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Bagatelas vienesas

Friedrich Cerha: Cinco piezas para clarinete, violonchelo y piano; Quinteto para clarinete y cuarteto de cuerda; Ocho bagatelas para clarinete y piano. Andreas Schablas, clarinete. Janna Polyzoides, piano. Arcus Ensemble Wien. Hugo Wolf Quartett. Wulf Weinmann, productor. Christoph Amann, edición. Un CD DDD de 54:45 minutos de duración grabado en la Kunsthaus Mürzzuschlag (Austria), del 22 al 24 de mayo de 2011. NEOS 10921. Distribuidor en España: Diverdi
imagen El compositor austriaco Friedrich Cerha (Viena, 1926) ha tenido que traspasar la muy respetable barrera de los ochenta años para ver cómo su discografía empezaba a cobrar el peso y la extensión que merece su catálogo de obras y su posición en el mapa de la contemporaneidad, más allá de la que quizás es su aportación más célebre y (re)conocida (por la mayoría de los melómanos): su edición del tercer acto de la truculenta Lulu de Alban Berg. La amplia y variada producción musical de Cerha se ha visto refrendada en lo que va de siglo por importantes lanzamientos en sellos como Kairos, ECM o NEOS, que se unen a los ya ‘clásicos’ de col legno y CPO -aunque alguno de ellos hoy difícilmente encontrable, como la excelente lectura de sus primeros cuartetos y movimientos sobre Hölderlin a cargo del Arditti en conjunción con parte del tristemente desaparecido Alban Berg Quartett para CPO (999 646-2)-.

Era el Alban Berg Quartett una de las agrupaciones que mejor justicia hacía al sonido Cerha, a ese estilo enraizado en la tradición austriaca del siglo XX, en cuya columna vertebral se encuentra entroncado, asentando sus cimientos en la Segunda Escuela de Viena, muy especialmente en el citado Berg y en Arnold Schönberg. Sin embargo, el catálogo de Cerha muestra otros rostros, algunos de ellos más actualizados, a la par que vehementes y furibundos, más propios de la avantgarde de los años sesenta, como la apocalíptica y posnuclear Und du... (1963), reseñada en Mundoclasico.com el pasado mes de abril [leer reseña] con motivo de su edición en Kairos (0013182KAI).

El que hoy nos convoca es el Cerha formalmente más afín a su herencia vienesa, que se manifiesta de un modo exquisito en unas piezas de cámara con clarinete cargadas de elegancia, clasicismo y un tratamiento muy amable del sonido. Son todas ellas partituras compuestas entre los años 2000 y 2009; recientes, así pues, y ya muy alejadas de sus años más aguerridos y combativos. La denuncia crispada de Und du..., que habíamos padecido hasta el dolor en el disco de Kairos (¡extraordinario!), deja aquí paso a unas piezas de gran aliento poético, más introspectivas y refinadas, más atentas a lo que podríamos denominar ‘música pura’, centrándose en el sonido como construcción asentada en lo canónico antes que en el discurso ético o en la experimentación formal. Ello da lugar a una serie de piezas que lindan (o se adentran; alguna de forma explícita hasta en su título) en lo que podríamos denominar ‘bagatelas’. Por supuesto, habrá muchos a los que este Cerha tan delicado y complaciente le atraiga menos que el más visceral y reivindicativo (al menos, a quien estas líneas firma).

En las Cinco piezas para clarinete, violonchelo y piano (2000) la impronta vienesa se alía con otro buen conocedor (asimilador y difusor) de Schönberg, como lo fue Olivier Messiaen, cuyos ecos son por momentos indiscutibles en cuanto a armonías, melodía y tratamiento tímbrico en el empaste de los instrumentos. Las influencias del Quatuor pour la Fin du Temps (1940-41) son tan evidentes en este trío, que hasta en varios compases el violonchelo realiza un glissando que parece una suerte de canto imitativo de un pájaro, en el más puro estilo ornitológico-musical de Messiaen. La convergencia de los estudios de Cerha sobre el neoclasicismo y el serialismo da lugar a una intricada estructuración tonal aliada con una innegable búsqueda de la emoción más delicada, más sutil, algo que se filtra ya sea a través de la conformación de sus acordes, de sus incursiones en la microtonalidad, o de una melodía que da salida a un inherente lirismo.

El Quinteto para clarinete y cuarteto de cuerda (2004) ha sido descrito por Cerha como la pieza más clásica de su producción reciente, y su centro de atención es la relación tímbrica entre un solista y un conjunto instrumental (aquí un cuarteto de cuerda); algo que emparenta esta partitura con los recientes conciertos del compositor vienés para percusión, saxofón o violín, o sus piezas de cámara con oboe y trombón. En el Quinteto para clarinete y cuarteto Cerha dice haberse inspirado en Mozart para el orgánico de su instrumentación, así como por su forma de relacionar el sonido del clarinete con el cuarteto, siguiendo, asimismo, los principios clásicos para el carácter de sus cuatro movimientos. En estos, los contrastes internos son más extremos, aflorando otra influencia en cuanto a rítmica: la Sinfonía nº 88 de Haydn. Todo ello, según reconoce Cerha (en una declaración que parece ‘exculpatoria’), elude una forma ‘pastiche’, buscando una clara y personal progresión formal, un valor intrínseco como obra más que como ágora ecoica. Se trataría de alquitarar esas reverberaciones, esas filtraciones históricas a través del gran rizoma que es la música austriaca, que tiene en Cerha a uno de sus exponentes cruciales de la segunda mitad del siglo XX (aunque me temo que no tanto del XXI; siglo este en el que Cerha profesa un neoclasicismo actualizado que atenaza una producción hoy en exceso rehén del ayer).

Por último, las Ocho bagatelas para clarinete y piano (2009) buscan una progresión formal clara y contrastada en la que se desarrolle una dramaturgia reconocible en la relación habida entre los materiales musicales. Se alía este discurso formalista con un creciente interés en el último Cerha por la música folclórica, en este caso por el klezmer, presente de forma explícita en los compases para clarinete del tercer movimiento y, especialmente, en la sexta bagatela, titulada por el vienés ‘Klezmeriana’. En el caso de las bagatelas cuarta, quinta y séptima, es la música eslava la que provee inspiración y materiales melódicos. Todo ello nos conduce a lugares comunes harto reconocidos, que son perfectamente coherentes con la declaración de Cerha recogida en el libreto de este compacto contra las formas extremas de notación contemporánea, especialmente contra la creciente importancia de lo gestual en la música actual, con su carácter revelador de energías y espontaneidad. En algunos aspectos, obvio es, el venerable Cerha ya no se ha enganchado a las más potentes corrientes estéticas de nuestro tiempo; aunque en su caso ello resulte biográfica y estilísticamente comprensible...

Las interpretaciones son muy afines a la delicadeza y amabilidad de esta música: elegantes y sin mayores estridencias. La grabación apoya su concepto con una toma neutra y nítida. El libreto, como siempre en NEOS, muy detallado, con textos del propio Cerha sobre cada una de sus obras, fragmentos de partituras, fotos y datos biográficos.

Este disco ha sido enviado para su recensión por Diverdi


Este artículo fue publicado el 23/07/2012

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