Entrevistas

Mundoclasico.com » Artículos » Entrevistas

Saimir Pirgu, de violinista a tenor

imagen

Uno de los mellizos quería cantar, pero las autoridades se decidieron por el violín, y a Saimir Pirgu no le quedó mas remedio que cumplir órdenes hasta la caída del comunismo en su país natal. “¡Pues era un asunto simplísimo!, como debe serlo en Corea del Norte”, me comentó con ese humor suave e irónico que mantuvo a lo largo de toda la entrevista. “Los jerarcas nos escuchaban y después mandaban una carta a los padres con instrucciones precisas. Si cantas entonado te mandamos a las cuerdas. Si tienes manos largas, pues…¡pianista! ¡Y como llegué a odiar el violín! De los ocho a los diez años tuve que estudiarlo desde las seis al medio día. A las tres de la tarde, escuela de música. Luego estudiar hasta las seis y a la cama a las ocho. Y sí, tal vez el sufrimiento y la disciplina fueron importantes en mi formación, ¡pero que tortura! En fin, lo cierto es que el violín fue importante en el desarrollo de mi entonación vocal. Sin violín tal vez no hubiera llegado a cantar tan joven bajo la dirección de Claudio Abbado.”

Lo hizo a la edad de 22 años en una producción de Così fan tutte en Ferrara. “Abbado es celestial, y dirige con naturalidad suprema, como si no se diera cuenta de estar creando una interpretación maravillosa, y en los ensayos tiende a dar pocas indicaciones. Riccardo Mutti en cambio es mas exigente en los ensayos donde siempre explica claramente lo que quiere y lo deja a uno bastante libre durante la función.” También admira a Nikolaus Harnoncourt que le dirigió en el rol protagónico de Idomeneo en el Festival de Graz en el 2008 luego de una audición inusual: “a diferencia de lo que ocurre en otras audiciones, donde uno no tiene que escuchar a los que lo preceden, en esta estábamos obligados a escuchar a todos cantando las arias de Idomeneo. Cuando me llegó el turno ya estaba harto de escucharlas y por ello pregunté si no podía cantar otra cosa”. “¡Pero por supuesto! ¿Y qué quisiera cantar? “ le preguntó Harnoncourt. ´Tombe degli avi miei´ le sugirió Pirgu, y él aceptó. “Cuando luego pasé a un aria de Idomeneo, Harnoncourt me detuvo a los dos minutos y poco después me informaban de que me daban el papel. Harnoncourt buscaba un tenor lírico pero con buen squillo, calma y agilidad. Harnoncourt es maravilloso en su respeto por el artista, y el trabajo en detalle con los cantantes. Y pensándolo bien, me hubiera sido imposible tener éxito tan joven, si no hubiera sido por la suerte de haber comenzado a trabajar con grandes directores."

Pirgu como 'Idomeneo' en Graz

© 2008 by Festival de Graz

Pero, sugiero, el éxito se debe también su capacidad de aprender roles poco tiempo. “Si, es cierto que soy veloz y que también trabajo bien bajo presión temporal. Estudio rápido un personaje para vez si me interesa, leo el libreto, me voy a las arias mas importantes y luego paso a aprender el resto. Pero es fundamental trabajar con grandes directores y en materia de ópera hay una gran diferencia entre estos y los directores mas jóvenes.”

¿Puede hablar un poco mas de esto? “Si, porque se trata de algo fundamental para un cantante joven. Los grandes directores de orquesta de generaciones anteriores a la nuestra conocen las voces y saben como trabajar con los cantantes y orquestas de diferente calidad, perfeccionando a unos y otras a través de ensayos. Ensayando con ellos uno desarrolla y perfecciona un rol. Ya he mencionado a Abbado, Mutti, y Harnoncourt, y aún a riesgo de dejar otros nombres que seguramente merecen incorporarse a esta categoría quiero mencionar también a Maris Jansons, un director colosal, tan grande y tan capaz de iluminar una partitura como los anteriores. Con este tipo de directores uno puede pensar, evaluar, seguir instrucciones que a veces prueban ser mas apropiadas que los preconceptos con los cuales uno llega a los ensayos. En cambio, veo que en demasiados directores mas jóvenes hay una tendencia a llegar y ensayar rápido, sin análisis o profundización y tomando por sentado que tanto la orquesta como los cantantes tienen que seguirlos a la perfección. Son a veces artistas de un talento enorme, pero de poca calma y superficiales en la búsqueda de resultados. Frecuentemente, no son capaces de evaluar con quién están trabajando y sugerir alternativas mas favorables a las voces o la masa orquestal. Simplemente no tienen tiempo para todo esto, sino que llegan, dirigen y los cantantes tienen que seguirlos sin intercambiar ideas o dialogar, por ejemplo sobre la mejor forma de cantar un rol con una voz aún cambiante. En éstos casos no queda mas remedio al cantante que aprenderse un rol como mejor pueda, sin esperanza de poder refinarlo porque el director de orquesta se limita a pedir algo que a veces no es lo correcto teniendo en cuenta las voces y la orquesta a su disposición y después dirige superficialmente, sin aportar sentimiento y profundidad interpretativa. No todo el mundo es un Pavarotti, pero aún sin serlo, se pueden lograr grandes resultados cuando un director decide trabajar en común con los cantantes, en lugar de dirigirlos como si estos fueran autómatas. Por ello es hoy mucho mas difícil para cantantes jóvenes el poder desarrollar talentos con la ayuda indispensable de los directores de orquesta. Aún en mi caso, a pesar de tener ya una carrera exitosa, siento que sólo después de estos diez años estoy comenzando a comprender mas la calidad que la masa de mi voz. Antes gritaba mas, ahora me preocupo por como saber apianar y lograr un sonido mas bello y puro. La voz es un poco como el buen vino. Se perfecciona en veinte años.”

En turco el primer nombre de Pirgu sería Samir pero en albano, la “i” agregada después de la “a” permite determinar el significado del nombre como “¡que bueno eres!”, algo sin duda auspicioso para un tenor. “Es un idioma muy especial, mezcla de turco y europeo, hablado durante seiscientos años pero que recién en 1912 comenzó a escribirse. Y hasta llegué a ver un Don Giovanni en albanés en Tirana antes de partir para Italia“

¿Y la religión? “Pues comenzamos con la ortodoxia bizantina, y después llegaron los musulmanes. En la actualidad podría decirse que la mayoría es ortodoxa, seguida de una gran proporción musulmana y una minoría católica. Eso de pretender que somos todos musulmanes es mas bien propaganda serbia frente a la situación de Kosovo, donde la religión sí que ha jugado un rol en el enfrentamiento de serbios y albanos. Pero, en realidad, luego de tantos años de una dictadura que imponía el ateísmo total, ocurre que no somos muy religiosos, y, pensándolo bien, esto es positivo ya que ha permitido al estado post-comunista unir a la sociedad.”

Pirgu con Woody Allen y otros participantes en 'Gianni Schicchi'

© 2012 by Saimir Pirgu

Poca música occidental pudo escuchar Pirgu durante el comunismo, porque “la música occidental estaba casi totalmente prohibida, con excepción de alguno que otro músico como Jatchaturian, y algo, pero muy poco de Beethoven. ¿Ópera? Recuerdo haber visto muy de niño un Simon Boccanegra trasmitido por la RAI, en forma clandestina, ya que estaba prohibido escuchar transmisiones del extranjero. Solo teníamos dos horas de televisión oficial por día. ¡No se olvide que nosotros éramos los comunistas verdaderos, no como los otros!” concluye su perorata con suprema ironía, para luego agregar mas seriamente: “¡Y mire lo que son las cosas!: cuando cayó el comunismo, los jerarcas se pasaron antes que nadie al bando contrario, ocuparon posiciones importantes y ahora quieren que los honren como patriarcas.”

El comunismo cayó total y súbitamente en 1990, “y todos quedamos expuestos de un día al otro a lo contrario de lo que habíamos vivido. Recuerdo la angustia de mi madre al no saber que darnos de comer al día siguiente, ya que hasta los precios del pan se habían multiplicado mas de diez veces. No éramos una familia pobre pero recuerdo bien lo que es sufrir hambre.” Pero la flamante libertad mediática le permitió entusiasmarse con la transmisión del recital de los tres tenores. Dos de ellos, Pavarotti y Domingo, impulsarían decisivamente su carrera al éxito luego que, a los dieciocho años, Pirgu abandonara una Albania aún plagada de incertidumbres y conflictos políticos para irse a Italia, con ahorros familiares equivalentes a un millón de liras.

“Recuerdo un largo viaje nocturno por tren de Bari a Bolzano en cuyo conservatorio había conseguido contactos para estudiar. Al haber vivido en una pequeña ciudad industrial de un país totalmente aislado del mundo, mi ambición era siempre llegar a un lugar mas grande, y más me entusiasmaba cuantos más andenes veía en las estaciones ferroviarias a través de las cuales avanzaba mi viaje, pero comencé a desazonarme cuando luego de Verona los andenes se transformaron en uno sólo. Y así llegué a un lugar cuya primera impresión era de un lugar tan pequeño como aquel del cual venía, lleno de refugiados albanos que en aquel momento eran bastante mal vistos. ¡Madonna! pensé, salí de una provincia para llegar a otra. De cualquier manera, una ilusión que se apuró a realizar no bien llegado fue comer los bizcochos Mulino Bianco cuyos dibujos animados de propaganda, vistos en la TV de un hogar albano sin comida parecen haberlo inspirado tanto como el recital de los tres tenores.

Que Bolzano, como otras pequeñas ciudades italianas, son incomparables focos de cultura fue una sorpresa para el recién llegado que encontró en el Conservatorio Claudio Monteverdi una panacea donde logró recuperar en un tiempo record las horas perdidas en Albania. Pirgu es capaz de hablar sobre cantantes de ópera, directores de orquesta e instrumentistas del pasado como quienes hemos tenido acceso a la discografía universal desde nuestra niñez. “Siempre que podía escuchaba grabaciones en la biblioteca del conservatorio. ¿Ha notado que las mejores grabaciones, la mayoría las hecho alrededor de los cuarenta años?” me comenta cuando analiza las ventajas y desventajas de haber salido tan joven a la palestra internacional.

Demasiado rápido pasó de recibir el bautismo del profesor Víctor Brunetti (“¡eres un tenor!”) hasta su audición con Pavarotti, su debut como Ferrando a los veintidós, su Idomeneo a los veintiséis y el espaldarazo dado por Domingo para su Rinuccio en el Gianni Schicchi escenificado por Woody Allen en San Francisco. “Muy joven” pensé yo mismo cuando le escuché su Rinuccio en el Covent Garden en el 2007.

Su Alfredo en la producción de Traviata del Festival de Viena, cinco años después, es un monumental salto adelante. El apoyo de voz es ahora firme y el passaggio de robusta densidad, y el fraseo es rico en variación de matices y control de volumen, algo que sabe combinar con innatas dotes actorales. Es de los que siente y actúa roles que ahora acepta interpretar cuando se siente maduro para ello, y en su concepto “la madurez no es sólo vocal, sino madurez en ti mismo, en tu arte y en la compresión de un personaje. Idomeneo a los veintiséis fue un desafío importante ya que jamás me había imaginado poder hacer de padre tan joven, y si lo volviera a hacer necesitaría un director del calibre de Harnoncourt. ¿Y Ferrando? Bueno, aquí ocurre que como no soy un tenor lírico ligero sino lírico, necesito cantarlo junto a Guglielmos y Alfonsos que también deben tener voces de peso como Schrott, Terfel o D´Arcangelo, y en teatros grandes ….”

¿Y Rossini? “No, no puedo cantar Barbero de Sevilla. No tengo la tesitura de un Luigi Alva o un Francisco Araiza que podían pasar de lírico a ligero sin problemas. Y en Donizetti puedo hacer Edgardo en Lucia pero no Ernesto en Don Pasquale. Bellini es algo que prefiero no hacer, salvo el Tebaldo de Capuletti… ¿Se da cuenta de lo que quiero decirle? A las voces líricas que están entre varios repertorios diferentes hay que cuidarlas mucho y mi voz todavía sigue desarrollándose. Por ejemplo, mi voz me obliga a restringirla en papeles mozartianos. A Mozart no se lo canta en forte. En cambio debo darlo todo en Puccini.”

Pirgu como Duque de Mantua en Lisboa

© Teatro Sao Carlos de Lisboa

 

Y sigue comentando roles: “En Verdi me siento cómodo con el duque de Mantua y Alfredo, donde uno puede cantar siempre entre piano y mezzoforte, pero no me siento apropiado para Manrico. En general no me gustan esos roles donde el público pide al tenor que sepa gritar bien los agudos. ¿Don José? Tal vez en el futuro pero todavía no, lo mismo que Gustavo en Ballo. ¿Pinkerton? “No, me gusta el personaje. En cambio, me atraen mucho el Romeo de Gounod y Werther. También voy a hacer Favorita.”

Al hablarme de La Traviata que con tanto éxito acaba de interpretar en Viena, Pirgu elogia la puesta de Deborah Warner como inspiradora para su visión de arte escénico: “Es irritante enfrentarse con regisseurs que llegan con ideas preconcebidas y después terminan cambiándolas durante los ensayos. No así Warner que, como gran directora teatral, fue desde el principio fue clara y precisa sobre lo que quería. Alfredo es un personaje difícil. Contrariamente a lo que ocurre con el Duque de Mantua, la cabaletta es mas difícil que el aria, y finalmente … ¡no es el protagonista! La protagonista es Violetta. Alfredo es tímido y se va desarrollando poco a poco hasta un exceso emocional extremo, típico de los que verdaderamente saben amar. Es mi décimotercera producción de Traviata, pero siempre es posible encontrarle algo nuevo a Alfredo.” ¿Es Alfredo tan tonto como Rodolfo? La pregunta le sorprende un poco pero, como buen cantante actor, no rehúsa hablar de personajes que vive como si fueran los vecinos de la vuelta. “No, no. Rodolfo no estará a la altura de Mimi, pero es bonachón, frágil, inspirado. Alfredo es en cambio impetuoso e inmaduro. Solo piensa en lo que siente sin evaluar. Y claro, después se arrepiente y queda lleno de remordimientos."

Precaución y jovialidad resaltan en Saimir Pirgu como ser humano. Y un comentario casual, y muy al pasar lo define como artista: “¡amo la lírica!”. Como albano lo define su respuesta a un famoso artista cuando éste le insinuó que su país no había sabido aprovechar bien las oportunidades que ofrecía el comunismo: “Si, claro. ¡Es que nosotros somos un pueblo rural, aislado, y aún menos desarrollado que el resto de Europa, y por ello tal vez un poco lentos aprovechar oportunidades! Pero lo cierto es que ni Rusia, ni Polonia, ni Alemania parecen haber aprovechado bien oportunidades similares y no bien pudieron se sacaron a los comunistas de encima para poder respirar. Así que, no sé, ¡tal vez lo que no funciona sea el comunismo!”

[Agustín Blanco Bazán entrevistó a Saimir Pirgu en Viena el 25 de mayo de 2012]



Este artículo fue publicado el 06/07/2012

Más información


Saimir Pirgu (tenor lírico). Nacido en Elbasan, Albania en 1981. Cursó estudios de violín en el Liceo de Arte de Elbasan y de canto en los conservatorios de Tirana y en Bolzano con Vito Brunetti. Ganó el concurso internacional Enrico Caruso en Milán en 2002. Ha cantado bajo la dirección de Claudio Abbado, Lorin Maazel, Daniele Gatti, Seiji Ozawa, Franz Welser Möst, Gustav Kuhn, James Colon, Antonio Pappano y Nikolaus Harnoncourt, y en las mas importantes casas de ópera en Hamburgo, Berlin, Londres, Zürich, Madrid, Los Angeles, Viena y Milán. Su repertorio actual incluye: Ferrando (Così fan tutte), Idomeneo (Idomeneo), Don Ottavio (Don Giovanni), Cavalier Belfiore (Viaggio a Reims), Nemorino (L'elisir d'Amore), Edgardo (Lucia di Lammermoor), Tebaldo (Capuleti y Montecchi), Alfredo (La Traviata), Fenton (Falstaff), Duque de Mantua (Rigoletto), Rinuccio (Gianni Schicchi), Rodolfo (La Bohème), De Grieux (Manon) Romèo (Romèo et Juliette), y Werther (Werther).

Compartir


Bookmark and Share

Referencias:


Saimir Pirgu