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Paracetamol

San Sebastián, 01/09/2004. Auditorio Kursaal. Rossini: La Donna del Lago, libreto de Andrea Leone Tottola basado en “The lady of the lake” de Sir Walter Scott, en versión sin escena. Darina Takova, Elena. Juan Diego Flórez, Jacobo V. Daniela Barcellona, Malcolm. Simón Orfila, Douglas. Gregory Kunde, Rodrigo. Orfeón Pamplonés. Orquesta Pablo Sarasate. Director musical: Riccardo Frizza.
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Intensos dolores de cabeza me costó la asistencia anoche a la representación en versión no escenificada de la ópera La Donna del Lago de Rossini. Fueron, sin duda, un efecto secundario de someterme a los sonidos que emitió la orquesta Pablo Sarasate desde el escenario del Kursaal. Ejecutaron una interpretación irregular, desigual, descosida y estridente. Las cuerdas no marcaban una línea melódica definida, los vientos estuvieron destemplados hasta lo indecible, y todo esto sin ningún orden especial capaz de aflorar la partitura rossiniana, cada uno de los músicos parecía aislado intentando leer las notas de un lenguaje ignoto.

Hay que añadir que se incrustó en el elenco orquestal a la banda de música "La Pamplonesa", famosa por alegrar a guiris e indígenas en las ruidosas fiestas de San Fermín. Quizás esto sea el preludio a una posible Flauta mágica el año que viene, amenizada por la banda municipal de Txistularis de San Sebastián. Propuestas que parecen retomar la crítica adorniana de separación entre música popular y música seria.

No creo que el hecho de tener al maestro Riccardo Frizza en el atril haya influido en la calidad de la interpretación. Supongo que el joven director habrá hecho lo que ha podido con lo que le han dado, pero convendría se centrara en otras orquestas que no le procurasen un exceso de provincianismo.

El coro, sin embargo, se mantuvo correcto, más en el segundo acto que en el primero. Si tenemos en cuenta el caché de cada elemento de la actuación, el Orfeón Pamplonés fue el que más superó las expectativas aunque, obviamente, no llegó al nivel marcado por el Coro de Cámara de Praga durante las representaciones gallegas de la misma obra hace casi un par de meses. La impostación es correcta, pero la pronunciación, debería mejorarse.

En cuando a los solistas, hubo de todo.

La soprano Darina Takova cumplió, especialmente en el aria final de extraordinaria dificultad, aunque sin demasiada convicción en ella misma. De dicción poco nítida y proyección desigual, quizás debería plantearse cambiar de registro, hacia papeles que requieran menos coloratura, pero su facilidad en agudos hace que llegue, por poco, al meritorio papel de 'Elena'.

Simón Orfila dispone de un timbre de voz precioso, pero desgraciadamente tiene que esforzarse más en la técnica, necesaria para caracterizar el ideal vocal rossiniano del bajo-barítono. Pero también estuvo "en la media", al igual que Maite Itoiz y Alex Laskurain, productos de la tierra, que cumplieron y poco más.

El Rodrigo de Gregory Kunde estuvo mal, y punto. En los acordes graves hablaba, mientras que le era sencillamente imposible llegar a las notas agudas. El señor Kunde debería plantearse seriamente su futuro laboral. No todo el mundo puede dedicarse a su vocación infantil. Una amiga fanática admiradora del grupo de niños explotados llamado "Parchís" quería ser azafata, hasta que descubrió que tenía pánico a los aviones y tuvo que cesar en la conquista de su sueño. Moraleja: si no se tiene voz, mejor se dedica uno a ser abogado, maestro, médico, mecánico,… o crítico musical.

Daniela Barcellona, travestida de 'Malcolm', saldó su deuda con la quincena, después del flojo recital del año pasado, salvando la gala junto al siempre extraordinario Flórez, que travestido de sí mismo, interpretó al rey 'Jacobo V'. Estuvieron correctos en los desiguales duettos con los demás solistas, y brillantes en las arias que interpretaron, especialmente en el segundo acto. Ambos justificaron la presencia de tamaño espectáculo en un festival de música, la Quincena, que aspira a ser de primera categoría.

Ellos dos son muestra de lo que pudo haber sido y se quedó en un dolor de cabeza, efecto secundario de un espectáculo impropio de una Quincena especializada en refritos y orquestas de ensueño para un domingo por la mañana.

Un comprimido de paracetamol y una promesa que formulé antes de dormir: no volveré a escuchar el Zapateado de Sarasate.



Este artículo fue publicado el 09/09/2004

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