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Eifman estrena su Oneguin desbordante de energía

Berlín, 21/04/2012. Teatro Staatsoper im Schiller Theater Berlin. Eifman Ballet San Petersburgo. Oneguin, ballet en dos actos de Boris Eifman, basado en la novela en verso Eugenio Oneguin (1837) de Aleksander Pushkin (1799-1837), con música de Piotr Chaikovski (1840-1893) y Aleksander Sitkovetsky, estrenado el 3 de marzo de 2009 en San Petersburgo. Coreografía y puesta en escena, Boris Eifman. Escenografía ,Zinovy Margolin. Vestuario, O. Shaishmelashvili/P. Okunew/A. Yakushchenko. Vídeos, V. Bystrov. Música de banda sonora. Intérpretes: Oleg Gabyshev (Oneguin), Maria Abashova (Tatiana), Natalia Povorozniuk (Olga), Dimitri Fisher (Lenski), Sergei Volobuev (General), así como solistas y cuerpo de bailarines del Eifman Ballet de San Petersburgo. Estreno en Berlín, 21 de abril de 2012. 100% del aforo
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Es un exquisito del ballet moderno y experimental, aunque sin prescindir de las referencias a los elementos clásicos. El Oneguin que Boris Eifman nos ofrece por primera vez en Berlín este sábado 21 de abril (durante dos horas con un intermedio) está ambientado en 1991, en medio de la incertidumbre que condujo finalmente a la disolución de la Unión Soviética, el ocaso de Mijail Gorbachov y el ascenso de Boris Yeltsin a la presidencia de Rusia, aunque conserva la poesía y la filosofía de la historia original escrita en verso por Aleksander Pushkin a comienzos del siglo XIX.

El estreno de la pieza pone fin a la IV International Dance Summit (del 16 al 22 de abril) que organiza el Staatsballett Berlin, dirigido por Vladimir Malakhov, con ponencias académicas, talleres y presentaciones y que tiene como tema central el de la transición de la vida activa hasta el retiro de bailarinas y bailarines de ballet a partir de los 40 años y las alternativas profesionales que les puede deparar el futuro.

Colma la sala público berlinés predominantemente joven, incluídos rusos que viven en la capital alemana. Los mayores, generalmente, prescinden de estas puestas en escena modernas, prefieren más el ballet de la vieja escuela clásica rusa con las tradicionales y aquilatadas coreografías de Marius Petipá.

La obra, cuyo estreno mundial tuvo lugar en 2009 en San Petersburgo, es vibrante (por supuesto, mucho más que la versión de John Cranko que todos conocemos), desbordante de energía y acción. Los bailarines danzan durante todo el tiempo con una entrega total, con movimientos muy osados y figuras que subrayan la extraordinaria inventiva de Eifman, quien fundó su compañía en la Leningrado de 1977.

 

© 2012 by V. Baranovsky


 

La escenografía, de Zinovy Margolin, integrada por un puente en perspectiva situado al fondo del escenario, con su punto más alto del lado derecho, utilizado durante toda la función como rampa y barra de apoyo de los bailarines, además de un par de telones, tondos y cortinas oscuras, es iluminada de diversas formas con un cambiante juego de luces que contribuye a mantener constantemente en vilo la atención del público.

Las imágenes de vídeo (V. Bystrov) de los tensos momentos vividos en Moscú en 1991 son proyectadas sobre una pantalla redonda que desciende sobre el escenario y permanece por unos minutos suspendida delante del puente mientras la coreografía bulle debajo sin pausa, con movimientos rapidisímos, casi relampagueantes.

Oneguin (bailado con elegancia y soltura por Oleg Gabyshev) conoce a Lenski (un ponderado Dimitri Fisher) y se encuentra con Tatiana (brillante Maria Abashova) en esa época. Tras ser rechazada por Oneguin, Tatiana se casa con un general soviético convertido en oligarca (muy bien bailado e interpretado de forma convincente por Sergei Volobuev) que lleva permanentemente gafas de sol oscuras.

 

© 2012 by A. Sazonov

 

Los ambientes de la Rusia de hoy, incluídos los de su nueva cultura consumista, son retratados coreográficamente con gran audacia por Eifman recurriendo también a elementos de teatro-danza. En el pas de deux del duelo, Oneguin termina siendo perseguido por un espectral Lenski que le envía maldiciones con un grupo de zombis. Todos los intérpretes tienen excelente formación clásica y sus movimientos son siempre ágiles, perfectamente estudiados, aquí nada se deja a la improvisación.

La música del ballet incluye temas de Chaikovski, incluso de su ópera Eugenio Oneguin, mezclados con composiciones de rock de Aleksander Sitkovetsky. En la célebre escena en la que Tatiana escribe una carta a Oneguin, uno de los pasajes literarios más emotivos, una voz lee el texto en ruso sobre la banda sonora.

Durante la primera parte y hasta la mitad de la segunda parte el interés de lo que acontece sobre el escenario no decae ni un instante. Al final se advierte un poco de cansancio entre el público, pese a que la dinámica teatral de la pieza no cesa. Pero es siempre un poco más de lo mismo lo que se ve. De todas formas, los merecidos aplausos al término de la función no se hacen esperar y se extienden por casi diez minutos.



Este artículo fue publicado el 02/05/2012

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