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Un cuento de niños

Hamburgo, 13/02/2011. Kampnagel. Die Schneekonigin, ópera infantil de Pierangelo Valtinoni sobre el cuento de Hans Christian Andersen. Libreto de Paolo Madron, versión alemana de Frank Harders-Wutehnow y Werner Hintze. Nicola Panzer, escenógrafo. Hans Peter Boecker, director técnico. Elenco ‘verde’: Sina Irmak (Gerda), Anton Florey (Kay), Paulina Polischuk (Abuela), Gesa Graichen (Mujer de las flores y Mujer de Laponia), Dustin Drosdziok (Señor Cuervo), Clara Rathbe (Señora Cuervo) y otros. Solistas, coro y orquesta, alumnos de las escuelas de Hamburgo. Benjamin Gordon, dirección musical. Una producción de la Hamburgischen Staatsoper y el Margaretha-Rothe Gymnasiums de la Plattform von TuSch.
imagen Me encanta ver óperas infantiles, tanto por mi propia dedicación profesional a la enseñanza como por 'vocación propia'. Al igual que la literatura infantil, que hasta no hace muchas décadas fue una dedicación secundaria de los escritores que de vez en cuando daba lugar a obras maravillosas, también la ópera infantil es un campo en el que ocasionalmente surgen obras interesantísimas aunque todavía esté esperando un despegue como el de la literatura infantil.

Estrenada los pasados días 5 y 6 de febrero -hay dos elencos, el azul y el verde, por eso las dos fechas de estreno- La reina de las nieves es una ópera hecha con niños y para niños. Como va siendo cada vez más habitual, ya no se trata sólo de programar una ópera que sirva para los niños, sino de poner en marcha todo un proyecto educativo, de mediana o larga duración, de modo que sean ellos mismos los responsables de gran parte de la creación artística. Es lo que hizo en esta ocasión la Staatsoper de Hamburgo y el Margaretha-Rothe Gymnasiums de la Plattform von TuSch, invitando a participar a niños y adolescentes de todos los centros educativos de la ciudad de Hamburgo. Los resultados fueron muy buenos, lo que quiere decir también muy sencillos. Lógicamente, con una dirección de adultos que impongan su voluntad a los niños es muy sencillo hacer un gran espectáculo. Pero si, como en este caso, los adultos se limitan a solucionar los problemas prácticos y se le deja la iniciativa a los niños, los resultados no son tan aparentes pero sí mucho más significativos y profundos.



Die Schneekönigin
© 2011 by Brinkhoff-Mögenburg. Hamburgische Staatsoper

Objetivamente, la orquesta -de 26 componentes- fue lo que mejor funcionó. La partitura no era difícil de interpretar y en Hamburgo -una ciudad de gran tradición musical- sobran escolares capaces de enfrentarse a ella con solvencia ‘profesional’. Alguno de los participantes de la orquesta podía ser de primaria, pero lo que se vio mayoritariamente fueron adolescentes aplomados que seguían perfectamente las indicaciones del director, Benjamin Gordon, un hombre joven que desde la temporada 2007-08 es uno de los responsables de la ‘Opera Piccola’ que cada año presenta la Staatsoper de Hamburgo. Esta es la cuarta producción de la que Gordon es responsable y a estas alturas está muy acostumbrado a dirigir elencos escolares.

Los cantantes, también dirigidos por Gordon (cosa que se notó descaradamente en uno de los cantantes más jóvenes, que al equivocarse se le quedó mirando), superaron mis expectativas. Y no porque lo hicieran estupendamente, que hubo de todo, sino por su aplomo en escena y su capacidad de llevar adelante sus papeles como auténticos profesionales.



Sina Irmak como Gerda
© 2011 by Brinkhoff-Mögenburg. Hamburgische Staatsoper


Hay que destacar especialmente a Sina Irmak, que hace el papel de Gerda en ambos elencos, el azul y el verde, lo que significó que tuviera que cantar cuatro funciones en el fin de semana que yo le escuché. Esta exigencia es casi imposible para una cantante ya formada, pero a Irmak le superó, de modo que en la función que yo le escuché, la tercera en 26 horas, estaba algo afónica y cantaba con micrófono (no sé si ya lo había hecho en funciones anteriores o no). Su papel le obliga a estar en escena casi todo el tiempo -y esta ópera dura 1 hora y 45 minutos- y a cantar gran parte del tiempo, pero no parecía importarle: con una memoria impresionante representó todo su papel escénico y sus variadísimas intervenciones vocales sin ningún titubeo, siempre concentrada.

Su partenaire Kay, que en este elenco, el verde, era Anton Florey, tiene un papel mucho más sencillo, porque sólo interviene al principio y final de la ópera. Cantó muy bien y actuó aún mejor, a pesar de tratarse -como Irmak- de un preadolescente que aún no ha cambiado la voz. Su presencia en escena, tremendamente frágil y como ajeno a su entorno, se convirtió en una de las imágenes más repetidas en la propaganda de la ópera.

La tercera figura a destacar lo logró por sus propios méritos, no tanto por el papel que la ópera le asigna. Dustin Drosdziok, el Señor Cuervo, fue desde su aparición un auténtico profesional del teatro, que controlaba perfectamente todos los recursos histriónicos –incluidos tartamudeos, equivocaciones, andares peculiares, etc.- y mantenía la atención del público sin problemas. Claro que en este caso se trata de un chaval mayor, que ya parecía preuniversitario y que supongo que aspira a dedicarse al teatro profesionalmente –no tanto al canto, aunque se defendía bien- ya que cualidades para ello le sobran.



Die Schneekönigin
© 2011 by Brinkhoff-Mögenburg. Hamburgische Staatsoper

Del resto de los componentes del elenco no voy a decir nada, porque como antes indicaba, creo que es más importante el trabajo realizado por los niños que los propios resultados alcanzados. Hubo chavales que lo hicieron estupendamente, otros no tanto, a algunos se les oía muy bien y otros se quedaban escasos, pero el nivel medio fue alto, ya no porque se escucharan grandes voces sino por la naturalidad con que todos -excepto uno, pobrecito- enfocaron sus intervenciones, entrando a tiempo, con seguridad, con potencia incluso (aunque ahí se notaba mucho la diferencia entre los niños más pequeños y los ya adolescentes). Las actuaciones teatrales fueron igualmente deliciosas y, como todo el público allí presente, me reí con los pequeños patitos y los bandidos, me impresioné con el príncipe y la princesa, me quedé encantada con las numerosas flores -cada una con su propio comportamiento-, deseé viajar yo también en el reno de Laponia, y sentí miedo y fascinación al mismo tiempo con la Reina de las Nieves.

En mi comentario final sobre esta ópera debería reflexionar sobre la importancia de estos proyectos para la vida de un teatro y sobre la búsqueda de nuevos públicos, o la necesidad de convertir la ópera en algo no elitista sino un bien de toda la comunidad, en la ópera como cultura, y demás temas apasionantes, pero cuando pienso en esta representación de La reina de las nieves sólo me acuerdo de lo bien que me lo pasé, de cómo me sentí atrapada por la historia, de la impresión que me causó que la representación estuviera totalmente cantada por niños, vuelve a mi cabeza la seriedad de Gerda en su búsqueda y el modo en que Kay perdió sus sentimientos y sus recuerdos. Y me parece muy frío e impersonal -muy de Reina de las Nieves- querer reflexionar sobre algo que sólo fue teatro y por tanto magia.


Este artículo fue publicado el 07/03/2011

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Comentarios:
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Delia 02/12/2012 20:48:16
Necesito me informe cómo conseguir la partitura de La Reina de las nieves de PierAngelo Valtinoni. Muchas Gracias


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