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Reflexiones inútiles

Génova, 20/01/2006. Teatro Carlo Felice. La Favorite (Opéra, París, 2 de diciembre de 1840). Libreto de A. Royel, G. Vaëz y E. Scribe; música de G. Donizetti. Puesta en escena: Lamberto Puggelli. Escenografía: Paolo Bregni. Vestuario: Carlo Savi. Intérpretes: Daniela Barcellona (Léonor), Giuseppe Filianotti (Fernand), Roberto Servile (Alphonse XI), Giovanni Battista Parodi (Balthazar), Aldo Bottion (Don Gaspar) y Eleonora Contucci (Inés). Orquesta y coro (director: Ciro Visco) del Teatro. Dirección: Riccardo Frizza
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El Carlo Felice se ha labrado en buena ley un nombre de probidad, inteligencia, innovación y equilibrio entre novedad y repertorio en la programación. Cuando los recortes dichosos del presupuesto (que se prometió paliar o volver a integrar -otro ejemplo, si hicieran falta más, de cómo juegan las autoridades italianas con la cultura que no le sirve a sus empresas televisivas y conexas) ya habían hecho daño para esta segunda parte de la temporada y, peor, para la próxima, vinieron a sumarse los reclamos de una parte al parecer no muy grande del coro y un sector técnico. He aplaudido y aplaudo la condena responsable de la muerte por asfixia de una cultura poco adicta a un régimen de nuevos ricos incapaz de valorarla; discuto que, en esas circunstancias, una parte de los cuerpos estables paralicen u obliguen a presentar a medias un título perfectamente preparado. En primer lugar, porque se infiere un ulterior golpe a la tan cacareada cultura, y en segundo porque -más que nunca ahora- es dar más argumentos a un enemigo que no los necesita…Y como probablemente esto no sirva para nada y a pocos les importe, de ahí el título de esta reseña.

El caso es que la primera presentación de la versión francesa original -prácticamente en forma integral- del una vez popular título de Donizetti (aunque, seamos leales, sobre todo en su versión italiana -que empeora las cosas ciertamente en el libreto y tradicionalmente ha impuesto un tipo de canto ‘preverdiano’ o ‘verdiano’ que no siempre es el adecuado) se vio, al menos en las dos primeras representaciones, convertido en una selección de la ópera sin coro, con un decorado fijo (probablemente el lector vea aquí fotos de algo que yo no vi ni intuí) y los cantantes con atriles y en traje de noche. Yo suelo apoyar -cada vez más, por múltiples razones económicas y artísticas- las versiones de concierto de una ópera, siempre que esa haya sido la intención del teatro al programar el título y que se puedan ofrecer de modo completo. De otra manera (este caso), no.

Fotografía © 2006 by Teatro Carlo Felice

Y es una pena porque había algunos elementos dignos de algo más que atención. Por ejemplo, la lucida prestación de Barcellona en un papel que preludia seguramente a otros roles distintos de los que ha venido interpretando con más éxito hasta ahora -los travestidos, y en particular los rossinianos. Si sus agudos son algo abiertos y en el extremo tienen una resonancia metálica que debería -y podría- evitar, la voz sonó enorme, pareja, afinada, con cantidades de fiato, un francés loable y un intento de expresividad que en las condiciones en que se movió fue más que suficiente y bienvenido. Tras su gran escena del tercer acto obtuvo la mayor ovación de la noche y un -sin duda exagerado en sí mismo- “sei grande” que salió directamente del alma de un espectador agradecido.

Daniela Barcellona y Giuseppe Filianotti Fotografía © 2006 by Teatro Carlo Felice

Filianotti es un cantante musical de bello timbre y volumen algo reducido, pero en Donizetti eso se admite. Lo que es más difícil de admitir, sabiendo que tiene las notas, es que los nervios le impidan dar un do decente (primer aria) o siquiera intentarlo (la más famosa del último acto, donde, además, intentó compensar con más volumen y alargando la frase hasta que desafinó). Dijo bien los recitativos y también procuró ‘actuar’, pero tendrá que meditar seriamente en este problema (y evitar acudir a maestras que han resuelto los suyos a base de trucos ‘expresivos’).

Daniela Barcellona y Roberto Servile. Fotografía © 2006 by Teatro Carlo Felice

Servile cantó ‘Alphonse’ golpeando ciertos agudos y con algunos problemas de volumen y de flexibilidad en la cabaletta, aunque en este caso la culpa principal no es suya. La voz ha crecido y sigue teniendo un buen color, pero suena algo más rígida.

Si los comprimarios fueron apenas correctos, Parodi presentó un monje interesante aunque hay momentos en que esa bella voz de bajo no se proyecta con igual facilidad, pero a los veintiocho tiene suficiente tiempo como para resolver eso.

La orquesta hizo un buen trabajo técnico, pero no llegó a una buena interpretación porque Frizza se mostró precipitado, inclinado a los grandes volúmenes pese a lo cual el preludio sonó avaro de lirismo e inexpresivo y el ballet -una página no demasiada inspirada-en el mejor momento sonaba al cancan de Offenbach. Al no poder escuchar al coro, no puedo decir cómo se las arregla para fusionar el todo y mantener un equilibrio que más de una vez pareció a punto de perderse. Convendría recordar que no hay orquesta de ópera italiana hasta Puccini (con algunos momentos que habría que discutir de Verdi) que pueda colocarse por encima de la voz.



Este artículo fue publicado el 25/01/2006

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