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Estatismo, pero emoción

Toulouse, 12/10/2008. Théâtre du Capitole. Oedipe de Georges Enescu sobre libreto de Edmond Flegg (Estreno, Opéra de París, 1936). Dirección escénica, Nicolas Joel (realizada por Stephane Roche). Decorados, Ezio Frigerio. Vestuario, Franca Squarciapino. Ilumninación, Vinicio Cheli. Elenco: Franck Ferrari (Edipo), Arutjun Aotchinian (Tiresias), Vincent Le Texier (Creón), Emiliano González Toro (Pastor), Enzo Capuano (el Gran Sacerdote), Harry Peeters (Phorbas), Jérôme Varnier (Vigilante), Andrew Schroeder (Teseo), Marie-Nicole Lemieux (La esfinge), Amel Brahim-Djelloul (Antígona), María José Montiel (Merope) y otros. Coro y Coro infantil del Capitole. Coro de la Ópera Nacional de Bordeaux. Orquesta Nacional del Capitole. Pinchas Steinberg, dirección musical. Primer título de la Temporada 2008-09
imagen El Teatro del Capitolio de Toulouse inició su temporada con un título poco habitual en el repertorio, y que sin embargo tiene un enorme interés. Como suele suceder con estos compositores de una sóla ópera, máxime si además han pasado a la historia como virtuosos instrumentistas, uno tiende a olvidar que Enescu fue algo más que un diletante en lo que se refiere a la música escénica. Edipo es una ópera llena de emoción, con un buen libreto y un lenguaje musical muy atractivo.

El montaje de Nicolas Joel, una nueva producción realizada en colaboración con el Festival Internacional George Enescu de Bucarest, resaltó las mejores cualidades de la ópera sin necesidad de recurrir a originalidades o extravagancias. Los elementos escénicos fueron muy pocos -un templo y unas bancadas evocando la disposición de un teatro griego, y más simbólicos que realistas, pero Joel no se apartó del libreto ni de la música de la ópera, algo que se agradece siempre, pero especialmente cuando -como en este caso- se trata de una obra poco conocida por el público.

De los decorados de Frigerio -bastante clásicos, pero más romanos que griegos- o el vestuario de Squarciapino -en absoluto fidedigno, pero atractivo- poco se puede añadir: con la mera mención de sus nombres ya está claro que se va a disfrutar de un trabajo bien hecho, evocador y con mucha magia escénica (lo cual no significa necesariamente glamour)



Franck Ferrari
Fotografía © 2008 by Patrice Nin

Gran parte del éxito de la ópera se debió a su protagonista, Franck Ferrari, que combina una voz potente con una capacidad expresiva que hizo que en sus primeras intervenciones sonara bien, pero no muy emocionante: Edipo es más una figura mítica, marcada por su destino y el misterio que rodea su origen, que una persona real. Pero a medida que avanzaba la acción, y sobre a partir de su confesión en el tercer acto, Ferrari derrochó expresividad y capacidad de emocionar, y se convirtió en un ser humano más que un mito.

Amel Brahim-Djelloul dió una imagen frágil de Antígona, que en este momento es todavía poco más que una adolescente. No tiene una voz potente, pero su timbre se adapta muy bien a lo que se le pide en el montaje. Por su parte Tiresias mostró una potencia y un timbre vocal más interesantes que sus cualidades escénicas, pero -como todos los elementos de esta producción- cumplió más que sobradamente con lo que se le pedía y fue incluso 'braveado' en los aplausos finales. Del resto de los personajes, merece la pena destacar a Marie-Nicole Lemieux, en su papel de Esfinge, quien consiguió darle a su papel un gran interés, y acabó siendo una de las cantantes más aplaudidas de la velada. En general tuve la sensación de que el teatro tenía una sonoridad que favorecía a los cantantes, ya que todos ellos se escucharon bien, y los textos que cantaban se entendían con facilidad.




Franck Ferrari y Maria José Montiel
Fotografía © 2008 by Patrice Nin


Acaso por la influencia del día, el 12 de octubre, cuando en España se celebra "la fiesta de la hispanidad", me fijé especialemente en las dos intervenciones latinas de la representación. Emiliano González Toro, tenor suizo de padres chilenos, se está convirtiendo en una de las figuras del Teatro del Capitolio. No sólo actúa en una gran parte de las producciones de la temporada, sino que próximamente se presentará también como solista en uno de los "conciertos de mediodía" del teatro. Tiene una voz bonita y sobre todo un fraseo muy expresivo. Por su parte, la presencia de María José Montiel fue otra agradable sorpresa, y -aunque suene chauvinista- me hizo sentir un poco en casa. Su papel como Merope es muy breve, pero cumplió sobradamente con él y fue aplaudida en los saludos finales.

La orquesta me impresionó gratamente, algo que por otra parte esperaba, pues ya en varias ocasiones me habían hablado de ella como la mejor orquesta de Francia en la actualidad. El coro tuvo algunos fallos, en absoluto significativos, y cierta ambivalencia en las entradas, pero en cambio sonaba afinado, bien compensado y escénicamente funcionó muy bien. Dentro del ambiente evocativamente griego que impuso Joel, su actuación era muy estática, un poco al modo de lo que se espera de un coro teatral griego, pero no por ello falta de emoción.



Enzo Capuano y Franck Ferrari
Fotografía © 2008 by Patrice Nin


Si este es el nivel medio del Capitolio de Toulouse, sólo me queda recomendarles que vayan si pueden. La ciudad hace honor a su fama, el teatro es antiguo pero cómodo (ha sido bien restaurado), la calidad de cantantes, coro y orquesta superior a la media, los montajes (por lo menos este) de calidad y sin planteamientos raros que le despisten a uno, etc. Pocas veces he quedado tan satisfecha en mi primera asistencia a un teatro que -a priori- no se considera como un must.


Este artículo fue publicado el 30/10/2008

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