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Derribando fronteras

Karlheinz Stockhausen: Hymnen. Harald Bojé, electronium. Alfred Alings y Rolf Gehlhaar, percusión. Aloys Kontarsky, piano. Johannes G. Fritsch, viola eléctrica. Gürzenich Orchester Köln. Markus Stockhausen, proyección sonora. Karlheinz Stockhausen, filtros, potenciómetros, electrónica y dirección musical. Christoph Gronarz, ingeniero de sonido. 5 CDs ADD y DDD de 296:52 minutos de duración grabados en el Studio für Elektronische Musik de la WDR y en la Kölner Philharmonie de Colonia (Alemania), en 1966 y 1967, del 31 de marzo al 3 de abril de 1969, y del 8 al 10 de enero de 1994. Stockhausen Verlag CD 10 A-D y CD 47
imagen Después de anunciar a nuestros lectores ese auténtico hito discográfico que supone la Stockhausen Complete Edition, un conjunto de cien volúmenes en los que se recoge en su totalidad el catálogo musical del compositor alemán Karlheinz Stockhausen (Mödrath, 1928 - Kürten-Kettenberg, 2007), proseguimos nuestra revisión a algunas de las obras maestras producidas por este visionario de la música del siglo XX, buena parte de cuyos hallazgos y revoluciones provienen de sus intensas horas de investigación sobre las fronteras del hecho sonoro.

Uno de los géneros en los que Stockhausen fue universalmente reconocido, tanto por su carácter pionero, como por sus logros estéticos, fue la composición electrónica. En este terreno, piezas como Étude (1952), los dos Studie (1953/1954), o Gesang der Jünglinge (1955-56), suponen sus primeros pasos en un medio en el que bebió directamente de fuentes germinales como la ‘música concreta’ del francés Pierre Schaeffer -en su periodo de formación parisina con Olivier Messiaen-. En un breve lapso de tiempo, y ya en colaboración con el estudio electrónico de la WDR de Colonia, donde trabaja codo con codo con Gottfried Michael Koenig, dará salida a obras de mayor calado, en las que utiliza tanto sonidos pregrabados (en la línea de la ‘música concreta’), como síntesis puramente electrónicas, o propuestas híbridas entre lo acústico y lo electrónico. Kontakte (1958-60) o Telemusik (1966, compuesta en Japón) serán dos ejemplos paradigmáticos de ello, además de dos obras que demuestran una genialidad e intuición inauditas en unos lenguajes que, tengámoslo en cuenta, eran por entonces prácticamente nacientes, sin apenas tradición acumulada: horizonte al tiempo desnudo y libérrimo del cual el trasgresor Stockhausen hizo uno de sus topos musicales predilectos.

Con estos antecedentes, llegamos a una composición de la enorme ambición y envergadura de Hymnen, compuesta por Stockhausen entre 1966 y 1967 como música concreta y electrónica en el estudio de la WDR. De Hymnen existen tres realizaciones distintas: la ya citada y original versión puramente electrónica; una segunda versión que añade solistas acústicos y electrónicos en vivo (1967); y una tercera versión con orquesta (1969). Todas ellas son un producto típico de su tiempo, de aquellos irreverentes, convulsos e inquietos años sesenta en los que el arte se renovaba a una velocidad de vértigo, marcado por la voluntad de superarse a sí mismo ensanchando sus territorios. En Hymnen se vivencia esa energía tan libre, esa búsqueda indómita, esa unión de ruptura y rigor intelectual tan lúcido que caracterizó a la literatura, al cine, o a la pintura coetáneas, entre cuyos deslumbrantes ejemplos encontramos los artefactos textuales de Arno Schmidt, Juan Goytisolo o Guillermo Cabrera Infante; los palimpsestos fílmicos de Jean-Luc Godard, Alexander Kluge o Vilgot Sjöman; o las amalgamas plásticas de Robert Rauschenberg, Antoni Tàpies o Alberto Burri.

En 1966, Stockhausen afirmaba llevar tiempo deseando componer alguna obra a partir de los himnos nacionales de diversos países, así como albergar un fuerte deseo de crear una pieza electrónica mayor. Hymnen será el resultado de ese anhelo, una obra de casi dos horas de duración estructurada en cuatro regiones, cada una las cuales se articula a través de unos himnos que le servirán de base y a los que se van asociando otros himnos que escuchamos de un modo más o menos fugaz en algunos de sus compases más reconocibles. La primera de las regiones (dedicada a Pierre Boulez) tiene un núcleo doble, con La Internacional y La Marsellesa como himnos aglutinantes y presencias que reaparecen periódicamente. La segunda región (dedicada a Henri Pousseur) se basa cuatro núcleos: el himno de la República Federal Alemana, un conjunto de himnos africanos, el himno ruso, y un antiguo himno alemán que Stockhausen rescata y reconstruye para dar un sentido atemporal y palimpsestial a su trama histórico-electrónica. La tercera región (dedicada a John Cage) tiene tres núcleos: el himno ruso -que se retoma de la segunda región-, el himno norteamericano, y el himno español. La cuarta región (dedicada a Luciano Berio), se basa en el himno suizo y en el himno de la región utópica de Hymunion, en Harmondie, una suerte de trasunto musical de la globalización cultural que vislumbraba Stockhausen en los sesenta, producto de sus filiaciones panteístas y del deseo de superación de una polarización internacional marcada por la Guerra Fría y la amenaza atómica. En todo este recorrido multinacional, unos cuarenta himnos aparecen, desaparecen y reaparecen en un paisaje convulso, abigarrado y vivaz, marcado por una gran densidad sonora y cierta sensación de tumulto indescifrable.

Todo esto no quiere decir, ni mucho menos, que Hymnen sea un simple collage de citas hilvanadas electrónicamente; algo que rechaza categóricamente su autor. Se trata prácticamente de una radiografía musical del mundo en 1966; una radiografía en la que escuchamos emisiones de radio, lecturas de diversos textos, conversaciones, multitud de fragmentos musicales, clamores de muchedumbres, consignas de manifestaciones, estudios electrónicos, etc., con un papel protagonista, cierto es, de los citados himnos, que vienen a funcionar como espacios-refugio, como realidades identificables dentro del marasmo sonoro al que nos somete Stockhausen (unos himnos cargados de referencias históricas, políticas y subjetivas para cada oyente). Ni siquiera la composición en su totalidad tiene una finalidad definida, reconociendo Stockhausen que puede servir de base para un trabajo interdisciplinar junto con teatro, cine, danza, lectura poética, etc. La composición se abre a multitud de lecturas relacionadas con los conceptos de patria, nación, frontera o internacionalismo. El hecho de resultar estos himnos fragmentos tan familiares en el convulso paisaje sonoro de Hymnen hace que, según el propio Stockhausen, nos detengamos más a analizar no tanto de qué música se trata -inmediatamente identificable-, sino cómo ésta se inserta, modula y transforma en la propia composición. Stockhausen quiere que atendamos a cómo la música muta a lo largo de la pieza y aquello que parecía un espacio seguro en poco tiempo deja de serlo, cómo de una dimensión recalamos en otra, resultando todo ello una vorágine mestiza, volátil y transfronteriza.

Los himnos recabados por Stockhausen (alrededor de cuarenta) son sometidos a procesos musicales muy diversos, desde su modulación dinámica a su transformación armónica, produciéndose paradójicos y muy sintomáticos efectos de disolución, absorción, fusión o regeneración de unos himnos en otros; verdadera metáfora musical de la historia geopolítica de la humanidad, que Stockhausen conduce hacia una suerte de paisaje sin fronteras, en cuya utopía todo se acaba fundiendo a través de su confluencia tímbrica, dinámica, rítmica y armónica. Por supuesto, Stockhausen da cabida a una amplia selección de himnos de países africanos, oceánicos o asiáticos, así como a músicas populares del mundo (como el flamenco o las sevillanas españolas); ámbito éste de la etnografía musical que ya había explorado en Telemusik, donde se sensibilizó sobremanera con una interculturalidad que sería seña de identidad en tantas de sus obras, así como la fuerte orientación espiritual de sus reflexiones de corte más político.

Como señalábamos anteriormente, existen tres versiones de este atlas musical que es Hymnen. La segunda versión no difiere sustancialmente en sus presupuestos estructurales de la primera, siendo parte de sus motivos expuestos a modo de ‘comentarios’ sobre la base electrónica por solistas de piano, viola eléctrica, electronium, percusión o diversos filtros electrónicos. Se enriquece el panorama tímbrico con sonidos que portan reminiscencias más tradicionales (los de los instrumentos acústicos) con relación a la versión puramente electrónica, de la que toman y ejecutan pasajes diversos. La tercera versión, compuesta para electrónica y orquesta por encargo de la New York Philharmonic, comprende únicamente la tercera región, con una duración de 42 minutos. Comienza en la parte de la segunda región centrada en los himnos africanos y se va modulando hacia el himno ruso, a través de lo que Stockhausen denomina ‘Russische Brücke’, un puente musical al que el compositor recurre en Hymnen para unir las diversas regiones. La floración musical que posibilita el contingente orquestal, con una notabilísima aportación de la Gürzenich Orchester Köln, es esplendorosa, así como más ‘amable’ y refinada que las lecturas de los años sesenta, mucho más aristadas y vehementes. Los timbres orquestales convierten esta tercera versión en un objeto sonoro más convencional e identificable que la primera versión, sin duda la más personal y novedosa de todas, aquélla en la que los paisajes sonoros resultan más perturbadores e inclasificables. En todo caso, cualquiera de las tres realizaciones tiene sus matices propios, sus lenguajes, timbres y lecturas interpretativas.

Las grabaciones son excelentes, aunque para las versiones primera y segunda se trate de tomas analógicas de los años 1966, 1967 y 1969, preparadas por el propio Stockhausen a partir del original en cuatro pistas para una edición estéreo como la que nos ofrece la Stockhausen Verlag. La tercera versión, registrada en 1994 por la WDR de Colonia, presenta un sonido fastuoso tanto en lo orquestal como en la banda magnética; con lo cual, a nivel sonoro, los cinco compactos se recomiendan sin reservas. La edición del impresionante libreto de Hymnen -de casi 200 páginas- es completísima en cuanto a información sobre la composición y sus versiones, textos y entrevistas con Stockhausen, liturgia interpretativa y datos concernientes a la grabación de estos compactos. Se incluyen numerosísimos gráficos, esquemas y ejemplos de partituras, así como fotografías del compositor, de diversos conciertos con la obra, o de los aparatos y estudios electrónicos en los que ésta se gestó; todo ello para redondear una edición con un valor documental único. Por último, recordar a los lectores que deseen hacerse con estos registros fonográficos que pueden realizarlo a través de la nueva y completísima web de la Stockhausen Verlag; web a la que se puede acceder desde esta misma reseña.

Estos discos han sido enviados para su recensión por la Stockhausen Stiftung


Este artículo fue publicado el 03/10/2011

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Referencias:


Karlheinz Stockhausen