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Un clásico del siglo XX

Bilbao, 24/03/2007. Palacio Euskalduna. Francis Poulenc, Dialogues des Carmélites. Libreto basado en la obra teatral de Georges Bernanos. Joseph Franconi Lee (sobre una idea original de Alberto Fassini), dirección de escena. Pascuale Grossi, escenógrafo y figurinista. Franco Marri, iluminación. Ainhoa Arteta, Blanche de la Force. Denia Mazzola, Mme. Lidoine. Kathryn Harries, Mme. de Croissy. Natasha Petrinsky, Mère Marie. Elena de la Merced, Soeur Constance. Nuria Orbea, Soeur Matilde. Anna Tobella, Mère Jeanne. Christian Jean, L’Aumônier. José Luis Sola, Chevalier de la Force. Christhophe Fel, Marquis de la Force. Alberto Arrabal, L’Geôlier/Monsieur Javelinot. Alberto Feria, Thierry/ L’Officier. Coro Intermezzo, monjas carmelitas.Coro de Ópera de Bilbao, Boris Dujin, director del Coro. Orquesta Sinfónica de Bilbao. Carlo Montanaro, director musical. 55 Temporada de la ABAO. Ocupación 80%
imagen La 55 temporada de la Asociación Bilbaína de amigos de la Ópera (ABAO) se está caracterizando por la incorporación de títulos que nunca se habían representado en esta ciudad. Si en enero fue, y dentro del proyecto 'Tutto Verdi', Oberto, la primera y poco conocida obra del maestro italiano, ahora ha sido Dialogues des Carmelites, de Francis Poulenc, la que por primera vez se ha representado a orillas del Nervion.

Es ésta una ópera que está teniendo una importante recuperación en nuestro país. Si hace algunas temporadas lo fue en Sevilla y la pasada en el Real, hoy le toca a la ABAO poner en pie una de las obras vocales fundamentales del siglo XX. Basada en la obra teatral de George Bernanos, que se inspiró en la novela de Gertrud von Lefort, Poulenc y el libretista E. Lavery nos narran la historia de las monjas de un convento carmelita francés en la época revolucionaria, y en especial de la novicia Blanche de la Force. Aunque el trágico final de las monjas y la intolerancia hacia la religión en la época del Terror sean lo más llamativo del argumento, hay un trasfondo de mucho más calado que habla de sentimientos muy humanos: el miedo, el valor, la muerte, la relación con Dios, como muy bien comenta Gregory Bloch en uno de los mejores artículos que aparecen en el programa general de esta temporada. Esta obra coral tiene personajes que viven estos sentimientos de distinta manera: como una tragedia, como una cruz o como una suerte. Y son todos personajes femeninos, porque los masculinos, con excepción del 'Chevalier de la Force', hermano de la protagonista, son secundarios.

Qué bien transmitieron todas las cantantes elegidas estos papeles tan dispares: sería difícil destacar una entre las cinco más importantes. Verdad es que, a la hora de saludar, la última es la que encarna a la joven novicia, 'Sor Blanche' (no en vano está presente en once de las doce escenas que componen la obra), pero todas ellas brillaron con luz propia.

Ainhoa Arteta se volvía a presentar en el Euskalduna después de su notable 'Manon' de la temporada pasada. Su caracterización de 'Sor Blanche' fue muy convincente y de buena actriz. Como cantante, cumplió con lo exigido por el compositor sin dificultades, y con una gran y bella proyección. Denia Mazzola ya es conocida por los espectadores de la ABAO, que valoran sus cualidades: una gran expresividad, una perfecta modulación y una excelente sonoridad. De gran frescura podemos definir la interpretación de Elena de la Merced, uno de los valores españoles en alza, que fue muy aplaudida, como el resto de sus compañeras. Natasha Petrinsky, que se presentaba por primera vez aquí, dejó un buen sabor de boca, con una presencia escénica muy convincente y con un ágil manejo vocal. Mención aparte por su dramatismo merece la interpretación de Kathryn Harries como la anciana superiora. Aunque empezó algo dubitativa y con potencia escasa, en la escena de su muerte se ganó al público.

Entre los roles masculinos, solo destacar a José Luis Sola como 'Chevalier de la Force'. Su joven voz encajaba muy bien con el papel, y aunque le falta algo más de presencia escénica y empaque vocal, se le augura un brillante futuro.

El coro femenino Intermezzo, que también debutaba, destacó tanto en el 'Ave Maria' como en la 'Salve' final.


Subida a la guillotina.
Fotografía © 2007 by E. Moreno Esquibel

Un descubrimiento fue la dirección de Carlo Montanaro, que dirigió a la siempre solvente Orquesta Sinfónica de Bilbao. Destacó tanto en los pasajes más camerísticos como en los grandes momentos orquestales, de gran fuerza y sonoridad, como la escena de la guillotina, uno de los finales más estremecedores de la historia de la ópera.

¿Y la puesta en escena? Pues sí, la hubo, pero si no la hubiera habido tampoco hubiera pasado nada. Es original de Alberto Fassini, y en Bilbao la dirigió Joseph Franconi Lee, pero su aportación a la historia fue nula. Verdad es que tampoco la complicó. Representaba, de una manera tremendamente realista (de cartón piedra el palacio de la Force, mejor las escenas de convento) los escenarios de la obra, así como los trajes de la época. Solo en la escena final aportó algo al dramatismo del momento, apoyada en la buena iluminación de Franco Marri. El movimiento escénico fue simplemente correcto.

Por último, señalar dos defectos que aparecieron en la representación: por un lado, el ruido que produce el aire acondicionado del Palacio Euskalduna, mucho más audible en esta obra, con tantos silencios y momentos camerísticos. Y por otro, el estruendo de los operarios que cambiaban el escenario en cada interludio, a veces tapando a la orquesta o a los cantantes. Francamente, lamentable.

Este artículo fue publicado el 29/03/2007

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