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Un concierto con bombón final a la vieja usanza

Córdoba, 19/12/2008. Gran Teatro de Córdoba. Alexis Cárdenas, violín. Orquesta de Córdoba. Manuel Hernández Silva, director. J. Haydn, Sinfonía nº 45 ‘Los adioses’. W. A. Mozart, Sinfonía nº 38 ‘Praga’. Tríptico para violín y orquesta: C. Saint-Saëns, Introducción y rondó caprichoso; E. Chausson, Poema; M. Ravel, Tzigane. Temporada de abono 08/09. Concierto de Navidad
imagen Mi curiosidad por escuchar al director Manuel Hernández Silva dirigiendo la Praga de Mozart, expresada en una crítica anterior [leer reseña], me llevó a atravesar España de punta a punta en fechas ya casi navideñas, lo que además de darme la feliz oportunidad de visitar nuevamente Córdoba, tras muchos años de ausencia, me hizo disfrutar de un concierto con bombón final ‘a la vieja usanza’, tal y como gustan en el Nuevo Mundo y parecemos haber olvidado en el Viejo. El violinista Alexis Cárdenas honra a sus oyentes improvisando sus bises y en esta ocasión comenzó con el más internacional de los villancicos -Noche de paz- que desde Centroeuropa viajó hasta Venezuela en un portentoso dúo de violín y maracas –tañidas con increíble virtuosismo por Hernández Silva- que remató en un baile de zapateado que removió en sus asientos al respetable. La ovación fue de las de exigir ‘orejas y rabo’, pero afortunadamente no había víctima propiciatoria ni presidente de la corrida.

Precisamente por no haber presidente presente al que hacer reivindicaciones, no consideró procedente Hernández Silva que los músicos se levantasen del atril en el último movimiento de la Sinfonía ‘Los adioses’. Gracias a tan sabia y prudente decisión el público pudo disfrutar del habilísimo entramado armónico que Haydn diseñó para lograr vaciar la orquesta sin que falte la música en ningún momento. Habitualmente los movimientos de los músicos -cuando no los ruidos que producen- distraen al público de lo que está sonando, ya no digamos cuando el director decide ‘hacer el ganso’ y sale corriendo a perseguir a los músicos. Haydn –que era un maestro del humor- sabía dosificar la comicidad para que el silencio cómplice de la sonrisa del oyente le permitiera disfrutar del discurso musical. Mal director es aquel que -como Barenboim en Viena hace pocos días en su Concierto de Año Nuevo- incita a las carcajadas con sus payasadas mientras suena la música.

Volviendo a Haydn y a Hernández Silva, y a pesar de que este se ha formado en Viena, he de decir que ha sabido recoger lo mejor de la tradición interpretativa anglosajona de Haydn, incluyendo la transparencia y el sentido del humor. Le aporta ese maravilloso sentido métrico que ya le había admirado en el concierto de música latinoamericana antes citado, y que tan bien conviene a las sutiles asimetrías de pulso haydnianas. La Sinfonía 'Los Adioses' está escrita casi quince años antes de la Sinfonía 'Praga' para una plantilla orquestal y para unas condiciones acústicas muy distintas, aparte de que Haydn compuso para unos profesionales muy competentes y muy bien retribuidos que él mismo había seleccionado personalmente, mientras que Mozart lo hizo para una orquesta genérica.

Efectivamente, Hernández Silva dirigió a dos compositores totalmente diversos, tanto en lo conceptual como en el tejido sonoro. El impulso que aplica Hernández Silva a Mozart lo coloca en la tradición interpretativa vienesa mientras que su perspectiva vital desde el siglo XXI le permite optar por el uso con absoluta libertad de articulaciones y planos sonoros tomados de las perspectivas autodenominadas ‘historicistas’. Y nuevamente su pulso latinoamericano bombeando sangre a esta sinfonía clave del catálogo mozartiano. Les aseguro que no defraudó mis expectativas y que mi largo viaje mereció la pena.

La segunda parte del concierto estuvo dedicada a tres obras francesas de la Belle Époque, presentadas como un tríptico para violín y orquesta en el cual Hernández Silva cedió absoluto protagonismo a su compatriota Alexis Cárdenas, un violinista temperamental que brilló especialmente en las piezas en estilo gitano de Saint-Saëns y Ravel. Acorde con su propia concepción interpretativa, Cárdenas como Kreisler parece anteponer la belleza a la perfección, tiene un sonido ligeramente recogido, óptimo para exhibir los armónicos de Tzigane pero que le perjudicó en su confrontación con los metales de la Orquesta de Córdoba en el Poema de Chausson.

La labor de Hernández Silva con la Orquesta de Córdoba ha sido y es formidable, habida cuenta de la irregularidad en la calidad de la plantilla y los vaivenes que ha sufrido en su dirección artística. Es evidente que ha llegado a ese momento mágico que sólo consiguen los grandes concertadores en el cual las orquestas confían en la batuta y siguen tocando a pesar de los fallos individuales, porque saben que están haciendo música. Pero es también evidente que los gestores políticos de la Orquesta de Córdoba deben tomar decisiones sobre la renovación y mejora profesional de la plantilla, dado que la actual no puede seguir respondiendo durante mucho tiempo a las expectativas de calidad despertadas.


Este artículo fue publicado el 12/01/2009

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