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El camarada errante

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‘Alles Singen ist nun aus.’ (I. Wenn mein Schatz Hochzeit macht - Lieder eines fahrenden Gesellen)

Una semana como la que termina no es buena. Además de todo lo que llueve (metafóricamente hablando por ahora) sobre el mundo, Europa, Grecia, España, se abre con la muerte de Carlos Fuentes (gran señor, gran autor -naturalmente el Nobel pasó de largo-) y se cierra (bueno, no ha terminado aún del todo) con la de Dietrich Fischer-Dieskau.

Por suerte ha salido aquí una nota y las que se hayan podido ver en otros periódicos o publicaciones, y que seguirán saliendo.

Así que no voy a reiterar cosas ya dichas, y en general mejor, por otros. Sólo un recuerdo, o varios. Yo aprendí mi Orfeo de Gluck -para horror de los puristas- con su grabación. Y recuerdo un nuevo modo de concebir, desde sus posibilidades, al barítono verdiano sin traicionar a Verdi (aunque a veces sus resultados no hayan hecho la unanimidad, al menos su Macbeth de Salzburgo es, a su modo, toda una referencia).

Yo no tuve la suerte de verlo en ópera, pero sí en concierto. Uno en Berlín con la Filarmónica y Mehta en un programa Mahler en el que él cantaba el ciclo que primero me ha venido a la mente ayer, cuando me enteré de su fallecimiento. Eran los primeros ochenta. No fue imposible conseguir entradas (aunque la sala estaba rebosante), y me sorprendí porque en la misma época, en Múnich, me había quedado en la puerta de un concierto de cámara porque todos buscábamos un ingreso de última hora y casi nadie lo consiguió.

Después lo vi un año antes de retirarse en su despedida (sin que se supiera, aunque uno pudiera imaginarlo) de Bruselas en La Monnaie con Die schöne Müllerin. Conseguí entradas con facilidad, y el encargado de la taquilla se manifestó sorprendido por mi temor de quedarme sin entrar: tenía razón; ni siquiera a último momento había entradas agotadas (pero quedaban pocas y no de las más baratas).

En ambas ocasiones mi sorpresa se extendió al público. Los berlineses lo recibieron y despidieron con una gran ovación, pero no parecían encontrarse ante un hecho de relevancia singular. Sólo los extranjeros parecíamos más ‘alterados’. Después entendí que el vecino de la ciudad era muy querido, admirado, respetado, y figura familiar, y por tanto se tenía la (bendita) costumbre de escucharlo con frecuencia.

Tampoco era -no lo sería hoy tampoco, creo- una de esas figuras hechas por su compañía de discos o multinacional correspondiente, con mucha publicidad, muchas marcas de lujo a sus pies. Más bien era de los que habían hecho grande a su compañía con su trabajo multifacético, su tesón, su enorme ‘voracidad’.

En la Bruselas de la temporada 1991-92 pasaba una gran figura algo veterana, no había puestas en escena discutibles que lo acompañaran ni artistas ‘afines’ a un estilo de dirección del teatro caracterizados sí por su modestia, pero de nivel artístico. Y aunque en Bélgica o su capital no fuera frecuente su presencia, pocos reaccionamos ante su magisterio en Schubert como lo merecía y –por lo menos en mi caso- fuimos mirados con cierta sorpresa no exenta de sospecha. No creo que porque mis vecinos hubiesen detectado alguna falta de color y algún problema en la extensión (del grave en particular), que podía bien permitirse con todo lo que mostraba, expresaba, explicaba (no olvidar que fue luego un conferenciante, autor de libros, y por encima de todo pedagogo, al final algo decepcionado no sé si por sus discípulos en concreto -espero que no- o por la actitud de los jóvenes aspirantes a cantantes en general).

"Un cantante con mayúsculas, una gran persona, y más que cantante, músico". Fue lo que me dijo una vez Victoria de los Ángeles hablando de sus grabaciones y de su interpretación conjunta (la firma de discos impidió que participaran de la grabación comercial aunque existe el ‘live’) de Tannhäuser en 1961 y 1962 en Bayreuth.

Por eso, ahora que se ha acabado, definitivamente, todo el canto (ver epígrafe), uno tendría ganas de preguntarle al camarada errante ‘wohin?’ (ese ‘adónde’ de La bella molinera que me impactó tan fuertemente hace más de veinte años). Me gustaría que la respuesta fuera ‘schöne Welt’ (‘mundo bello’ -2.- Ging heut morgen übers Feld), o, tal vez, mejor, ese ‘bessere Welt’ (‘mundo mejor’) del An die Musik del tan amado Schubert. Cómo me gustaría creer posible que ahora está, libre de edad, de trabas físicas, con Gerald (Moore) y Victoria repasando aquellos magníficos duetos, o los tres con la mejor Schwarzkopf volviendo a entonar mejor que nunca, incluso que en 1967, ‘Soave sia il vento’ (porque al final siempre se vuelve a Mozart). Como Quickly, pero sin ironía, ‘Reverenza!’.



Este artículo fue publicado el 21/05/2012

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