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¡Felicidades, Plácido!

Madrid, 21/01/2011. Teatro Real. ¡Felicidades, Plácido!. Concierto homenaje a Plácido Domingo en su 70 aniversario. Coro y Orquesta Titulares del Teatro Real. James Conlon, director. Iñaki Gabilondo, presentador. Richard Wagner, Tannhäuser: 'Freudig begrüssen' (Coro y Orquesta del Teatro). Richard Strauss, Der Rosenkavalier: 'Da geht er hin' (Deborah Polaski). Richard Wagner, Parsifal: 'Ich sah das Kind' (Angela Denoke); y Die Walküre: 'Du bist der Lenz' (Anja Kampe). Georges Bizet, Les pêcheurs de perles: 'Au fond du temple saint' (Paul Groves y Bryn Terfel). Giuseppe Verdi, La forza del destino: 'Obertura' (Orquesta del Teatro Real); Otello: 'Credo in un Dio crudel' (Juan Pons); y Don Carlo: 'O don fatale' (Dolora Zajick). Giacomo Puccini, Tosca: 'Te Deum' (Bryn Terfel y Coro del Teatro. Giuseppe Verdi, Nabucco: 'Va pensiero' (Coro y Orquesta del Teatro); y Don Carlo: 'Ella giammai m'amò' René Pape). Rugero Leoncavallo, Pagliacci: 'Qual fiamma avea nel guardo ... Stridonò lassù' (Inva Mula). Umberto Giordano, Andrea Chenier: 'Nemico della patria' (Lado Ataleni). Giacomo Puccini, Manon Lescaut: 'Sola, perduta, abbandonata' (Ainhoa Arteta). Paolo Tosti, L'alba separa dalla luce l'ombra (José Bros). Franz Lehár, Giuditta: 'Meine Lippen sie küssen so heiss' (Sonia Yoncheva). Federico Moreno Torroba, La marcherena: 'Tres horas antes del día' (Ana María Martínez). Wolfgang Amadè Mozart, Don Giovanni: 'Madamina, il catalogo è questo' (Erwin Schrott). Tan Dun, Pla-ci-do (estreno mundial). Giuseppe Verdi, Falstaff: 'Tutto nel mondo è burla' (Maite Alberola, Lado Ataneli, Raúl Giménez, Paul Groves, Xavier Moreno, Inva Mula, Natascha Petrinsky, Juan Pons, Dolora Zajick, Miguel Ángel Zapater y Coro del Teatro).
imagen Posiblemente si hubiera escrito la crítica nada más terminar este concierto, mi opinión hubiera sido algo distinta y más entusiasta. Pero pasados unos días, con tiempo para reflexionar, el encantamiento que se sentía en la sala se ha desvanecido ya y es momento de plantearse con más seriedad los resultados obtenidos.

El comentario general sigue siendo muy positivo. En España somos poco aficionados a homenajear a nuestras propias figuras (qué envidia cuando veo cómo tratan los rusos a sus artistas, con conciertos-homenaje simplemente porque han terminado brillantemente una gira por el extranjero) y eso convierte un concierto como el del pasado 21 de enero en una excepción. Era necesario celebrar el cumpleaños de Plácido Domingo y se hizo, eligiendo para ello el marco más emblemático, el Teatro Real, en su doble función de teatro de Madrid -donde nació Plácido Domingo- y de teatro nacional, de modo que fuera toda España la que le homenajeara, propósito reforzado por la asistencia de la Reina de España al evento.

Sinceramente, me esperaba una celebración más cálida, con más intervenciones de famosos, lecturas de cartas o telegramas de felicitación, espontáneos preparados, etc. O sea, algo como lo que aportó Teresa Berganza al final de la gala con sus chistes, sus palabras de alabanza a Plácido Domingo, y su entrañable y al tiempo cómico Happy Birthday, Dear Plácido. Pero eso es algo que faltó en casi todo el concierto, que se planteó más bien como una gala de grandes cantantes en la que las alusiones a Domingo se quedaron en algo externo, exceptuando quizá los vídeos de comienzo y fin. Incluso la intervención de Plácido Domingo al final del concierto resultó más formal que cariñosa.

No fue esa sin embargo la actitud del público, que en general acudió al Teatro Real con la intención de homenajear a Plácido Domingo más que a escuchar a los cantantes y que estaba siempre presto a aplaudir a Plácido, a los cantantes, al coro y orquesta, a dar su opinión (esa cordial bienvenida a Ainhoa Arteta, por ejemplo) y en general a disfrutar de todo lo que se le presentaba. Pero realmente el desarrollo del espectáculo dió pocas opciones para la emoción. Curiosamente me resultó más conmovedora en muchos momentos la entrevista que Iñaki Gabilondo mantuvo con Domingo y que la televisión española emitió esos mismos días.

Pasando ya al repertorio elegido para el homenaje, las primeras críticas son casi obvias. Musicalmente se oyeron grandes interpretaciones, pero empezar con Wagner o elegir arias no siempre tan conocidas, es algo que no contribuyó a la implicación del público. En teoría la gala se organizó en torno a números de óperas que Domingo había cantado, pero eso es un criterio no tan lógico como parece, ya que en realidad Domingo ha cantado un repertorio tan amplio que cabía casi cualquier cosa bajo esa etiqueta. Faltaron, en mi opinión, más números famosos de ópera y sobre todo de zarzuela, un género que es especialmente emblemático en el caso de Plácido Domingo, quien siempre se declara muy orgulloso de él y de sus antecedentes familiares (sus padres tenían una compañía de zarzuela y Plácido colaboró con ellos desde su infancia, y no siempre como cantante).

Pero puesto que a eso es a lo que se le dió más importancia, centrémonos ya en los cantantes que se presentaron. El concierto se abrió con la Orquesta y Coro Titulares del Teatro Real, o sea, el Coro Intermezzo y la Orquesta Sinfónica de Madrid. La primera intervención orquestal fue lógicamente el Himno español, al que Conlon le imprimió una marcha un poco lenta, pero con Tannhäuser ya habían 'calentado' y resultaron una agradable sorpresa, el volumen fue un poco escaso pero por ejemplo la intervención de las trompetas desde el 'paraíso' sonó impecable. Personalmente cada vez que voy al Real siento cierta ansiedad por saber si la Orquesta y el Coro van a sonar bien o mal, porque nunca se sabe, pero bajo la dirección de Conlon lo hicieron muy bien, aparte de que Conlon estaba especialmente atento a cubrir cualquier error, especialmente en el caso del Coro, que fue siempre el elemento más débil y tuvo ya dificultades en este 'Freudig begrüssen'.

El monólogo de La Mariscala, 'Da geht er hin', cantado por Deborah Polaski, sonó espléndido, tanto por parte de la orquesta -Rosenkavalier había sido representado apenas un mes antes en el Teatro Real- como de la propia protagonista, que mostró su habitual expresividad, flexibilidad rítmica y sobre todo esa naturalidad cantando que hace tan creíbles sus personajes. Denoke con 'Ich sah das Kind' de Parsifal y Anja Kampe con 'Du bist der Lenz' de Die Walküre me convencieron menos, ambas tienen una voz muy bonita pero se les oía escasas de potencia, lo cual posiblemente se debía también a la situación de mi asiento, muy cercano al escenario. En todo caso las tres sopranos que abrieron el recital fijaron ya un nivel de exigencia alto, que fue la tónica en este recital.

Con el dúo de Les pêcheurs de perles, 'Au fond du temple saint', Paul Groves y Bryn Terfel marcaron la primera cima del recital. Lo esperaba de Terfel, un cantante que siempre me entusiasma, pero Groves tampoco se quedó atrás, aunque lógicamente tiene menos potencia. La combinación de las voces fue impecable excepto en los últimos momentos del dúo, cuando Groves, que siempre iba un poco más forzado, se descentró.

El siguiente bloque fue dedicado a Verdi, con una rápida Obertura de La forza del destino donde incluso se pudo disfrutar del solista de oboe. En este número la labor de Conlon fue muy significativa: para dar unidad a toda la obertura, para marcar impecablemente cada cambio de pathos en la música de modo que lo que escuchamos fue casi un 'resumen' de la ópera y no una simple sucesión de temas, o para crear expresividad en los silencios. El público así lo reconoció y hubo bravos al terminar. Vinieron después dos cantantes apreciados por el público: Juan Pons y Dolora Zajick. Como me ocurre siempre con Pons, me costó entender el cariño con que el público lo recibió y despidió. Ciertamente es un cantante con oficio y expresivo tanto en las dinámicas como en los silencios, pero la voz tiene un vibrato feo y articula poco. También Zajick fue recibida con bravos del público -como casi todos los cantantes, por otra parte- aunque en su caso me parece una reacción muy normal: tiene voz, técnica, actúa lo que está cantando y resulta muy convincente. Como en otros momentos de la jornada, sólo lamenté que no hubiera elegido un aria más lucida o festiva que el impresionante 'O don fatale' de Don Carlo.

La primera parte del recital se cerró con el 'Te Deum' de Tosca a cargo nuevamente de Terfel y del Coro del Teatro Real. Nuevamente el coro se quedó corto mientras Terfel daba todo un recital de buen canto. En este caso, el acompañamiento orquestal tampoco funcionó demasiado bien, sobró volumen, sobre todo en los metales, y lo que debía haber sido otra cumbre del concierto, se quedó en un simple momento interesante.

Tras el descanso, nuevamente Verdi, un 'Va, pensiero' donde coro y orquesta fueron muy bien llevados por Conlon y luego otro de los cantantes destacados de la noche, René Pape con 'Ella giammai m'amò' de Don Carlo. Pape cantó maravillosamente por voz, por expresión, por dicción, por comunicación con el público, y este respondió entusiastamente, como pueden acreditar los que siguieron la retrasmisión por la televisión o radio. Desde mi perspectiva, este fue el segundo gran momento de la noche. Inva Mula, por contraste, quedó algo descolorida: tras escuchar a Pape, su voz pareció más pequeña y ligera de lo que es en realidad.

Los cantantes siguientes tuvieron en común una elección inteligente del repertorio, que les permitió sacar partido de unas voces que -por diferentes motivos- tienen carencias. Atanelli, a quien nunca había oído cantar, me pareció el típico cantante italiano con más vozarrón que matices cantando, pero en ese sentido 'Nemico della patria' de Andrea Chenier le fue bien, el aria es tan expresiva de por sí, tan evidente, que no es necesario que el barítono ponga mucho de su parte, con dar las notas llega. Nuevamente la orquesta le tapó un poco, pero tuve la sensación de que Conlon lo hizo a propósito, especialmente para cubrirlo después de un error que tuvo. Arteta era muy esperada por el público madrileño, ya que era una de las grandes ausentes en la agenda del Teatro Real e incluso un espontáneo le gritó "Bienvenida" cuando ya se había hecho el silencio. Personalmente me gustó más que en otras ocasiones, pero su 'Sola, perduta, abbandonata' adoleció de numerosos defectos, pequeños pero defectos: fiato corto, agudos secos, vibrato excesivo sobre todo para la edad que tiene, algo plana en la expresión, emisión descuidada, etc. El público, como era de esperar, la braveó. José Bros optó por una canción de Tosti, en vez de un aria operística, y fue una elección afortunada: incluso así le sobró vibrato -sobre todo en el final- y esa nasalidad del timbre que es su principal defecto. Sonya Yoncheva fue mi segundo descubrimiento de la noche y me interesó. Eligió opereta, 'Meine Lippen sie küssen so heiss' de la Giuditta de Franz Lehár, y así su voz, que es ligera pero muy cantable, se lució. También la orquesta pareció otra tras los Wagner y los Verdi 'profundos' que habían predominado hasta entonces y, como Yoncheva, sonó ligera y bailable. Finalmente Ana María Martínez cantó el único número de zarzuela que se escuchó en toda la noche -y debía haber habido muchos más-: 'Tres horas antes del día' de La marcherena de Moreno Torroba. Como en el caso de Bros y Yoncheva me pareció una elección afortunada, ya que Martínez difícilmente hubiera podido competir con las grandes figuras de la noche si se hubiera atrevido con algún gran número operístico. Canta correctamente, es expresiva y se le entiende todo lo que dice, que es básicamente lo que se le pide a un cantante de zarzuela.

Tras estos cantantes 'discretos' -no entendí muy bien la organización de la velada con los 'pesos fuertes' al principio y luego este descenso cualitativo- llegó otro de los cantantes importantes, el joven Erwin Schrott que al parecer ya tiene la nacionalidad española. Su 'aria del catálogo' fue considerada por algunos de mal gusto porque entendieron la dedicatoria a Plácido Domingo como una alusión personal, pero personalmente me pareció una simple broma propia del carácter festivo que debía haber tenido el concierto y que desgraciadamente no tuvo. Como en el caso de Pape, Terfel o Groves, poco hay que añadir sobre la voz de Schrott, su legato, sus agudos, sus medias voces, y sobre todo su capacidad de conectar con el público. Casi por primera vez en la noche asomaron las sonrisas e incluso las risas sinceras, el público se encontraba con un aria realmente popular y llegó a aplaudir fuera de tiempo con toda espontaneidad. No hay ni que decir que abundaron los aplausos y bravos tras su actuación.

Llegaba después el estreno de la noche. Gabilondo volvió al escenario para presentar a Tan Dun y su Pla-ci-do, basado en las notas La-Si-Do, un encargo de Gerard Mortier en honor a Plácido Domingo. Como todas las obras de Tan Dun que he escuchado es enormemente efectiva, y llena de recursos tímbricos que encandilan al público -no sé si tanto a los músicos que se ven obligados a hacer cosas que se salen mucho de su tónica habitual, en este caso incluso patadas en el suelo o soplos sin sonido musical en los instrumentos de viento-. A partir de un tema tan poco atractivo a primera vista como la sucesión de La-Si-Do, Tan Dun consigue grandes resultados sólo por estos juegos rítmicos y dinámicos. La influencia más clara me pareció la de la Fanfarria para un hombre de la calle de Copland y piezas semejantes, aunque a primera vista las alusiones pareciesen más cercanas en el tiempo (John Adams, por ejemplo, o la música cinematográfica de los años 90).

El homenaje a Plácido culminó con la fuga final de Falstaff de Verdi, una pieza muy adecuada tanto por su carácter festivo y la posibilidad de lucimiento que da a tantos cantantes distintos, como por el hecho de que Verdi la compuso cuando la edad debería haberle obligado ya a jubilarse pero sus capacidades físicas no habían mermado y sobre todo su corazón aún estaba lleno de música. O sea, lo mismo que le pasa a Plácido Domingo. Destacar a algún cantante en esta fuga es muy difícil, pero me gustaron especialmente las entradas de Groves, Zajick y quizá Raúl Giménez, que se incorporó en este número final.

Como ya antes comenté la gala terminó realmente tras la intervención de Teresa Berganza, haciendo un encendido elogio de Domingo como cantante y como persona, salpicado de bromas que nos hicieron reir francamente. Tras Berganza, incluso la aparición de Domingo en el escenario resultó sosa. Se echó de menos, además, que Domingo cantara algo. Pero estaba emocionado con el homenaje y eso lo desarmó, lo dejó sin recursos. ¡Creo que es la primera vez que veo a Domingo portarse con timidez!


Este artículo fue publicado el 09/03/2011

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