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Una Aída respetuosa y de calidad en el Avenida de Buenos Aires

Buenos Aires, 23/02/2007. Teatro Avenida. Giuseppe Verdi: Aida, ópera en cuatro actos. Libreto de Antonio Ghislanzoni, Eduard Mariette y Camille du Locle. Eduardo Casullo, director escénico. Atilio de Laforé, escenografía. Mariela Daga y Azelio Polo, diseño de vestuario. Ernesto Bechara, iluminación. Luciana Prato, coreografía. Haydée Dabusti (Aida), María Luján Mirabelli (Amneris), Carlos Duarte (Radamés), Ricardo Ortale (Amonasro), Oreste Chlopecki (Ranfis), Cristian De Marco (El Rey). Martín Pagano (Mensajero), Andrea Maragno (Sacerdotisa). Coros de Fundamús, de la Catedral de San Isidro, de la Facultad de Derecho, de la Lucila y de Vicente López. Dirección de Coris: Martín Palmeri y Gustavo Felice. Orquesta de Fundamús. Director musical: Roberto Luvini. Espectáculo presentado y producido por FUNDAMÚS (Fundación para la Música). Se repite los días 16 y 18 de marzo.
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Desde hace aproximadamente diez años las compañías de ópera independiente de Buenos Aires crecen en cantidad. El nivel de calidad deseable lo terminan estableciendo las que presentan elencos homogéneos, las que tienen mejor capacidad de producción, las que ofrecen variedad en sus propuestas y las que cuidan la presentación de sus programas, la difusión y la atención, o sea, las mejores. Las demás deben adecuarse a estos niveles o se ven condenadas a la desaparición, a una presencia de público escasa o a pobres resultados artísticos.

Si bien algunas instituciones no quieren, no pueden o no saben entender estas simples razones, en el caso que nos ocupa la entidad productora de esta Aida (Fundamús) de la mano de Eduardo Casullo buscó los mejores elementos posibles para esta producción y consecuentemente encontró una excelente respuesta del público y logró resultados artísticos de la mejor calidad, en la que fue la primera ópera representada en la Temporada 2007 de la Argentina.


Fotografía © 2007 by Fundamús

La puesta:

Los desafíos de la puesta en escena eran muchos y todos ellos fueron resueltos con inteligencia y creatividad.

La ambientación de Atilio De Laforé recurrió a dos escaleras de gran tamaño en los costados del escenario que se complementaban con una central más pequeña, proyecciones en el fondo (bajorrelieves egipcios, una calle con esculturas y un intenso cielo estrellado), reproducciones de jeroglíficos en los costados y rampas sobre el foso de la orquesta que permiten desplazamientos desde la platea. En el primer cuadro del segundo acto, un telón de bellísima factura enmarca las estancias privadas de Amneris y la tumba del cuarto es sólo un haz de luz.

Los trajes diseñados por Mariela Daga y Azelio Polo tienen la dosis exacta de fidelidad histórica, belleza y creatividad. Muy bien resuelta la paleta de colores de los distintos grupos que conforman la acción (sacerdotes, guerreros, pueblo, esclavos, prisioneros, etc.), complementada por las bellas máscaras y joyería egipcia realizadas por Sergio Schoeder.

Eduardo Casullo logra en el reducido espacio del escenario del Teatro Avenida dar en los momentos necesarios el toque de grandeza y fasto que la obra requiere. Para ello se nota un trabajo milimétrico de disposición de los artistas y un uso inteligente de la platea con la entrada del Faraón (un verdadera pena que en la función que reseñamos el público no haya sido cómplice y no se plegara al pedido de: “solicitamos al público tener la amabilidad de participar de la obra simplemente parándose cuando entra el Rey”), de mujeres ofreciendo el pan de la victoria (aquí sí el público comió el pan ofrecido), de Radamés acompañado de algunos de sus guerreros y unas impactantes mujeres tigresas en su entrada triunfal, o de Aida huyendo en el tercer acto.

En las escenas más íntimas, Casullo demostró un conocimiento profundo de la partitura y buen manejo de los cantantes. En todo momento la eficaz y expresiva iluminación de Ernesto Bechara contribuyó a la suntuosidad del espectáculo, mientras que las danzas trazadas por Luciana Prato sólo fueron correctas.


Fotografía © 2007 by Fundamús

Aspectos musicales:

El preludio lento y desajustado que se complementó con una intrascendente coreografía durante su interpretación y una prestación débil de los solistas en el primer cuadro parecían preanunciar una mala noche musical. Afortunadamente con el desarrollo de la obra las cosas fueron encausándose para completar una versión de buena calidad y que creció en el curso de la representación.

Roberto Luvini, a pesar de la lentitud de algunos tempi, logró plasmar una buena lectura de la obra y los coros intervinientes, todos ellos de carácter no profesional, suplieron con voluntad algunos problemas.

Haydée Debusti, con un timbre aún ingrato en la zona superior de su registro, mostró su valía y crecimiento artístico con esta ‘Aida’. Siempre se puede pedir más a una artista y quizás ahora deberá trabajar la expresividad, el fraseo y las intenciones.

Carlos Duarte, con un inicio inseguro, se fue afianzando en el curso de la función, logrando un ‘Radamés’ de gran expresividad y con voz poderosa con los mejores momentos en el tercer y cuarto actos.


Fotografía © 2007 by Fundamús

Inversamente el ‘Ranfis‘ de Oreste Chlopecki inició bien su prestación vocal disminuyendo en el curso de la representación, con su punto más bajo en la escena del juicio del cuarto acto.

María Luján Mirabelli fue una ‘Amneris’ de gran personalidad y vehemencia en el decir. Sus escenas del encuentro con 'Radamés' y la del juicio fueron verdaderamente electrizantes.

Para Ricardo Ortale el rol de ‘Amonasro’ parece no tener secretos y puede ser a la vez poderoso, expresivo, cálido o suplicante conforme lo pide la acción dramática.

Correctos tanto Cristian De Marco (El Rey) como Andrea Maragno (Sacerdotisa) y una voz que valdrá la pena escuchar nuevamente, la de Martín Pagano (Mensajero).

En suma: un éxito para Fundamús con esta ‘Aida’ respetuosa y de calidad.



Este artículo fue publicado el 12/03/2007

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