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Vuelta a la tradición

San Petersburgo, 22/04/2012. Teatro Mariinski. El príncipe Igor, ópera en un prólogo y dos actos de Alexander Borodin sobre un libreto propio basado en una historia popular. Evgueni Sokovnin, director escénico. Irkin Gabitov, modernización de la dirección escénica. Nina Tijonova y Nicolai Melnikov, decorados. Viacheslav Okunev, modernización de los decorados. Coreografía de las Danzas Polotvosianas, Mijail Fokin. Elenco: Evgueni Nikitin (Príncipe Igor), Ekaterina Shimanovich (Yaroslavna, esposa de Igor), Evgueni Akimov (Vladimir, hijo de Igor), Edward Tsanga (Príncipe Galitski, hermano de Yaroslavna), Gennadi Bezubenkov (Khan Konchak, jefe de los polotvosianos), Natalia Yestafieva (Konchakovna, hija de Konchak), Yuri Alexeyev (Ovlur, un polotvosiano), y otros. Polina Rassadina, Konstantin Ivkin, Ekaterina Mijailovtseva, Olga Balinskaia e Irina Prokofieva, bailarines. Coro y Orquesta del Teatro Mariinski. Pavel Smelkov, director musical. Temporada 229 del Teatro Mariinski
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La oficina de prensa del Teatro Mariinski me preguntó un par de veces por mi opinión sobre Pelleas y Melisande, la producción que acaban de estrenar y de la cual lógicamente desean recibir reseñas. Y sin embargo para mí era tanto o más interesante poder asistir a los grandes clásicos del Mariinski: El príncipe Igor, La leyenda del zar Saltán, Mazzeppa, y demás óperas de la tradición rusa que sigue siendo muy difícil ver fuera de sus teatros. Desgraciadamente esto significó tener que asistir a las sesiones matinales, en las que a veces -y el Príncipe Igor fue una de esas ocasiones- la calidad musical se cuida menos.

Muchos se preguntan el motivo por el que siguen apareciendo tantos grandes directores de orquesta rusos y para mí la cuestión tiene una respuesta bien sencilla: es que dirigen mucho. Un joven director español puede darse por contento si tiene una docena de compromisos anuales en sus primeros años de carrera, pero los jóvenes directores asociados al Mariinski, al Bolshoi o a cualquiera de los numerosos teatros 'de provincias' dirigen regularmente varias veces por semana entre funciones, ensayos, funciones de estudiantes, ballets, matinés y demás compromisos. Así se van curtiendo y cogiendo experiencia y luego los mejores inician una carrera internacional, otros se quedan en Rusia en teatros menores, se dedican a la enseñanza o -en estos días ví varios casos- se convierten en unos popularísimos directores 'de segunda clase' a los que el público aprecia y aplaude con todo cariño. No sé qué pasará con Pavel Smelkov, quien lleva en el Mariinski desde 2000 y ya se ha presentado en teatros tan importantes como el Metropolitan de Nueva York (sustituyendo a Gergiev), al tiempo que ha iniciado su carrera docente y estrenado algunas obras como compositor, pero el público estaba muy contento con él. Según su curriculo no ha actuado nunca en España.

Como director Smelkov hizo algunas cosas preciosas, especialmente en los interludios instrumentales, las danzas (contando con que ahí tiene además que someterse a los bailarines) y, cómo no, las oberturas. En cambio hubo algunos problemas de ajuste con el coro, al que intentó dar una vivacidad mayor de la que ellos estaban dispuestos a poner en práctica. En cualquier caso, una interpretación muy viva y muy fresca, cariñosa con los cantantes -algunos de los cuales no se lucieron gran cosa-, que tuvo momentos francamente buenos. El público le aplaudió mucho, tanto al final como ya en algún momento intermedio (los rusos son muy aplaudidores en el teatro).

Momento del Acto II

© 2012 by Teatro Mariinski

Como antes anticipaba, la parte más floja de la función estuvo en los cantantes. Debo decir en primer lugar que con el ritmo de funciones del Mariinski, hay poco tiempo para ensayos y que Príncipe Igor por más que sea muy conocida para ellos, no es tan fácil de cantar. Los principales problemas los presentó Akimov, el hijo del Príncipe Igor, en el primer acto, cuando cometió auténticos errores de afinación y emisión. Después en el segundo acto se recuperó y sin ser un cantante excepcional cumplió en su escena de despedida de la princesa Konchakovna. El propio protagonista, Evgueni Nikitin, que participaba como invitado especial en esta función, funcionó muy bien actoralmente y no tanto en lo vocal, donde tuvo momentos buenos -sobre todo en el prólogo y primer acto- y otros no tanto, especialmente en su huída y vuelta a Putliv. Por seguir con el elemento masculino, Tsanga fue un cantante simplemente discreto y me resultó más interesante actuando. Mientras Bezubenkov hizo un Khan Konchak de primera categoría que atraía más interés y cariño por el rol que el propio Príncipe Igor. De los cantantes masculinos, claramente Bezubenkov me pareció el mejor.

Shimanovich en el Acto II

© 2012 by Maruxa Baliñas

 

Las mujeres se lucieron más, especialmente Shimanovich, que nos emocionó totalmente y se ganó unas largas ovaciones en su largo lamento del 2º acto, además de mostrarse como una espléndida cantante y actriz en todas sus intervenciones. La caprichosa princesa Konchakovna fue un poco más irregular pero siempre manteniendo un nivel más que aceptable.

Final del Acto I

© 2012 by Maruxa Baliñas

 

El coro no me convenció del todo. Creo que conocen la obra demasiado bien, la han hecho demasiadas veces, y por ello fueron algo descuidados tanto en atender a las indicaciones de Smelkov como en la parte actoral (tambores que se tocan a destiempo por parte de los guerreros, cambios de postura antes de haber salido realmente del escenario, etc.). Pero el que entienda el problema y hasta cierto punto lo justifique -era una función matinal- no le quita importancia a su actitud: un teatro muestra su calidad por los peores de sus miembros y una de las grandes bazas del Mariinski fue siempre el tener unos cuerpos estables de primera categoría. La apuesta de Gergiev por modernizar el Mariinski e introducir nuevas óperas y montajes no puede significar una merma en estas producciones tradicionales que siguen atrayendo a un público muy amplio (y no sólo a los turistas).

Comienzo de la ópera

© 2012 by Maruxa Baliñas

Y nos queda hablar de la producción, que fue lo realmente atractivo en esta representación. Se trata de una renovación del montaje que Evgueni Sokovnin realizó en 1954, y que se recuperó con algunos cambios en 2001. A lo largo del texto he ido incorporando algunas fotos propias (de ahí la baja calidad) que muestran los diferentes escenarios de la ópera. Como verán se trata de un montaje realista pero que no renuncia a una visión plástica muy rusa, grandiosa en algunos aspectos y bien cuidada etnográficamente. Los trajes, de los que no se indica el responsable, fueron bellísimos y nuevamente detallistas en lo etnográfico, en las diferencias entre los príncipes rusos y los orientales: ser realista en 1954 no era sólo una cuestión estética sino incluso política, y no hay que olvidar que buena parte de los problemas de censura que tuvo Shostakovich con sus obras escénicas fueron -por lo menos oficialmente- debidos a su falta de adecuación a la realidad de lo que retrata (estoy pensando en el ballet La corriente brillante), y el que Stalin hubiera muerto en 1953, un año antes, no había cambiado realmente el pensamiento estético en la URSS.

Las danzas polotvosianas, en la coreografía tradicional de Fokine, salieron impecables y fueron uno de los grandes momentos de esta producción. Actoralmente, y creo que ya lo he ido diciendo a lo largo de esta reseña, El príncipe Igor se aprovecha de la larga tradición de la ópera, que se estrenó precisamente en este Teatro Mariinski de San Petersburgo en 1890 y que nunca se ha dejado de representar desde entonces con regularidad. Es por eso que la producción está cargada de pequeños detalles alquitarados a lo largo de más de cien años que son todo un privilegio para el espectador.

Y como no quiero prolongar demasiado esta crítica, me limitaré a decir que -cuestiones vocales aparte- fue una gran función de una magnífica ópera. Y que por supuesto recomiendo a cualquiera de nuestros lectores que tenga ocasión de ir a San Petersburgo, que no malgaste la posibilidad de ver esta ópera.



Este artículo fue publicado el 26/04/2012

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