Francia

Mundoclasico.com » Criticas » Francia

Virgilio enmendado

París, 12/04/2012. Thêátre des Champs Elysées. La Didone (Venecia, Teatro de San Cassiano, 1 de marzo de 1641 ). Libreto de Francesco Busenello sobre la Eneida de Virgilio, música de F.Cavalli. Intérpretes: Anna Bonitatibus (Didone), Kresimir Spicer (Enea), Xavier Sabata (Iarba), Maria Steijffert (Ecuba), Katherine Watson (Cassandra, Damigella I, Dama III)Demo), Tehila Nini Goldstein (Creusa, Giunone, Damigella II, Dma II), Maruab Rewerski (Fortuna, Anna, Dama I), Claire Debono (Venere, Iride, Damigella III), Damien Guillon/Terry Wey (Ascanio, Amore, Cacciatore), Nicolas Rivenq (Anchise, Un vecchio), Valerio Contaldo (Corebo, Eolo, Cacciatore) Matthias Vidal (Ilioneo, Mercurio), Joseph Cornwell (Acate, Sicheo, Pirro Greco) y Francisco-Javier Bordas (Sinon Greco, Giove, Nettuno, Cacciatore). Dirección escénica: Clément Hervieu-Leger. Escenografía: Eric Ruf. Vestuario: Caroline de Vivaise. Luces: Bertrand Couderc. Les Arts Florissants. Dirección: William Christie.
imagen

Con un lleno prácticamente total llegó a París la primera cita operística de Christie y su conjunto con Cavalli. Fue un espectáculo largo, seguido con profundo interés, de mucho éxito (menos para los responsables de la parte escénica que recibieron algunos pitidos) y que sirve para confirmar el interés de la producción barroca para el público de ópera en general, y en particular el sector más joven, la ‘resurrección’ de Cavalli como autor de ‘repertorio’ (al menos en salas o ciudades en que el barroco es ya más atractivo o más asequible que el repertorio romántico, por recepción e interpretación), y, en este caso, que todo está tan normalizado o en vías de ello que también se pueden constatar desniveles en las prestaciones de los intérpretes.

La obra en sí es magnífica, aunque tal vez resulte menos atractiva o variada que los otros dos títulos ya ‘adquiridos’ de su autor: La Calisto e Il Giasone. Aunque el autor del texto sea el célebre Busenello y su vena irónica, satírica y poética esté siempre presente, las situaciones son más uniformes (todo el primer acto está construido casi hasta el final por escenas de lamentos de diversos personajes, en su mayoría femeninos). Aunque Berlioz fue más fiel a Virgilio y excluyó todo lo que pudiera parecer cómico, Busenello, salvo en las escenas de ‘Iarba’ , las damas y damiselas y en parte los dioses (justamente cuando son de su invención y no de la del poeta latino), ha seguido respetuosamente al modelo (salvo para el ‘inevitable’ final ‘feliz’ –o lo más parecido a esto) y hay veces en que se podría desear mayor brevedad o incisividad. Los actos siguientes son menos uniformes y fúnebres.

La Didonne Foto © 2012 by Vincent Pontet / Wikispectacle

La puesta en escena fue por camino contrario. El actor y director de la Comédie, Hervieu-Léger hacía su primer espectáculo lírico. Todo quedó bastante encorsetado y no hubo demasiadas soluciones felices para los intérpretes (dejar a la pobre ‘Dido’ literalmente por los suelos durante casi medio acto y sin moverse no fue especialmente brillante). Si el primer acto fue adecuadamente sombrío, en el segundo y tercero al ‘marco’ teatral se le agregó una especie de torre tubular blanca sumamente molesta, cubierta por un velo transparente del mismo color que servía fundamentalmente para las apariciones de los dioses (al parecer, en Cartago se comportaban de manera distinta que en Troya). Si al vestuario, entre elegante y atemporal con toques ‘arcaizantes’, no se le puede reprochar nada, la iluminación insistió a veces demasiado en el tenebrismo para pasar a claridades enceguecedoras.

La Didonne Foto © 2012 by Vincent Pontet / Wikispectacle

La orquesta y su director respondieron a su tradición y a su fama. Para el gusto de quien esto firma estuvieron un punto parcos y solemnes. Como en el programa se ataca un poco la ‘línea’ de Jacobs (un director con el que fuera del barroco no me he encontrado muchas veces de acuerdo) por su ‘exuberancia’, debo decir que la encuentro dramáticamente preferible.

Anna Bonitatibus Foto © 2012 by Vincent Pontet / Wikispectacle

En cuanto a los intérpretes, algunos especialistas del estilo se mesaban las barbas (o los cabellos) por la elección de Spicer como ‘Eneas: personalmente, no encontré nada malo en contar con una voz ‘grande’ (comparativamente) aunque a veces de emisión algo explosiva, además de sumamente expresivo en el gesto y la palabra. La mejor prestación fue, de todos modos, la de la excelente Anna Bonitatibus, que encuentra en este repertorio y este título todo aquello que puede poner de relieve sus cualidades de estilo, emisión, color homogéneo y dicción clarísima unidas a una gran calidad artística. Buenas prestaciones fueron las más episódicas de Streijffert, excelente color, Goldstein (de notable variedad de matices), Rewerski (buena sin reservas), Borda (un bajo que lamentablemente no tuvo más ocasiones de lucirse), mientras que Damien Guillon cantó desde el foso con muy poco tiempo para aprender las partes aquellas que en escena mimaba un enfermo pero activo Terry Wey. Interesantes fueron las cualidades de Watson (pese a que su Casandra resultó algo borrosa y genérica) y sobre todo Contaldo. Cornwell fue suficiente y lo mismo podría decirse de Debono si no fuera un volumen exiguo y un timbre hiriente. A Rivenq empieza a pasarle factura su impecable hoja de servicios, pero el caso más preocupante es el de Sabata que en un rol importante exhibió un agudo ‘típico’ de ciertos contratenores, pero un grave y un centro quebrados, a veces inaudibles y más de una vez desafinados que sólo una actuación muy participativa pudo compensar en parte. El joven Vidal apretó y forzó a gusto todo el tiempo, al parecer para gran satisfacción del público que prácticamente no hizo distingos en sus calurosas demostraciones de satisfacción. En cualquier caso, lo importante fue el contacto con la obra y que la misma retome su carrera.



Este artículo fue publicado el 24/04/2012

Compartir


Bookmark and Share