ‘bufos’, y que este caso es mejor que otros (véase el dvd procedente de Turín), pero nunca me ha parecido que se trate, y menos según dónde, de hacer de necesidad virtud.

El teatro ofrecía una buena entrada aunque menos que en la primera representación. Es inevitable hacerse la pregunta de si son necesarias tantas. Por un lado se permite el acceso de más público, ciertamente, y hay más posibilidades para los artistas, pero como no se suelen alternar con otros espectáculos pueden generar cierta sensación de monotonía (no sucede en Berlín, ni en Viena, ni en el Met o el Covent Garden, porque se dan, aunque mucho, menos veces seguidas y separadas en el tiempo y por otros títulos).

El ‘accidente’ a que se refiere el título ocurrió con el tenor. Parece que cuando me toca ver a Armiliato, que ahora goza de gran popularidad gracias a Woody Allen, siempre hay algún problema de salud. Esta vez lo hizo anunciar tras el segundo acto y no siguió cantando. Sinceramente, y sin cuestionar el contenido del comunicado, hay problemas de emisión, de extensión y de timbre que me parecen que poco tienen que ver con un problema de salud puntual (o no tan puntual según mi experiencia). Demostró, eso sí, conocer el papel e intentó transmitirlo.

Marianne Cornetti y Fabio Armiliato

Fotografía © 2012 by A. Bofill


A partir del tercer acto lo sustituyó Carlo Ventre, que había cantado el día anterior en el tercer reparto, que aún no he visto. El cantante tiene un color bellísimo y ningún problema vocal y la técnica es correcta en emisión y afinación. Su problema (para el que lo considere tal, yo por ejemplo) sigue siendo que apenas se mueve en escena y sin convicción, y eso aún sería (para mí) tolerable, pero aunque sin duda le gusta lo que hace e intenta hacerlo lo mejor posible, en su fraseo se nota poco el personaje que encarna. Recuerdo un Chénier muy bien cantado (un poco fuerte), pero sin nada que permitiera distinguirlo de este Maurizio.
Dessì tuvo un gran éxito personal en el último acto, tras el aria, y en los saludos finales (cuando el telón bajó del todo, alguno de sus numerosos seguidores gritó ‘Grandísima, Daniela’). Dicho esto, se trata de una cantante que, desde su lejano debut aquí en Otello, donde lo único grande fue el gran Domingo de su mejor época, me parece una sólida profesional, buena estilista y técnica, especialmente adecuada para el repertorio de la giovane scuola, buena fraseadora dentro de una tradición que conoce y transmite bien (pero en la que resulta demasiado teatral y retórica –véase el ‘profani’ del final y el ‘ah’ de la muerte, francamente demás) y un timbre no particularmente personal ni atractivo. Si sigue en línea parecida a grandes intérpretes del papel, no me parece que, ni por timbre o fraseo o actuación se la puede considerar al mismo nivel. Las medias voces resultaron, más que otras veces, poco claras y ‘a medio camino’ y el agudo (que nunca me ha parecido su registro más seguro) está claramente más áspero.

Ahora, a esperar por el tercer reparto.



Este artículo fue publicado el 30/05/2012

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