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Cisnes de prêt-à-porter

San Lorenzo de El Escorial, 25/11/2011. Teatro Auditorio. El lago de los cisnes. Música de P. I. Chaicovsqui. Ballet Ruso de San Petersburgo. Coreografía: Marius Petipa y Lev Ivanov. Dirección artística: Ludmila Bragina
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El Teatro de Ballet Ruso de San Petersburgo evoca en su nombre el eco de las damas de Guermantes, de los triunfos de Diaguilev, de las creaciones de Erté. No obstante, esta joven compañía apenas cuenta con veinte años de rodaje. Un plazo de tiempo suficiente, en cualquier caso, para haberse hecho un hueco en la difusión de esa joya cultural que es la tradicion de la danza rusa. De ahí que sus representaciones, concebidas más como espectáculos para toda la familia que como deleite de intransigentes estetas, tengan una gran demanda; de hecho la sala escurialense estaba abarrotada de espectadores de todas las edades, con una presencia especialmente notable de niñas aspirantes a cisnes; y quizá también por tal éxito de taquilla escasearon los programas de mano, cuya redacción y maquetación, por cierto, deberían haber sido repasadas con mayor esmero.

Compuesto hacia 1875 a partir de El velo robado, cuento de Musäus, El lago de los cisnes es una partitura recientemente revitalizada para el gran público por mor del thriller psicológico de Aronofsky, protagonizado por Natalie Portman. El ballet se divide en cuatro actos, que en El Escorial se redujeron a tres al fundir en uno el primero y el segundo.

Tanto el vestuario como la escenografía, siguen mutatis mutandis la idea primigenia concebida por Gaanen para la representación en el Bolshoi de Moscú de 1877, esto es tardorrománticos y pseudowagnerianos sin tributos a una trasnochada vanguardia pero tampoco a la más mínima originalidad. Acertadamente, la iluminación moldeaba y matizaba los decorados: unos rayos color cinabrio sobre el telón sugerían la obertura; el lago, crepuscular en el primer acto, se convertía, en el tercero, en espectral y neblinoso...

La coreografía siguió la ya clásica concepción de Lev Ivanov y del legendario Marius Petipa cuya dilatada carrera -permítasenos recordarlo- tuvo, también, en la España isabelina, episodios sonados, algunos escandalosos, como se ha encargado de investigar Laura Hormigón.

Gracias al buen oficio de los bailarines de la compañía pudimos compartir la ingenuidad del príncipe Siegfried, la sombría perversidad de Von Rothbar, la maleabilidad grácil de la princesa Odette y de Odilia, su usurpadora. Es de justicia también recordar el atractivo de dos artistas que asumieron roles menores, como Y. Kalinin, intérprete de expresiva plasticidad que dio vida al genial bufón y la distinguida S. Markova en el papel de la reina. Las más de las veces, se consiguió un correcto funcionamiento de todos los engranajes; conviene destacar, en este sentido, la delicadeza con la que fue ejecutado el popular Pas de Quatre, la gracia del baile español -musicalmente, un tributo a España a través de la óptica francesa- así como la elegancia académica de pasajes como el vals o la mazurka. Pudo disfrutarse en general de ese espectáculo abstracto que, más allá de cualquier argumento, constituye el ballet: una sucesión de líneas y colores trazados y entrelazados al compás de la melodía.

Otro cantar fue la música, eje y pretexto de la representación. Ya sea para abaratar costes, ya sea porque su sede central carece de foso para albergar a una orquesta, lo cierto es que en los Teatros del Canal acostumbran a ofrecer los espectáculos de ballet sirviéndose del sucedáneo, no por socorrido menos decepcionante, de la música enlatada. Tal fue el caso de la tarde de marras. Socorrido porque, como decimos, facilita y abarata el montaje; decepcionante, porque da una impresión prefabricada, de cartón piedra, de alma muerta; máxime cuando los planos se desvirtúan, diluyen y confunden; y, máxime también cuando en los tutti los altavoces se saturan. Por lo demás, se obvió la autoría de la versión interpretada, lo cual no fue óbice para que la omnipresente SGAE, tal y como rezaban las entradas, cobrara su diezmo.



Este artículo fue publicado el 15/12/2011

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