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En torno a Franz Joseph Haydn

Madrid, 24/01/2008. Auditorio Nacional de Música / Sala de Cámara. Annette Dasch, soprano. Ensemble Scharoun de la Orquesta Filarmónica de Berlín. Obras de Franz Joseph Haydn, Antonin Dvorák y Sofia Gubaidulina. XVI Liceo de Cámara. Aforo: 98%
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La temporada 2008 del Liceo de Cámara gira en torno a Franz Joseph Haydn, con énfasis sobre sus cuartetos de cuerda. Pero los dos primeros conciertos, a cargo del Octeto del Ensemble Sharoun de Berlín, nos trajeron otras composiciones, de Haydn y otros, bastante menos conocidas pero de gran interés. Por ejemplo: no creo que sea del dominio público que Haydn hizo versiones o arreglos de nada menos que de 365 canciones escocesas, con texto en inglés. Seis de estas canciones, más dos de otra serie, con texto alemán, iniciaron el programa del segundo concierto, que fue modificado por una leve indisposición del trompa que prefirió no actuar como solista en uno de los divertimenti, pero eso no le impidió asumir -y de forma notable- sus funciones en el conjunto.

Fue así que se repitieron estas ocho canciones que ya habían figurado en el programa del día anterior, y que fueron una especie de estreno de la adaptación que Ulf-Guido Schäfer hizo de las partituras originales, que preveen apenas violín, violoncello y piano como acompañamiento de la voz cantante. U. G. Schäfer es un destacado clarinetista y se ha especializado en la adaptación de obras para el octeto clásico, formado por cuarteto de cuerdas, contrabajo, clarinete, fagot y trompa. Es así, que el Sharoun Ensemble estrena en esta gira esta adaptación de ocho canciones de Haydn, con la actuación de la soprano Annette Dasch, y otra obra más, transcrita por el mismo arreglista, a la que me referiré más adelante.

Los ocho integrantes del Ensemble Scharoun se colocan en semicírculo, cuerdas a la izquierda, vientos a la derecha, asumiendo el 1º violín y el clarinete el rol de ‘concertinos’. La cantante se coloca entre el contrabajo y la trompa. Preciosas estas canciones escocesas, alternando entre serenas, alegres, felices, nostálgicas y joviales. Las dos con texto alemán, singulares: la primera, Ensalzamiento de la pereza, con música de ironía fina, y la segunda más bien delicada, sobre la vida perecedera de los seres humanos. La cantante tiene una voz muy agradable, con un timbre que tiende más a mezzosoprano que a soprano, y que para estas canciones sirvió idealmente. Los acompañamientos, y algún que otro pasaje instrumental sin voz, sonaron muy, muy bien. El adaptador respetó las intenciones del compositor y la instrumentación reflejó el carácter de cada canción.

A continuación, la otra adaptación hecha por el mismo arreglista U. G. Schäfer: la Suite checa op 39 de Antonín Dvorák, compuesta en 1879 para orquesta sinfónica. Las cinco partes de que consta esta suite, y de las cuales algunoas se han hecho bastante populares, se han basado -como su título indica- en música autóctona eslava, de ahí su encanto melódico y rítmico. En esta versión de cámara, toda esta riqueza surge con transparencia. Y si por añadidura se halla en manos de músicos tan expertos como éstos, la dicha es completa. Hubo abundantes rubati, muy bien coordinados, y todos los soli sonaron espléndidamente. Una buena idea para poder gozar, en la intimidad, de música tan rica en ideas y encanto.

La segunda parte del programa estuvo dedicada a música contemporánea: de Sofía Gubaidulina se interpretó su Hommage à T. S. Elliot, obra de 1987 escrita para octeto y voz, y que consta de seis segmentos, de los cuales hay tres sin voz y los otros tres con ella. No cabe duda alguna que la compositora rusa, muy prolífica, tiene una manera muy particular de convertir estados de ánimo en materia sonora, lo que le ha llevado a la fama de que goza. La sensibilidad de una mujer aflora en todo momento en su manera de expresarse. La obra dura algo más de 35 minutos, y los recursos instrumentales que utiliza para lograr su objetivo son muy variopintos: tanto a las cuerdas como a los vientos se les exige sacar de sus respectivos instrumentos sonoridades poco usuales, y si éstas además se hacen en conjunto oímos cosas fantasmagóricas, muchas de ellas muy sugerentes. La voz se agrega para dar mayor dramatismo, de ahí que la cantante se mudó de su vestido claro usado en las canciones de Haydn a uno negro para esta ocasión. Los textos cantados están en inglés, y son de carácter abstracto. Hay varios momentos de clímax, preparados con esmero mediante un gradual pero incesante aumento de la tensión. La escucha de esta obra deja nuevamente en evidencia la maestría de la Gubaidulina. La versión fue modélica. Todo estaba en su sitio, y mediante contacto ocular entre todos los integrantes del conjunto hubo una coordinación perfecta que testimonió un cuidadoso trabajo de preparación.

Aplausos prolongados premiaron la labor de estos estupendos músicos. Se llaman Scharoun Ensemble en homenaje al arquitecto que construyó la Filarmónica berlinesa. Siendo así, ellos también construyen bien sus programas, y sus estructuras funcionan a las mil maravillas. De este modo, hacen honor a su nombre.

El Liceo de Cámara regaló a todos los asistentes un voluminoso programa de mano, de 150 páginas, que abarca los conciertos de la temporada que giran en torno de Haydn, y se ocupa, en preferente lugar, de los cuartetos de cuerda en un extenso análisis redactado por Miguel Ángel Marín. También figuran los textos cantados (con traducción al castellano) y breves biografías de los músicos o conjuntos. Se trata, pues, de un serio esfuerzo, muy loable por cierto.

El ciclo se inició bajo una buena estrella y promete seguir así en conciertos sucesivos.



Este artículo fue publicado el 31/01/2008

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Referencias:


Annette Dasch