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Tres formas de hacer lied (y III): ¿Todos contentos?

A Coruña, 11/06/2009. Teatro Colón CaixaGalicia. María Bayo, soprano. Maciej Pikulski, piano. Programa: Wolfgang Amadé Mozart: Sehnsucht nach dem Frühlinge K596; Das Veilchen K476; Abendempfindung K523; An Cloe K524; Das Lied der Trennung K519; Oiseaux, si tous les ans K307; Dans un bois solitaire K308 (295b); Ridente la calma K152; Un moto di gioia K579. Óscar Esplá: Cinco Canciones Playeras. Eduard Toldrá: La zagala alegre; Madre, unos ojuelos vi.; Nadie puede ser dichoso. Xavier Montsalvatge: Cinco Canciones Negras. María Bayo, soprano. Maciej Pikulski, piano. Festival Mozart CaixaGalicia.
imagen Si la memoria no me falla, fue en 1995 la primera vez que la soprano navarra María Bayo se presentó ante el público coruñés, junto a la Sinfónica de Galicia, para un concierto Mozart, con un programa similar al que algo más tarde se grabaría para la casa Auvidis y se convertiría en uno de los más celebrados recitales mozartianos recientes. Desde entonces, la presencia de Bayo en la ciudad ha sido constante, explorando los estilos más diversos: desde Mozart hasta Strauss, pasando por Canteloube o el repertorio zarzuelístico. Lo cierto es que a día de hoy, María Bayo no necesita presentación en A Coruña, y no solo por el lugar que tiene por derecho propio en el mundo de la lírica internacional; la afluencia de público a este recital fue notablemente superior a la de cualquiera de las citas anteriores del certamen, y es que buena parte del público asistía, sobre todo, por escucharla a ella, por encima de cualquier otra cuestión.

Cabe dejar claro que a nivel de público, el concierto fue un éxito incontestable, como demostraron los constantes aplausos después de cada uno de los lieder mozartianos que integraron la primera parte. No importaron las reiteradas peticiones de silencio de parte del público: quienes estaban disfrutando, aprovecharon cada momento posible para hacerlo notar -y no recuerdo semejante reacción aquí en un concierto de estas características desde hace bastante tiempo-. Evidentemente aplaudían a la figura por encima del rendimiento de ese momento; porque a decir verdad, el rendimiento de Bayo estuvo a años luz de aquel primer concierto mozartiano de 1995, e incluso muy alejado de las interesantes cosas que aún puede hacer a día de hoy con otros repertorios. Si la voz en el centro es verdaderamente bella -y hay que decir que en esta ocasión, estuvo incluso bastante más acertada de lo habitual en términos de afinación-, el recurso del portamento para ascender al agudo es recurrente -demasiado-, y los graves suenan sordos. Pero estos pequeños defectos no son nada si los comparamos con un serio problema de enfoque: la dicción edulcorada, acompañada de una gesticulación constante y excesiva -más de uno habrá tenido que cerrar los ojos o bajar la vista en algún momento para no estresarse- más propia del carácter de la muñeca Olympia en Les Contes d’Hoffmann, por poner un ejemplo, que de la sencilla naturaleza de estas bellísimas canciones mozartianas.

Mejoró mucho en todos los aspectos para la segunda parte consagrada a la música española -Esplá, de cuyas Canciones Playeras es toda una especialista, y que por cierto le quedan francamente bien; Toldrá y Monsalvatge-, partituras que tiene muy rodadas, que vocalmente no le generan ninguna dificultad y que se prestan más que los mozarts a su personalísima manera de hacer las cosas, incluso aunque aquí se haya mostrado bastante más contenida gestualmente hablando. Llama la atención alguna pérdida de texto durante las canciones negras -‘Chévere’- , extraño despiste que no se sabe muy bien a qué achacar.

Las muestras de entusiasmo se desbordaron al final, y más aún en los tres bises, el primero de los cuales, la salida de Cecilia Valdés, de la obra de Gonzalo Roig, parece hecho a medida del carácter de la soprano, que bailó y gesticuló a gusto mientras iba desengranando la partitura, ante la absoluta diversión y complicidad de la audiencia. Dos propinas más cerraron una velada en la que Maciej Pikulski se limitó a leer con corrección las partituras, sin mostrar demasiada complicidad con la cantante, y que fue, ante todo, un sonado éxito de público: el teatro registró una de las mayores entradas de esta edición, y casi todos se fueron contentos a casa después de escuchar a la cantante a la que habían ido a ver. Y a la hora de hacer un análisis final, esto es lo más importante… ¿O tal vez no?


Este artículo fue publicado el 03/07/2009

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