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Concurso de piano de Santander: segunda fase (1)

Santander, 29/07/2012. Palacio de Festivales. Sala Pereda. XVII Concurso Internacional de Piano de Santander Paloma O'Shea. Segunda fase: Recital y Música de Cámara. Cuarteto Casals. Yulia Chaplina, Benedek Horváth, Vladislav Kozhukhin, Marta Liébana, János Palojtay y Nadezda Pisareva, piano.
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De los veinte concursantes iniciales, ya sólo quedan doce, que en esta segunda fase deberán dar un recital de en torno a una hora de duración y tocar una obra de cámara, en concreto un quinteto, con el acompañamiento del Cuarteto Casals.

Me hubiera gustado asistir a toda esta segunda fase, pero sólo pude estar el primer día, el lunes 29 de julio, con lo que escuché a seis de los pianistas de esta segunda fase, tres de ellos haciendo su recital y otros tres con la obra de cámara. En cualquier caso, una tarde cansada, ya que las actuaciones se sucedieron de 16 a 22 horas, con pequeños descansos. A las 4 de la tarde el público era más bien escaso, apenas una tercera parte de los asientos, mientras a partir de las 7 de la tarde era ya difícil conseguir asiento y así fue prácticamente hasta el último concursante.

A las 4 de la tarde empezó la rusa Yulia Chaplina (1987), con su recital. Abrió con la Chacona de Sofia Gubaidulina, que me gustó mucho, tanto por la obra como por la interpretación. Le siguió el Andante y variaciones en fa menor Hob. XVII: 6 de Joseph Haydn, con buena ténica, y un control dinámico y un equilibrio entre las manos impecable. Muy buena impresión inicialmente, pero a medida que iba avanzando la obra, empecé a tener la sensación de que escuchaba más bien a una alumna que a una pianista profesional: todo sonaba muy bien, pero no había nada personal, los tempi eran demasiado tranquilos y por momentos se rozaba un cierto tedio. La tercera pieza que abordó fueron las Quejas o la maja y el ruiseñor de Enrique Granados, donde le faltó pasión, rubato, encanto y casi todo: la técnica bien, indudablemente, pero este fue el punto más débil de su interpretación. Terminó con los Estudios sinfónicos op. 13 de Robert Schumann, elegidos también por el tercer concursante de la tarde, Vladislav Kozhukhin, lo que perjudicó a Chaplina. Su interpretación fue nuevamente correcta -aunque aquí hubo algún error pequeño-, hizo unos trinos preciosos -los mejores de la tarde- y mantuvo una coherencia en sus intenciones. En resumen, una pianista buena, pero con poca personalidad todavía: tiene técnica, una buena mano izquierda, usa bien el pedal y tiene buen gusto, pero aún le falta rodaje, adquirir su estilo propio, expresarse con la música.

El segundo pianista de la tarde fue el húngaro Benedek Horváth (1989) quien abordó el Quinteto para piano y cuerdas op. 44 de Robert Schumann, el mismo que eligió la última pianista de la tarde, Nadezda Pisareva, y nuevamente Pisareva le superó y difuminó muchos detalles positivos de Horváth. Lo primero que hay que decir de la versión de Horváth es que apenas llegamos a disfrutarla, el Cuarteto Casals le perjudicó bastante malgastando sus fraseo, tapándole, y cortando sus arranques expresivos. Y el problema de Hovárth es que no se supo imponer. El resultado fue decepcionante, se atisbaba un buen pianista, con energía y buen uso del pedal, con un fraseo bien pensado, pero sólo por momentos, en otros casi ni se llegaba a saber qué estaba haciendo el pianista.

El tercer pianista de la sesión fue para mí el mejor. Vladislav Kozhukhin (Rusia, 1990) es además el segundo pianista más joven de entre los que llegaron a esta fase, junto con un joven chino que tiene sólo 16 años, Zihui Song, y ni siquiera ha iniciado sus estudios profesionales (aún está en el instituto). Kozhukhin se enfrentó muy solventemente y con seguridad a su programa, demostrando que es un posible ganador o cuando menos finalista de este concurso. Comenzó con el Preludio, coral y fuga M 21 de Cesar Franck: muy bien el Preludio y el Coral, con un sonido precioso, lleno y bastante organístico aunque para ello se viera obligada a usar un pedal algo turbio en ocasiones. La Fuga en cambio fue un poco sosa, no sonó como una culminación de la obra. Fue muy interesante su visión de El Corpus Christi en Sevilla del primer cuaderno de Iberia. Se había preparado bien la obra, al contrario que Chaplina parecía haber escuchado grabaciones y conocer un poco mejor la tradición, pero al mismo tiempo hizo una versión muy personal. En general optó por una visión stravinskiana o scriabiniana, incluso con algún toque del desenfado de un pianista de jazz, lo cual no está tan equivocado en Iberia de Albéniz. Resulta chocante escuchar tan resaltadas las disonancias de la pieza -se le concedía casi igual relevancia a ambas manos- pero la música fluía y algunos momentos en los que perdió el hilo no llegaron a empañar esta ligereza. Los Estudios sinfónicos op. 13 fueron uno de los mejores momentos de su recital: su versión sonó potente, con un concepto global de la obra y una coherencia que me impresionaron favorablemente, sobre todo en el famoso estudio final. Terminó con la Sonata nº 1 en do mayor de Rodion Schedrin, una obra muy interesante pero que no me acabó de parecer una buena opción para concluir su recital. Es una obra bastante concentrada y que exige esfuerzo por parte del oyente, y sobre todo poco brillante. Kozhukhin la tocó francamente bien, con un tempo ligero, especialmente en las Variazioni polifonici, con pasión en muchos momentos, pero sigo pensando que podría haberse lucido más con otra obra. El público le aplaudió más que a los dos pianistas anteriores.

Lógicamente la pianista más aplaudida de la sesión fue la siguiente en salir al escenario: la española Marta Liébana (1985). En las anteriores ediciones del Concurso de Piano de Santander que seguí me dió rabia que no hubiera españoles en la final (el último fue Gustavo Díaz Jerez en 1998), pero al mismo tiempo hube de reconocer que no daban la talla (incluso alguno que ahora está haciendo una carrera relativamente interesante no hizo un buen concurso cuando se presentó). Por eso me alegré tanto como el público con Liébana y su versión del Quinteto para piano y cuerdas en la mayor op. 81 de Antonin Dvorák. Tampoco aquí me convenció del todo el Cuarteto Casals -los recuerdo como un cuarteto muy bueno y las dos últimas veces que los he escuchado la calidad me pareció haber caído en picado- pero Liébana consiguió arrastrarlos mucho mejor e hizo que su versión se oyera, a lo cual sin duda también contribuye el que Dvorák fue mucho más cariñoso con el pianista de este Quinteto que Schumann con el suyo. El sonido de Liébana no es muy potente, pero un uso inteligente del pedal consigue aumentarlo, tiene un fraseo agradable y un sonido muy bonito. De su interpretación destacaría sobre todo el Andante con moto que planteó de un modo casi impresionista, con cierta irregularidad rítmica que le daba una gran expresividad al resultado final.

János Palojtay me impresionó por la tremenda flexibilidad de manos y cuerpo. Al principio me preocupaba incluso su posición al piano, que por momentos era con una espalda torcidísima, pero luego me di cuenta de que variaba su posición frecuentemente según lo requería la interpretación y que no había ningún problema en este aspecto, sino simplemente una movilidad poco habitual. Su recital empezó además de un modo poco convencional y que demuestra que el repertorio de los concursos también está cambiando a toda velocidad: cuatro números sueltos de diferentes cuadernos de Jatékok de Kurtág. Se le notó muy suelto, que le gustaba lo que estaba haciendo y hacía disfrutar al público también. Un comienzo brillante. Tocó luego la Polonesa-Fantasía en la bemol mayor op. 61 de Chopin con corrección y estilo pero Palojtay no es un chopiniano -hay pianistas que lo son y otros no- y le faltó brillantez, incisividad o lo que sea: simplemente sonó mate y aburrido y eso es todo. La obra española obligatoria en esta fase (se podía elegir Iberia -excepto Evocación-, algunas piezas de Goyescas de Granados o la Fantasía bética de Falla) fue para Palojtay El Puerto, del primer cuaderno de Iberia. El resultado nuevamente correcto pero poco interesante. Los dos Impromptus del op. 142-D 935 (el 3 y el 4) revivieron la alegría y ligereza de los Jatekok: esta es la música en la que parece estar más a gusto Palojtay, la que le permite sencillez, desenfado, alegría. Sería sencillo clasificarlo entonces como un simple pianista de salón, pero sospecho que tiene más que decir. Es de los pianistas que pretendo mirar en internet [se puede seguir todo el concurso con buena calidad de sonido en LIVE!] para escuchar su prueba de cámara. Terminó con una versión romántica de la Sonata nº 3 en fa sostenido menor op. 23 de Alexander Scriabin que sólo reafirmó mi opinión, Palojtay tiene una técnica muy buena, especialmente en lo que se refiere a mano izquierda y uso del pedal, pero se mueve mejor en obras más cortas, resulta demasiado ligero cuando se enfrenta a piezas largas o complejas formalmente.

Ya cerca de las 21.30 le tocó el turno a la última concursante: la rusa Nadezda Pisareva (1987) quien interpretó nuevamente la parte de piano del Quinteto op. 44 de Schumann. Pisareva tiene un alto nivel técnico y un buen concepto de lo que desea conseguir, de modo que su interpretación fue muy coherente y consiguió del Cuarteto Casals un rendimiento muy superior al de Hovárth cuatro horas antes. Su pirmer movimiento fue brillante, el segundo una auténtica marcha fúnebre cargada de emotividad y solemnidad, el tercero fue quizá el más descuidado en lo referente al sonido pero en cambio sonó brillante y conclusivo. En resumen, no me pareció una pianista excepcional pero sí resolutiva, capaz de dar placer al público. Como en el caso de Liébana, hace falta oírla en su recital para poder juzgarla mejor.



Este artículo fue publicado el 01/08/2012

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Comentarios:


Conciencia 07/08/2012 23:05:49
La Señora Baliñas podría tener un poco más de humildad. Me apuesto lo que sea a que el último clasificado del Concurso le da unas cuantas vueltas tocando, incluyendo esos pianistas españoles que según ella "no han dado la talla". Son jóvenes que empiezan su carrera, no "divos" consagrados.

bajateclasenfurecida 02/08/2012 19:18:15
Es una vergüenza tener que leer críticas como esta. ?EL CUARTETO CASALS EL CULPABLE DEL SCHUMANN QUE "EJECUTÓ" HORVÁTH? ?Que Liébana arrastró al Cuarteto? La crítica musical de este país es una verdadera vergüenza.


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