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Bel canto tedesco

Berlín, 01/05/2006. Staasoper Unter den Linden. Der Freischütz, ópera romántica en tres actos con libreto de Johan Freidrich Kind y música de Carl Maria von Weber (1820). Regie de Nikolaus Lehnhoff con cuadro escénico y vestuarios de Tobías Hoheisel. Carola Höhn (Agathe), Sylvia Schwartz (Ännchen), Burkhard Fritz (Max) Hanno Müller-Brachmann (Kaspar), Alfredo Daza (Ottokar), Christof Fischesser (Ermitaño) Coro y Orquesta de la Opera del Estado bajo la dirección de Julien Salemkour (director)
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¿Calidad en lugar de cantidad? Entre La flauta mágica (1791) y El holandés errante (1843) la ópera alemana produjo como obra maestra, solamente Fidelio (1814). Salvo que bajemos un poquitín el nivel e incluyamos a Der Freischütz (1820), la ópera de Carl Maria von Weber, cuyo título ha sido erráticamente traducido al castellano como El cazador furtivo o El francotirador.

¿O debemos bajar mucho el nivel? Porque este belcantista germano, con toda su vena melódica, no parece alcanzar una convicción dramático-musical similar a Donizetti o Bellini, que ya habían madurado lo suficiente como para librarse del cembalo en las óperas serias. No así Weber, cuya obra maestra, aún aferrada a la forma de singspiel, todavía rompe la fluidez dramática insinuada en inolvidables melodías, arias y coros, con larguísimos parlamentos que todavía son recitados en forma monocorde, como de alumno de bachillerato enumerando los ríos del Cáucaso. Y ni siquiera un regisseur de los quilates de Lehnhoff logró romper con la tradición, porque en su puesta para la opera del Estado en Unter den Linden, el movimiento escénico de sus personajes se mantuvo en ese convencionalismo de germanidad cazurra que tanto obstaculiza la comprensión de los conflictos internos que hacen a la buena esencia de la obra.

Fotografía © 2006 by Monika Rittershaus

'Max' debería ser el amante dispuesto a sacrificar su propia alma para obtener a 'Agathe' y ésta, más que una modosita de trenzas (rubias, por supuesto), es una verdadera una antecesora de 'Senta' en su decisiva rebeldía frente a una comunidad opresiva y obsesionada por supersticiones, que solo el ermitaño logra echar por tierra con su aparición final.

Sólo los decorados de Tobías Hoheisel permitieron visualizar la sugestiva instrumentación de claroscuros con que Weber alude a atardeceres en un bosque cargado de siniestras premoniciones. Momentos escénicos rescatables fueron de cualquier manera la pequeña casa de 'Agathe', una especie de cápsula de paredes color tiza azul claro, cuya pequeñez no hizo sino destacar la claustrofobia de ese hogar erigido en una atmósfera hostil, y un final que muestra la tristeza de 'Max' ante la muerte del malvado 'Kaspar'.

Fotografía © 2006 by Monika Rittershaus

El final no es del todo feliz y a los dos amantes parecen desolados ante la imposición de una nueva “prueba”, la de tener que esperar todavía un año para unirse, con todos los peligros que esto representa. Y que los peligros son los mismillos que acechaban al comienzo de la obra, lo demuestra la persistente sombra de 'Samiel'. El demoníaco cazador negro insiste en seguir vagando por estos bosques. Lo ha hecho todo el tiempo y lo sigue haciendo al final, en medio de esos cazadores dispuestos a matar todo bicho que encuentran por el camino para luego zapatear, cerveza en mano, esos coros con que tan bien compensan al público por ese humor retardado estilo Fritz y Franz. Yo hubiera actualizado la puesta mostrando a ese Samiel que comenzó su exitosa carrera política manipulando el lado negro de los bebedores de una cervecería de Munich.

Fotografía © 2006 by Monika Rittershaus

La versión musical fue en cambio de alta calidad, porque Julien Salemkour logró inspirar a la excelente orquesta de la casa a esos magistrales colores y dinámicas que tan bien lucen en esta partitura. Burkhard Fritz ('Max') es un tenor de sólido registro medio y poderoso passagio, digno de un buen Heldentenor, y Hanno Müller-Brachmann un bajo-barítono de notable dicción y fuerza de proyección vocal. Proyección y volumen faltaron en cambio en las mujeres. Carola Hohn ('Agathe') sigue exhibiendo esas veladuras a lo largo de todo el registro cuando canta en mezzoforte, pero cantó con maravilloso piano su segunda aria, 'Und ob die Woke sie verhülle'. La voz Sylvia Schwartz ('Ännchen') es expresiva y bien impostada pero demasiado pequeña. Los coros salieron también magníficos, con toda esa fuerza y redonda robustez que anticipa el germanismo coral de Wagner.

La versión de la Opera del Estado introduce radicales cortes en las escenas habladas que ayudan a una mayor concisión dramática.



Este artículo fue publicado el 12/06/2006

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