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Jaroussky: el precio de la perfección técnica

A Coruña, 04/12/2011. Teatro Colón CaixaGalicia. Recital de Philippe Jaroussky, contratenor y la Freiburg Barockorchester. Programa: obras de G. F. Haendel. Xacobeo Classics 2011
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El barroco gusta y está de moda, ahora más que nunca antes. De esto no cabe duda. La prueba fue el teatro lleno hasta los topes para presenciar la actuación de Philippe Jaroussky, considerado el más brillante contratenor de la actualidad, y ya convertido en una súper estrella mediática con una poderosa presencia en el mercado discográfico. Público entregado, mayoritariamente conocedor del repertorio y el artista, y éxito importantísimo, coronado con tres bises y palmas a la andaluza. Está claro que es el momento del barroco.

Jaroussky volvía a Galicia dos años después de haber ofrecido un concierto en el Festival Via Stellae de Santiago de Compostela. Las mayores diferencias entre este concierto y aquel eran básicamente dos: el repertorio -consagrado esta vez íntegramente a la figura de George Friederich Haendel- y la orquesta -la Orquesta Barroca de Friburgo-, que constituyó, en mi opinión, casi el mayor atractivo de la velada.

Porque a Philippe Jaroussky no se le pueden discutir ni su hermosísimo timbre de sopranista, purísimo en la emisión; ni la perfección técnica que le permite acometer por igual desde largos pasajes en legato hasta grandes secciones de coloratura trepidante. Hay, indiscutiblemente, sentido de la musicalidad, y generosidad y creatividad en la ornamentación. El control técnico sobre su instrumento es completo, conoce sus límites, y tiene las arias preparadas a conciencia. Ya solo por todo esto habría que aplaudirle y reconocer su talento innegable. Pero personalmente creo que la voz, aunque bien proyectada, es excesivamente pequeña -algo que dificulta a veces la efectividad en la administración de los reguladores, y que se nota aún más en un teatro de acústica seca y conflictiva como es este-, algo que hace que en los pasajes de bravura el cantante quede ocasionalmente tapado por la orquesta. Tampoco le ayuda el hecho de que, posiblemente en la búsqueda de la perfección técnica, su fraseo caiga en la monotonía, en la falta de implicación dramática y, sobre todo, en la falta de diferenciación psicológica entre los personajes de las arias. Todo es tan técnicamente perfecto como absolutamente previsible pasados unos pocos minutos; a mí -opinión íntima y personal- me faltó emoción real y me sobró perfección técnica.

Pero quizá lo más reseñable en el aspecto negativo sea una notoria falta de redondez en el grave -ocasionalmente sordo- en algunas arias que no le convienen -podrían ser ejemplos las de Tirinto en Imeneo y Ariodante-. En los roles de tesitura más aguda -Sesto de Giulio Cesare, Ruggiero de Alcina o Radamisto- está más cómodo, y les saca mucho mayor partido. Cuidar la elección de repertorio ayudaría a redondear el resultado: esta falta de grave es lógica por tesitura, y podría paliarse evitando cantar según qué cosas.

La Orquesta Barroca de Friburgo me pareció un prodigio de afinación e incisividad en todas sus secciones, con unas lecturas virtuosas y pulcras, de un historicismo extremo que, en manos de un conjunto que no tuviera esta categoría hubieran naufragado y, aquí, en cambio, resultaron vibrantes: su inicio del aria de Nerone en Agrippina fue un prodigio por la transparencia de la cuerda. En este sentido, fue memorable su interpretación del Concerto Grosso opus 6 número 6, para mí más interesante incluso que las intervenciones del solista. Les dirigió acertadamente una de sus dos concertinos, Petra Mullejans.

Pero está claro que el resto del público asistente sí se emocionó con la técnica de Jaroussky por sí misma: se escucharon ovaciones ensordecedoras e insistentes, con numerosos bravos durante todo el concierto, que fueron dando lugar a tres bises: el 'Alto Giove', de Polifemo de Porpora -que Jaroussky borda y ha convertido en una verdadera especialidad de la casa-; el 'Venti turbini', de Rinaldo, con relampagueantes coloraturas impecables a velocidad de vértigo, pero también algo escaso de cuerpo en el grave; y el archifamoso 'Ombra mai fu', de Serse, que tampoco es lo que más le convenga en términos de tesitura. A pesar de todo, fue un grandísimo éxito de público.



Este artículo fue publicado el 09/01/2012

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