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Karlheinz Stockhausen: Sirius. Annette Meriweather, soprano. Boris Carmeli, bajo. Suzanne Stephens, clarinete bajo. Markus Stockhausen, trompeta. Karlheinz Stockhausen, dirección musical y electrónica. Klaus Hiemann, ingeniero de sonido. 2 CDs ADD de 95:52 minutos de duración grabados en el Deutsche Grammophon Studio I de Hamburgo (Alemania), del 7 al 13 de mayo de 1979. Stockhausen Verlag CD 26
imagen Después de repasar algunas de las más sustanciales obras electrónicas compuestas por Karlheinz Stockhausen (Mödrath, 1928 - Kürten-Kettenberg, 2007) a lo largo de los irrepetibles años sesenta, damos un salto a la década de los setenta; un periodo que en el catálogo del compositor alemán estará marcado por el nacimiento de la monumental heptalogía operística Licht (1977-2003). Precisamente, este ciclo de óperas está de plena actualidad, pues se acaba de anunciar el estreno absoluto de la más inmensa y visionaria de sus entregas: Mittwoch aus Licht (1992-97), que tendrá lugar los días 22, 23, 24 y 25 del próximo mes de agosto en la ópera de Birmingham -con dirección escénica de Graham Vick y musical de Kathinka Pasveer-, en el marco de los Juegos Olímpicos de Londres 2012.

La inventiva e inauditos planteamientos de Mittwoch aus Licht (¿es preciso recordar el Helikopter-Streichquartett (1992-93)?, una de las piezas más controvertidas y audaces de Stockhausen) quedan aún muy lejanos a la pieza que hoy reseñamos: Sirius (1975-77), si bien comparte con la hepatlogía operística la gravitación de los planteamientos estilístico-musicales sobre el elemento dramático. En Sirius, ello se convierte en proceso de dramatización de la cosmogonía stockhauseniana, articulada a través de los signos del zodíaco -cuya presencia en la obra de Stockhausen es crucial, y de lo cual la versátil y coetánea Tierkreis (1974-75) es un perfecto ejemplo-.

Sirius, para soprano, bajo, clarinete bajo, trompeta y electrónica, se articula en una ‘Presentación’ (de los cuatro solistas), un recorrido por los signos Cáncer, Libra, Capricornio y Aries, y una ‘Anunciación’ final (ordenación ésta que varía en función del mes en que se realice la puesta en escena de la partitura, que comienza con uno u otro signo según las disposiciones marcadas por el compositor -El volumen 76 de la Stockhausen Verlag contiene 8 discos compactos en los que se presenta la música electrónica de Sirius en cuatro versiones con una rueda propia para cada estación del año-). El papel de los cuatro solistas es, entre otros, el de trasunto de los puntos cardinales, de los elementos, de las estaciones del año, y de lo que Stockhausen denomina ‘estadios del crecimiento’. El desarrollo musical adopta un carácter cíclico, basado en el círculo como representación del año, compuesto por las cuatro estaciones, tras cuyo giro emergerá la anunciación del mensaje de Sirius, que Stockhausen dice emanado de dicha estrella, cuya música cree el compositor alemán la más avanzada del universo, al tiempo que basada en su sincronización con los ritmos estelares y los patrones métricos de los diversos movimientos de traslación y rotación (por supuesto, estas creencias de Stockhausen, así como el credo de que él mismo provenía de dicha región espacial, son algunos de los aspectos más provocadores y polémicos del pensamiento stockhauseniano). Todo este esquema de Presentación - Rueda de las estaciones - Anunciación alcanza los 95 minutos de duración, y según su creador pretende transportar a la Tierra los principios estructurales de la música de Sirius.

A un nivel más puramente musical (aunque la conformación de cada uno de los parámetros en las partituras de Stockhausen siempre responde a los elementos conceptuales antes citados, que andamian cual mecano toda su estructura), Sirius lleva a cabo un extenso trabajo melódico, que se articula en base a doce melodías correspondientes a los doce signos del zodiaco -las de la partitura ya antes citada de Tierkreis-. Los cuatro signos fundamentales de Sirius: Cáncer, Libra, Capricornio y Aries, son los que presentan una melodía más definida, que se privilegia a lo largo del cuarto de hora que cada signo domina en la rueda en cuatro partes de las estaciones. Los demás signos operan a un nivel casi subliminal, con apariciones melódicas más solapadas. Los cuatro grandes signos van emergiendo, desarrollando y mutando sus melodías, así como su carácter rítmico y tímbrico, a medida que el tiempo musical -trasunto del espacial- se va desgranando en escena, con disoluciones temáticas que se integran en los siguientes signos zodiacales; todo ello con amplio despliegue de recitado vocal, que ejerce de conciencia (meta)musical a lo largo de toda la obra, con textos debidos al propio Stockhausen -excepto una cita del místico austriaco Jakob Lorber, en la ‘Anunciación’- en los que el compositor expone las tipologías humanas que representan los signos zodiacales. La lengua en que se narran estos textos viene determinada por el país en que se pone en escena la obra, si bien Stockhausen estipula la existencia de tres idiomas en la pieza, de los cuales el que lleva la parte principal de la narración aconseja sea el propio del país donde se representa. La versión de estudio que en este CD 26 escuchamos tiene al inglés como lengua principal, al alemán como segunda lengua, y al italiano como tercera -con una puntual aparición en Aries-.

Todo ello genera una música muy compacta, aunque acabe resultando algo cansina por su saturación de motivos y el tono un tanto salmódico de la pieza, especialmente en sus recitados y en la condensación de sus melodías, muy comprimidas a nivel armónico. La parte electrónica (que escuchamos aquí en una reducción a estéreo del original para ocho canales) está muy lejos de los logros alcanzados en las piezas mayores de los años sesenta, como Mikrophonie I (1964), Kurzwellen (1968), o Hymnen (1966-69). Frente a su radicalidad, expresividad y hallazgos, Sirius se sitúa en un plano más convencional, retoma no pocos procedimientos vocales propios de la tradición germánica, y no nos sorprenderá como lo hacían las partituras antes mencionadas; resultando más interesante (como discutible) a nivel conceptual que estrictamente sonoro. Y eso que la interpretación es de las que contribuye a la causa, con especialistas en la música de Stockhausen realmente entregados en esta versión a todos los niveles, tanto expresivos como técnicos, apoyados en un equilibrio sonoro impecable y en una grabación que espacializa a los músicos con un carácter netamente escénico.

El libreto de esta edición (cuyo audio fuera publicado en vinilo por la Deutsche Grammophon en su día), de 68 páginas, es muy exhaustivo en datos sobre la obra y sus posibles conformaciones, además de dar numerosas indicaciones para su escenificación. Como siempre en el sello alemán, está repleto de fotografías, partituras, esquemas y textos. Por último, recordar a quienes deseen hacerse con esta grabación de Sirius que pueden realizarlo a través de la web de la Stockhausen Verlag, página a la que se accede desde esta reseña.

Estos discos han sido enviados para su recensión por la Stockhausen Stiftung


Este artículo fue publicado el 19/03/2012

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