Bélgica

Mundoclasico.com » Criticas » Bélgica

Grandes protagonistas

Bruselas, 03/05/2012. Théâtre Royal de La Monnaie. Otello (estreno: Teatro del Fondo, Nápoles, 4 de diciembre de 1816). Libreto de F. M. Berio y música de G. Rossini. Intérpretes: Gregory Kunde (Otello), Anna Caterina Antonacci (Desdemona), Dmitry Korchak (Rodrigo), Giovanni Furlanetto (Elmiro), Darío Schmunck (Jago), José Maria Lo Monaco (Emilia), Stefan Cifolelli (Lucio) y Tansel Akzeybek (Dogo/Un gondolero). Orquesta y coro (maestro preparador: Martino Faggiani) del Teatro. Dirección: Evelino Pidò. Versión de concierto
imagen

Al parecer, en Bruselas gusta más el Rossini serio que el cómico, tanto como para que se repita el nunca muy frecuentado (por su dificultad, que no por su genialidad) título rossiniano a una distancia de casi veinte años (cuando en todos ellos no ha habido un Barbiere, por ejemplo). Y, más raro aún, que pese a no ser en versión escénica (se trataba de una excelente de Luca Ronconi), el nivel en general haya resultado más alto que el ya elevado de entonces.

Esto se debió, sin duda y principalmente, a los tres protagonistas y a algunos de los secundarios. El coro y la orquesta sonaron muy bien (el primero puede que con pocos matices, pero debido a lo que explicaré de inmediato), pero Pidò pareció olvidar en más de una ocasión (sobre todo aquellas en que no se trataba de solistas, incluso en algún dúo) que la orquesta estaba sobre el escenario y forzó la dinámica. Por lo demás se trata de un director que conoce el estilo y está atento a la concertación (pero otras veces, por ejemplo cuando acompaña en concierto o representaciones operísticas a Dessay, se muestra más ‘benevolente’ a la hora de ayudar o respetar las características de una voz).

Kunde fue un ‘Otello’ ejemplar, incluso cuando en su aria inicial la voz estaba ‘fría’ y en las agilidades se notó mucho aire y su timbre -que nunca ha sido bello y menos en la segunda y más brillante etapa de su carrera- algo seco. Es admirable la extensión, la emisión, el estilo y la compenetración con la parte, que fue creciendo a partir de promediado el primer acto: difícil que alguien hoy pueda superarlo (o llegar a su nivel) en el papel.

Antonacci es una ‘Desdemona’ más que de lujo de ensueño. La voz fluyó con facilidad, homogeneidad, su célebre articulación hizo que no se perdiera una frase (más mérito en esto tuvo Kunde), pero lo importante es que logró insuflar intención y dramatismo a las frases y recitativos más ‘banales’ del texto (como en su encuentro con ‘Rodrigo’ en el segundo acto) y en su gran intervención en ese tercer acto increíble estuvo simplemente memorable.

Korchak ha superado de lejos mis expectativas y recuerdos (la última vez que lo oí, en La gazza ladra, cantaba fundamentalmente con la nariz y el agudo tenía limitaciones). Ha aumentado su capacidad expresiva y respiratoria, los agudos son espectaculares (aunque en algunos llega al límite, pero la sala explota, por ejemplo, en su gran aria del segundo acto) y el timbre, sin ser nada del otro mundo, es más homogéneo en todos los registros (subsisten trazas nasales, con todo).

Schmunk, o ‘tercer tenor’ (pero hay dos más, por lo menos), merecería una ocasión mejor que este ‘Iago’ bien cantado y dicho. Furlanetto sigue siendo un elemento valioso, pero los agudos (en particular en su última intervención) suenan fijos y a veces forzados; su ‘Elmiro’ es un personaje importante, que canta mucho, aunque lamentablemente desprovisto (como ‘Iago’) de momento solista. Muy buena y con grandes posibilidades la ‘Emilia’ de Lo Monaco.

Las tres representaciones, de las que presencié la última, han tenido notable repercusión.



Este artículo fue publicado el 16/05/2012

Compartir


Bookmark and Share