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Gato con botas caza ratones

Barcelona, 19/05/2012. Gran Teatre del Liceu. El gato con botas (Barcelona, Gran Teatro del Liceo, 10 de enero de 1948). Libreto de Néstor Luján, música de X.Montsalvatge. Intérpretes: Marisa Martins (Gato), Antoni Comas (Molinero), María Luz Martínez (Princesa), Enric Martínez-Castignani (Rey), Miguel Ángel Zapater (Ogro), y bailarines (Asunción Quintero, Silvia Martín, Cristina Arias y Jesús González). Dirección escénica: Emilio Sagi (repositor: Justin Way). Escenografía y vestuario: Agatha Ruiz de la Prada. Iluminación: José Luis Canales. Coreografía: Nuria Castejón. Orquesta del Teatro. Director: Antoni Ros-Marbà.
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Sobre el cuento conocido de Perrault sigue funcionando la deliciosa obra de Montsalvatge, tal vez más en lo musical que en lo escénico. Dramáticamente las cosas se animan mucho con la entrada del ogro y sus transformaciones. Pero la música es buena y aunque no sé si para todos los niños presentes se hicieron llevaderos los setenta y cinco minutos de la obra, creo que los mayores salimos satisfechos. Naturalmente la sala grande del Liceu – con algo más de la mitad del aforo y curiosamente más desierta en las partes altas- es tal vez enorme (aunque aquí se estrenó en su momento) para el formato de la obra, pero los simpáticos decorados y vestuario, de tono deliberadamente kitsch, y la marcación de Sagi lograron cubrir bien el especio escénico y animarlo lo más posible (es verdad que el prime cuadro es de difícil animación, por más televisión en blanco y negro que el gato mire desde antes del comienzo de la obra). Lo mismo ocurrió con la dirección de Ros-Marbà que claramente conoce y ama la obra y la orquesta tuvo un buen desempeño, así como los bailarines que hicieron los roles de animales y ayudaron al cambio de escena con la ocurrente sopa de letras formada desde el comienzo con el título de la obra.

© 2012 by Antoni Bofill/Teatre del Liceu

De los cantantes destacó netamente, por la importancia del rol y su buen rendimiento en el mismo en todos sus aspectos, Martins en el gato. Comas no estuvo mal cuando se lo oía (si canta lejos de la boca de la escena prácticamente desaparece, y no se trata aquí del volumen de la orquesta, que el director cuidó a cada paso). Zapater hizo una buena caracterización del ogro, adecuadamente grotesca en tanto que la princesa de Martínez y el rey de Martínez-Castignani fueron muy eficaces. Se notaba mucho el trabajo en equipo (también con los bailarines).

Una curiosidad que no he podido verificar si se encuentra en el cuento de Perrault. Así como aparecen ‘dulcificados’ los momentos en que el gato caza, conejos o ratón, y todos siguen vivos, por el final aparece una frase en el libreto que en otros países políticamente más correctos habría dado lugar a quejas o a cambios. Quede claro que yo no pienso que haya que alterar un texto porque no nos gusta lo que dice u hoy suene mal. El caso más flagrante ocurre con Un ballo in maschera, donde el libreto (que Verdi aceptó sin rechistar en este aspecto) habla de Ulrica, en la voz del juez, como ‘dell’immondo sangue dei negri’. Se ha hecho de todo (por ejemplo, algo tan risible como cambiar a 'negri’ por ‘zingari’ con lo cual se es racista igual, pero a los ojos de algunos quizá menos) sin recordar que en ese momento las cosas estaban como estaban (y si pasamos la acción a América en vez de empeñarnos en Suecia, los esclavos eran considerados objetos –una barbaridad, pero el libreto respondía a esa situación).

© 2012 by Antonio Bofill/Teatro del Liceo

Aquí se escucha en la voz del rey, hacia el final, para considerar el beneficio posible de una boda entre su hija y el presunto marqués, que es pobre porque ha hipotecado su trono a un judío. Creo que el único que se sobresaltó fui yo. Y por eso he decidido poner en la fecha de estreno el nombre del teatro en castellano, que era lo único permitido en la época, a la que ya le iba muy bien lo de la hipoteca y los judíos. Claro que si hoy pensamos en los problemas de hipotecas, tal vez tendríamos que cambiar lo del ‘judío’ por otra personalidad o institución. Y ciertamente no convendría que lo dijera una católica, sacra y real majestad. Pero sería difícil cambiar el texto, y en aras de la verdad, mejor no hacerlo.



Este artículo fue publicado el 15/06/2012

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