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Se necesita algo más que intención

A Coruña, 05/02/2009. Teatro Colón CaixaGalicia. Ciclo de Zarzuelas. P. Sorozábal: Katiuska. T. Bretón: La Verbena de la Paloma. R. Soutullo y J. Vert: La del Soto del Parral. Varios autores: Antología de la Zarzuela. Gerardo Meré, dirección escénica. Compañía Lírica de Zarzuela de Madrid. Principales solistas: Margarita Marbán, Rosa Ruiz, Judith Borrás, María José Molina, Lucía Martín, Gleisy Lovillo, sopranos; Arturo Pastor, Alberto Arrabal, barítonos; José Manuel Más, Gonzalo Terán, tenores; Nacho Muñoz, tenor cómico; Jesús Cordón, Gerardo Meré, Antonio Galera, Amparo Madrigal; Luís Bellido, actores y otros intérpretes. Orquesta, Coro y Ballet de la Compañía. Félix San Mateo, dirección artística y musical. Ocupación: 100%
imagen Por tercer año consecutivo ha quedado demostrado que en A Coruña hay ganas de escuchar zarzuela. Una vez más, se agotaron las entradas para las tres funciones de la mini temporada que el Teatro Colón suele presentar por estas fechas. Y la verdad, se puede considerar la edición de este año como un pequeño paso adelante, puesto que, aunque aún quede mucho camino por recorrer, en esta ocasión se vislumbraron aciertos parciales que en años anteriores prácticamente brillaron por su ausencia.

Se invitó a la Compañía Lírica de Zarzuela de Madrid con tres títulos sobradamente conocidos y repletos de dificultades -Katiuska, La Verbena de la Paloma y La del Soto del Parral- y una pequeña antología. Montajes escénicos sencillos pero funcionales -especialmente lucido el de Soto- sobre una dirección escénica -firmada por el también actor e intérprete cómico de la compañía Gerardo Meré- sin sorpresas, que deja hacer a los cantantes más que marca unas pautas concretas, con lo que se tiende a caer en lugares comunes. Es por eso por lo que la mayoría de los personajes quedan escénicamente desdibujados, siempre y cuando no haya un intérprete de una personalidad desbordante. Entre los actores se observó de hecho este defecto muchas veces. La veterana Amparo Madrigal fue una funcionalísima -parte vocal al margen- Tía Tatiana en Katiuska pero dejó pasar la oportunidad de descollar en La Verbena de la Paloma como Tía Antonia, un personaje que bien interpretado es un bombón y del que ella se quedó en los aspectos más básicos, sin saber exprimir todo el jugo que tiene el rol. En el otro lado de la balanza hay que situar la desternillante personificación que del comerciante catalán Amadeo Pich trazó Jesús Cordón en Katiuska, que repitió al día siguiente como un correcto Don Hilarión en la Verbena -en este caso también en lo vocal-. Por último, el propio Gerardo Meré fue un simpático Coronel Bruno Brunovich en Katiuska, aunque en lo vocal dejase bastante que desear en un personaje en el que hay que cantar más de lo que parece. Además, en Soto, arrancó carcajadas leyendo el imposible romance a plazos del Tío Prudencio.

De entre la compañía de canto, donde hubo de todo como en botica, que diría Don Hilarión, hay que destacar por encima de todos al tenor José Manuel Más (Príncipe Sergio en Katiuska), de largo el mejor solista de cuántos se escucharon durante los tres días: una voz bella de tenor lírico, con gusto en el canto y agudos adecuadamente incisivos que bien podría hacer una carrera importante si perfecciona algunos aspectos técnicos menores. En la Antología ofrecida el segundo día junto a la Verbena, dio lo mejor de sí cantando hermosas versiones de dos clásicos como 'La roca fría del calvario' de La Dolorosa y 'No puede ser', de La Tabernera del Puerto, desbordando el entusiasmo de un público que sabe reconocer lo bueno. Un escalón por debajo estuvo el interesante barítono Arturo Pastor (Pedro Stakoff el primer día y Julián el segundo), de voz sana y hermosa, aunque algo apurado en el agudo, por lo que el papel del cajista de imprenta en la Verbena le lució menos que el de Comisario ruso en Katiuska. Durante la Antología, estuvo especialmente acertado con la 'Canción del gitano' en La Linda Tapada. Como actor, dio mejor el perfil del idealista ruso que el del hombre con celos mal reprimíos.

Siguiendo con la lista de voces interesantes, hay que destacar a la bien timbrada Seña Rita de Rosa Ruiz, que además fue de las pocas que en la Verbena acertó a encontrar el perfil justo de su personaje. Ese mismo día, en la Antología posterior, se distinguió con el pasacalle de La Calesera y el celebérrimo dúo-farruca de La del Manojo de Rosas -esta vez junto a Arturo Pastor-. Junto a ella, se puede destacar positivamente la breve intervención de Gleisy Lovillo como una Cantaora que supo aprovechar su momento para hacerse notar.

Voz de menor atractivo a causa de una emisión no demasiado ortodoxa, pero con todas las notas para cantar el personaje de Germán en Soto mostró el también barítono Alberto Arrabal, que por otra parte dio muy bien el porte del atormentado hacendado.

Insuficiente pese a las buenas intenciones la Aurora de Judith Borrás -que por cierto ya había interpretado este rol en la última producción de Soto que se vio en la ciudad-, por un vibrato acusado que tiende a hacer que la voz se destimbre, descontrolándose en el agudo, aunque hay detalles bonitos cuando apiana, y como personaje funciona de forma efectiva; así como el Miguel de Gonzalo Terán, que, pese a la belleza de la voz, adolece de proyección escasa y tensión conforme asciende al registro agudo.

De la pareja cómica, Nacho Muñoz y María José Molina, destacó más él -Boni, Don Sebastián, Damián- que ella, que aunque muy desenvuelta el primer día como Olga en lo escénico, tuvo serios problemas con la romanza del 'Ucraniano', y el segundo día acometió una Susana que, simplemente, no casa en absoluto con su tipo de voz. Sin embargo, en Soto, ambos dieron los mejores momentos de la noche, tanto en lo musical como, sobre todo, en lo escénico, estando frescos y divertidos sin caer en el histrionismo al que tanto se prestan estos personajes.

Córrase un tupido velo sobre la actuación de Margarita Marbán en el personaje titular de Katiuska, una cantante a la que muchos lectores recordarán por haber sido una espléndida Eponine en la producción española del musical Los Miserables en los primeros noventa, pero que esta noche no alcanzó los mínimos exigibles para un rol de esta envergadura ni técnicamente ni tímbricamente.

Dignos el conjunto coral -casi siempre mejor la parte femenina que la masculina- y las tres parejas de baile.

Sorprendentemente la Orquesta estable de la compañía sonó bastante afinada, para lo que acostumbran a ser estos conjuntos. Sin embargo, la dirección de Félix San Mateo acusó de exceso de decibelios -perjudicando a las voces-, y, lo más grave, de unas lecturas planas y de lentitud exasperante, lo que dio al traste con muchos de los números: los solistas, incapaces de seguir unos tempi solo aptos para fiato a prueba de bomba, no lograban llegar al final de las frases cómodamente -¡lógico!-, con lo que se produjeron varios desajustes entre foso y escena las tres noches, especialmente escandalosos en los bellísimos concertantes de Soto. Una pena, porque con otra batuta se hubieran ganado muchos enteros.

El público lo pasó en grande, porque al fin y al cabo se les ofrecía la música que habían ido a escuchar... y a cantar -hubo más de un espontáneo entre el público que bien podría haber subido a salvar la función en caso de emergencia-. Y ante este amor manifiesto de la ciudad por el género, es por un lado encomiable el que el teatro presente un poco cada año -no olvidemos que antes de la reapertura del Colón CaixaGalicia la programación de zarzuela en la ciudad era mínima-, pero no se puede evitar pensar que los aficionados coruñeses se merecen mucho más en cuanto a calidad. Con el esfuerzo de las instituciones se puede conseguir, y está claro que el público lo pide a gritos.

No quisiera acabar esta crítica sin agradecer al personal de prensa del teatro su amabilidad y eficacia al facilitarme los datos referentes a los repartos de las tres funciones, pues, por algún motivo que se me escapa, no hubo programas de mano ninguna de las tres noches, y los intérpretes tan solo se anunciaron por megafonía.

Un último apunte: no deja de ser sorprendente ver como los preludios e intermedios a telón bajado siguen sirviendo, como en la antigüedad más remota, para que parte del respetable finalice tranquilamente sus conversaciones en voz alta o conteste a sus teléfonos móviles para recordar a su interlocutor que está en la zarzuela y no lo puede atender ahora. Incluso cuando en pleno preludio de La Verbena de la Paloma una aficionada pidió silencio a otra por respeto a la música, lo que recibió por respuesta fue que no entendía cuál era la molestia porque allí no se estaba viendo todavía nada.... Digno de reflexión.

Este artículo fue publicado el 18/02/2009

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Esta reseña recoge las tres funciones celebradas los días 5, 6 y 7 de febrero de 2009 en el Teatro Colón

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Comentarios:
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anonimo 08/03/2010 20:50:15
Ni idea tienes sobre el comentario que haces de la soprano Margarita Marbán. Tendrías que haber visto la función lo primero y para una soprano con 20 años de carrera en el mundo de la lírica te has quedado muy abajo, ya que la sobrado técnica de esta soprano que ha demostrado su buen hacer en el escenario y su bellisima voz en roles bastante más complejos como Doña Francisquita o Marina está muy por encima del rol de Katiuska


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