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Un punto de inflexión

Buenos Aires, 19/05/2009. Teatro Coliseo. Arthur Honegger. Juana de Arco en la Hoguera (Jeanne D’Arc au Bücher). Oratorio dramático con texto de Paul Claudel. Roberto Platé, dirección escénica, escenografía y vestuario. Alejandro Cervera, coreografía. Antonio Cardarelli, iluminación. Vera Cirkovic (Juana de Arco), Didier Sandre (Hermano Domingo), Soledad de la Rosa (Voz del Prólogo), Vanesa Mautner (Voz hablada del Prólogo), Fernando Chalabe (Heraldo de Justicia), Guido de Kherig (Bedel), Osvaldo Peroni (Porcus), Gabriel Centeno (Asno), Carlos Ullán, Norberto Marcos y Juan Barrile (Heraldos), Mónica Sardi (Catalina), Fabiola Masino (Margarita), Gustavo Gibert (Heurtebise), Lucila Ramos Mañé (Madre de los Toneles), Gabriel Reanud (Clérigo), Mauricio Thibaud y Sebastián Sorarrain (Paisanos), Luciano Garay (Perrot), Mónica Philibert (La Virgen) y Fernando Grassi (Un sacerdote). Orquesta, Coro, Coro de Niños y Ballet Estables del Teatro Colón. Director del Coro Estable: Salvatore Caputo. Director del Coro de Niños: Valdo Sciammarella. Dirección Musical: John Neschling. Espectáculo presentado y producido por el Teatro Colón de Buenos Aires.
imagen Finalmente el Teatro Colón volvió a ofrecer un espectáculo lírico completo, luego de casi un año y medio de inactividad, en una breve Temporada que promete tres títulos más. Y este solo hecho no puede menos que alegrarnos ya que es un punto de inflexión frente a la desidia e inacción de la dirección anterior, que respondía a la misma gestión política de la ciudad que la actual. Esto produce optimismo e impulsa a pensar que no todo está perdido y que podemos encontrar que el vaso está medio lleno.

Pero algunas realidades preocupan y dan como conclusión que el vaso está medio vacío.

La sala continúa cerrada desde noviembre de 2006 por las demoradas obras de restauración y puesta en valor que se extenderán al menos hasta mayo del año próximo, si las promesas políticas sobre el cumplimiento de los plazos de obra son ciertas -promesa que nadie en sus cabales puede ya creer-, y la reestructuración del personal provoca opiniones encontradas sin que las autoridades manifiesten claramente cuáles son los objetivos.

Nadie puede defender que maestros internos, músicos, coreutas u otro personal continúen trabajando con más de la edad legal de jubilación -claro que habría que investigar claramente cuanto tiempo hace que algunas personas no trabajan efectivamente, pero siguen en la plantilla a pesar de tener más de diez años de exceso de la edad legal- ya que esto no es justo ni equitativo para el resto de la población que debe cumplir a rajatabla las edades jubilatorias, ni para los más jóvenes que ven obturado su ingreso laboral al no producirse vacantes.

Pero tampoco es defendible que algunas áreas técnicas queden desmanteladas porque la burocracia encuadró a esos trabajadores como simples administrativos.

No es momento para la defensa a ultranza de un Colón paquidérmico y anclado en modelos de gestión de hace más de cuarenta años pero tampoco para refuncionalizar la planta permanente sin un patrón de decisión claro.

Las autoridades políticas deben encontrar una solución a los trabajadores en edad de jubilarse y que no quieren hacerlo pues sus salarios de los últimos años tenían sumas no remunerativas que hacen que el haber jubilatorio sea insignificante frente a sus ingresos actuales. Pero sin lugar a dudas deben ser jubilados.

Las áreas técnicas y administrativas deben ser modernizadas y adaptadas a las necesidades del siglo XXI en un proceso racional que no implique, necesariamente, el traslado de todo el personal a hospitales públicos -como se está haciendo- para darse cuenta a poco de tomada la decisión que no ha quedado nadie que pueda hacer la tarea.

Las protestas y comunicados que se hacían en la puerta de entrada son la muestra de este malhumor y desconcierto. Todo esto genera un mal clima político, social, cultural y de trabajo respecto al Teatro Colón. Algunos sólo defienden su holgazanería, otros sus privilegios corporativos, otros aprovechan la hora política para hacer su juego y los más somos convidados de piedra frente a una situación en la que nadie tiene toda la verdad y sobre la cual nadie dice toda la verdad. Situación que nos duele y nos preocupa.



© 2009 by Teatro Colón

El espectáculo


En este difícil contexto se presentó esta Juana de Arco en la Hoguera en un producto razonable para los dificultosos tiempos que corren y para los meses de inacción de los cuerpos estables.

La puesta de Roberto Platé acusa el fatal paso del tiempo y la dificultad de su adaptación a otro espacio. Si resultó interesante en su estreno en el año 2000, se la notó intrascendente en el 2002 y francamente anodina en esta reposición-adaptación.

La falta de prolijidad de las cuestiones visuales técnicas no se sabe si son producto de la improvisación, del desmantelamiento de los cuerpos técnicos o de la falta de práctica por meses de inacción, coadyuvaron para quitarle brillo al espectáculo.

John Neschiling condujo con mano segura a la Orquesta Estable ofreciendo una versión aceptable y en la que se echó de menos una mayor gama de matices.

Muy bueno el trabajo del Coro Estable de la mano de Salvatore Caputo y de buena factura la preparación del Coro de Niños.



© 2009 by Teatro Colón

Los roles cantados resultaron bien servidos y con los recitados nos encontramos desde la mediocridad a la excelencia.

El actor francés Didier Sandre resultó impecable cono el Hermano Domingo. Su dicción, su intencionalidad y sus tonos resultaron excelentes.

La mezzosoprano Vera Cirkovic, con un francés inmaculado, compuso con dramáticos acentos su Juana.

Reiteramos que el espectáculo resultó bueno en líneas generales, pero claramente dista de estar a la altura del historial del Colón, de su presupuesto, de sus posibilidades y de sus altos precios para el público.

En suma: un verdadero punto de inflexión y cada cual podrá ver en éste espectáculo el medio vaso lleno o vacío, conforme a sus convicciones.


Este artículo fue publicado el 29/05/2009

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