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Charmante Viardot

Pauline Viardot: Cendrillon (1904). André Cognet (barón de Pictordu), Sandrine Piau (Marie/Cendrillon), Jean Rigby (Armelinde), Susannah Waters (Maguelonne), Elizabeth Vidal (el Hada/una invitada), Jean-Luc Viala (El príncipe encantador), Paul Austin Kelly (el conde Barigoule). Miembros del Geoffrey Mitchell Choir. Nicholas Kok, pianista y director. Patric Schmid, productor y director artístico. Chris Braclik, ingeniero de sonido. 1 CD (DDD) de 62 minutos de duración, grabado en Rosslyn Hill Unitarian Chapel, (Londres) en enero de 2000. Opera Rara ORR212. Distribuidor en España: Diverdi.
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El immortal cuento de Charles Perrault, Cenicienta, era demasiado goloso como para no tentar al género lírico, sobre todo en Francia. Y es que, además de la adaptación más conocida hoy día, la genial partitura de Gioacchino Rossini (1817), la obra ha conocido al menos otras tres adaptaciones: la de Nicolò Isouard (1810), la de Jules Massenet (1896) y la presente de Pauline Viardot (estrenada en 1904 aunque compuesta con anterioridad) que Opera Rara presenta en primicia como tercer volumen de la colección 'Il Salotto', justamente, puesto que se trata de una obra dramática completa, -que podríamos considerar una opera de salón- adaptada para ser representada durante una velada musical. No en vano el acompañamiento se limita al piano. Por lo demás, nos encontramos ante una opéra comique en toda regla, es decir, números musicados que se alternan con diálogos hablados.

Pauline Viardot es conocida por muchas cosas, pero no precisamente como compositora. Es una faceta que ha sido eclipsada por otras circunstancias: hija del célebre tenor español Manuel García y hermana pequeña de la legendaria María Malibrán, recibió un entrenamiento musical tan duro como ésta, de la que se la consideró la heredera tras su prematura muerte, un peso nada fácil de llevar. Se casó con un amigo de su hermana, Louis Viardot, que llegaría a ser director del mítico Théâtre Italien de París. Su estancia en Rusia en 1843 sentó las bases para la amistad de por vida -algo más según algunos autores- con el poeta Ivan Turgenev. Como cantante fue destinataria de piezas y papeles tan extraordinarios como la Rapsodia para contralto de Brahms, la ‘Fidès’ de Le prophète de Meyerbeer, o la adaptación del Orphée de Gluck realizada por Berlioz, ardiente enamorado no correspondido. Saint-Saëns le dedicó su Samson et Dalila, como Schumann y Fauré le dedicaron canciones. Amiga de Chopin, George Sand, Delacroix o De Musset, por su salón pasaron asimismo miembros tan influyentes y representativos de la cultura decimonónica europea como Gounod, Massenet, Chaicovsqui, Rubinstein, Scheffer, Clara Schumann, Fanny Mendelssohn, Dickens o Henry James.

Como cantante fue apreciada en Rossini (‘Rosina’, ‘Desdemona’, ‘Cenerentola’), Meyerbeer (la citada ‘Fidès’) y Gluck (Orphée, Alceste). Pese a su voz eminentemente contraltil, su enorme registro le permitió abordar papeles tan comprometidos como la Norma de Bellini o la Lucia di Lammermoor de Donizetti. Su magnífica técnica y su completa formación musical le impulsaron además -estimulada sin duda por un círculo intelectual tan extraordinario, en el que brillaba con luz propia, no sólo como anfitriona– a hacer sus pinitos como compositora, con sorprendentes y magníficos resultados. Sus canciones son pequeñas joyas que cautivan por la inventiva melódica y la delicadeza y adecuación a los textos de los que se sirve.

El presente registro permite profundizar adecuadamente en una faceta de compositora excesivamente desconocida. La línea vocal revela un gran gusto y una innata elegancia, además de un carácter netamente francés, con ecos de algunos de los grandes protagonistas del mundo musical galo decimonónico (algunas frases del ‘conde Barigoule’ parecen sacadas directamente de Meyerbeer). El acompañamiento pianístico revela un evidente conocimiento y asimilación de la obra de Chopin, aspecto que se ve reforzado con una feliz idea musicológica: en el baile del segundo acto la partitura prevé la intervención de ‘una invitada’ y de ‘Cenicienta’, dejándose a las intérpretes la tarea de cantar una pieza de su elección. Con excelente criterio en esta ocasión se ha decidido incluir dos de las seis adaptaciones vocales que Viardot realizó sobre mazurcas del compositor polaco (Coquette y L’Oiselet).

La compañía reunida por Opera Rara difícilmente podría ser mejorada. Sandrine Piau delinea una ‘Cenicienta’ delicada y dulce, de gran elegancia vocal y absoluta adecuación estilística. Jean Rigby y Susannah Waters como sus hermanastras componen el justo contrapunto cómico-patético, algo también reflejado en la escritura musical prevista en el caso del padrastro (André Cognet) y el ‘conde Barigoule’ (Paul Austin Kelly) apropiadamente altisonantes en su papel de nobleza del dinero con aires de la nobleza de sangre. Jean-Luc Viala tiene todo el encanto del ‘Prince Charmant’, mientras que Elizabeth Vidal como ‘Hada madrina’ resulta sobrenatural en virtud de una voz ligerísima. La presencia de tantas voces femeninas (tres sopranos y una mezzo) no es un impedimento desde el momento en que todas las cantantes se distinguen tímbricamente, además de ajustarse al carácter de sus personajes y actuar en consecuencia.

Nicholas Kok les acompaña al piano individualizando las distintas circunstancias con gran expresividad, mientras que los miembros escogidos del Geoffrey Mitchell Choir (no creo que más de tres por cuerda) están perfectos en su breve intervención. El resultado es una hora de plácida música llena de charme, servida por una estupenda toma sonora.

Como siempre, la presentación es todo un lujo, con unas estupendas notas de Erica Jeal, más centradas en la vida y las circunstancias de la autora que en el análisis musical de la obra. El libreto en francés viene acompañado de la traducción al inglés. Fotos y caricaturas de la Viardot acompañan las fotos de los cantantes. Sólo se echa de menos la duración de cada número en el índice de las pistas. Por lo demás, sólo cabe quitarse el sombrero ante esta propuesta tan original con la que el sello británico, una vez más, da en la diana.



Este artículo fue publicado el 22/02/2006

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