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Primavera en Praga (III)

Praga, 26/05/2004. Palacio Municipal. René Marino Rivero (bandoneon). Orquesta Sinfónica de Radio Praga. Director invitado Maestro Roberto Montenegro. Alberto Ginastera: Malambo del Ballet ‘Estancia’. Astor Piazzolla: ‘Concierto para Bandoneon y Orquesta’. Antonin Dvorák: Cuarta Sinfonía en re menor op.13. LIX Festival Primavera en Praga
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Por muy grande que sea la decisión de alcanzar el máximo de objetividad posible, no es fácil desprenderse, aun en la función de critico, de la íntima emoción que uno puede experimentar al escuchar música de su propio país a miles de kilómetros de distancia, interpretada por músicos que en su formación académica nada tienen que ver con los autores y sus composiciones.

Eso fue lo que me sucedió esta noche en Praga, la bella capital de la Republica Checa, cuando la estupenda orquesta de su radio nacional ataco los primeros compases del cuarto movimiento que el argentino Alberto Ginastera, acaso el mejor compositor del país del sur, escribiera para la música incidental de su ballet Estancia. Su danza final, el ‘Malambo’ de enérgico y vigoroso ritmo forma parte de un trabajo encargado por el Caravan American Ballet y está compuesto en 1941. De esa música el autor armó una Suite que tiempo después, cuando se afincó en Suiza, repudiara junto a toda su música originada en temas folclóricos de su país. Luego de su muerte, su segunda esposa la notable violonchelista Aurora Natola tomo la feliz iniciativa de recuperarla y así volvieron esas hermosas partituras a las salas de concierto.

Luego mas emociones. La especial música del mejor alumno del compositor mencionado antes, nada menos que Astor Piazzolla, también ocupa lugares en los escenarios musicales del mundo. Su Concierto para bandoneón y orquesta, encargo del Banco Provincial de Buenos Aires comienza con un "allegro marcato" donde se presentan dos temas que el bandoneón y la orquesta desarrollan brevemente hasta arribar a una enérgica coda. El segundo movimiento comienza con una nostálgica y melancólica melodía del bandoneón al que se le unen el violín concertino, el primer violonchelo y el arpa trayendo todo el sentimentalismo rioplatense, tan conocido en la música del autor. El ultimo movimiento "moderato" esta construido sobre la base de un dialogo de solista y orquesta que confluyen en un clímax dramático y sensual. En conversación posterior con el maestro uruguayo Roberto Montenegro, me decía que lo asombraba el nivel profesional del organismo orquestal al comprender en profundidad el fraseo y la rítmica de una música poco frecuente aunque en verdad, no del todo desconocida para ellos. El excelente director dijo también "claro, se trata de una orquesta de primera línea". El solista, otro uruguayo, René Marino Rivero es un músico superior. No solo es intérprete sino también prolífico compositor. Tradujo a Piazzolla con profundo conocimiento de su música explotando las raíces del Río de la Plata. Tal fue su cometido que tuvo que brindar la inusual cantidad de cuatro bises: un preludio de Bach, Adiós Nonino de Piazzolla, La Cumparsita de Matos Rodriguez y un candombé de su propia autoría.

Finalmente la Cuarta Sinfonía de Dvorák de quien generalmente se ejecutan su séptima, octava o novena. La Cuarta no es su sinfonía mas exquisita, es verdad, pero es altamente significativa. Cuando la escribió el autor, en la tercera década de su vida, dominaba el contrapunto moderno y todo el color orquestal. Era un convencido que la música de un pueblo es como una rara y preciosa flor que crece en medio de la maleza. Su trabajo es decubrirla y mostrarla al mundo. Tiene los tradicionales cuatro movimientos que exhiben las influencias del nuevo estilo germano liderado por Wagner. Escrita en el lapso de tres meses concentra pasión y drama desarrollando ricas modulaciones y una energía festiva sobre todo en sus dos movimientos finales donde la orquesta muestra incontenible impulso en un "allegro feroce" y un "allegro con brio".

El maestro Montenegro, nativo de Montevideo (Uruguay), con ricos antecedentes profesionales se sintió a sus anchas en la música de su región y luego dando vida a la poco frecuente sinfonía del checo Dvorák cuya vigencia a un centenario de su muerte, se mantiene inalterable. El maestro Montenegro, director de no pocas orquestas en EE.UU. y Europa mostró su complacencia trabajando y conduciendo un organismo sinfónico como el de la Radio Praga, tan conocido por sus innumerables versiones grabadas.



Este artículo fue publicado el 28/05/2004

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