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Sí pero no

Milán, 02/04/2006. Teatro alla Scala, G. Donizetti: Lucia di Lammermoor (1835), drama trágico en dos partes y tres actos. Libreto de Salvatore Cammarano. Pier' Alli, dirección de escena, escenografía y vestuario. Roberto Frontali (Lord Enrico Ashton), Patrizia Ciofi (Miss Lucia), José Bros (Sir Edgardo di Ravenswood), Ki Hyun Kim (Lord Arturo Bucklaw), Giorgio Surian (Raimondo Bidebent), Alisa Zinovieva (Alisa), Carlo Bosi (Normanno). Coro y Orquesta del Teatro alla Scala. Roberto Abbado, director
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Pocas cosas levantan más morbo en el mundo de la ópera que un escándalo. Últimamente nos hemos acostumbrado a que vengan de la mano de los directores de escena -me vienen algunos nombres a la cabeza- así que ya no levantan tanto regocijo -por lamentable que sea reconocerlo- como la noticia de un cantante (de fama a ser posible) reprobado por el público. Y si se ha oído por la radio, mejor. Es el caso de esta Lucia di Lammermoor, de azarosa inauguración.

Patrizia Ciofi es uno de los grandes nombres del panorama lírico italiano actual. Hay que reconocerle un mérito indiscutible: haber llegado donde lo ha hecho con un material pobre. La voz es avara, en colores, en volumen -en octava fila tenía dificultades para escucharla en los tutti, no quiero imaginar más lejos- y presenta obvios problemas en la organización vocal: el grave es forzado, el centro presenta aire, el sobreagudo es empujado. Personalmente tuve además la impresión de que la voz está exhausta y sacó adelante la función a base de técnica y voluntad.

Patrizia Ciofi
Fotografía © 2006 by Marco Brescia

Los puntos fuertes de la intérprete siempre han sido fundamentalmente dos: el fraseo y la actuación. Pero por bueno que sea el primero -que lo es- y cuidada la segunda -personalmente hubiera preferido un personaje menos claramente desequilibrado desde el inicio- la caracterización resulta incompleta si la voz no está. Y no sólo porque no corre suficientemente -algo más claramente evidenciado en compañía de sus colegas- sino porque, simplemente, Patrizia Ciofi no tiene la voz para ‘Lucia’ y el personaje no sale adelante. La prestación fue forzada a lo largo de toda la función, y sólo resultó más convincente durante la escena de la locura, no sé si porque se reservó toda la noche para el momento o porque, indudablemente, se vio favorecida por el único acompañamiento de la armónica de cristal.

Sin duda alguna la contestación de las funciones anteriores contribuía a la tensión de la intérprete, especialmente en los saludos, siempre en compañía de otros colegas. El público no fue especialmente cálido en los aplausos, salvo en la ovación de los saludos finales -no lo hubo tras la escena de la locura- como si quisiera darle ánimos a pesar de lo accidentado de las funciones. Ya se sabe, la Scala no perdona a nadie.

Patrizia Ciofi y José Bros
Fotografía © 2006 by Marco Brescia

Es una lástima esta Lucia sin protagonista, porque todos los demás elementos funcionaron razonablemente. José Bros demostró una vez más porqué es uno de los grandes ‘Edgardo’ desde hace ya algunos años, con una interpretación generosa, llena de fuerza, perfecto en el estilo, con la voz fresca y esplendorosa en toda su extensión. La escena final fue un digno broche a una magnífica actuación.

Roberto Frontali no le anduvo a la zaga. Sin ser un ‘Enrico’ histórico, tuvo una buena noche, dio el punto justo de determinación al personaje y creó la suficiente tensión en sus intervenciones, fundamentalmente el sexteto y el dúo con el tenor. Lo mismo podría decirse del ‘Raimondo’ de Giogio Surian, ajustado en la vocalidad y la interpretación. Ki Hyun Kim (‘Lord Arturo’) y Alisa Zinovieva (‘Alisa’) cumplieron bien.

Roberto Frontali y Patrizia Ciofi
Fotografía © 2006 by Marco Brescia

El coro y la orquesta estuvieron irreprochables. Como curiosidad, se decidió utilizar la armónica de cristal en la escena de la locura -una falsedad histórica porque no se llegó a emplear en el estreno- que por una parte crea una atmósfera estupenda por el poder evocador, pero por otra, dadas las características del instrumento, crea problemas de tempo. La dirección de Roberto Abbado, siempre atento a los cantantes, fue correcta sin genialidades, buscando sonoridades apesadumbradas.

Fotografía © 2006 by Marco Brescia

La puesta en escena reproponía el espectáculo concebido por Pier’Alli, absolutamente tradicional -sin intención peyorativa alguna- con el reclamo más evidente del Romanticismo más exacerbado, con ruinas góticas omnipresentes. El vestuario reproducía con mimo los modelos de la época (principios del siglo XVIII). La articulación de los planos fue siempre inteligente, como la dirección de masas -en particular el final del segundo acto-, obteniendo sus mejores resultados en escenas de gran belleza plástica como el ingreso de la protagonista. Van Dyck venía a la mente recurrentemente.

En definitiva, para encontrar la verdadera ‘Lucia’, la Scala tendrá que esperar a julio cuando Mariella Devia se despedirá del personaje con otra serie de la misma producción.



Este artículo fue publicado el 17/04/2006

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