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A lo grande

Samuel Barber: Toccata Festiva, op. 36; Francis Poulenc: Concierto en Sol menor para órgano, cuerdas y timbales; Camille Saint-Saëns: Sinfonía nº 3 en Do menor, op. 78. Olivier Latry, órgano. The Philadelphia Orchestra. Christoph Eschenbach, director. Productor ejecutivo: Kevin Kleinmann; Ingeniero de sonido: Everett Porter. Un Super Audio CD de 79 minutos de duración, grabado en vivo en el Verizon Hall (Filadelfia) en mayo de 2006. Ondine ODE 1094-S. Distribuidor en España: Diverdi
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“El órgano Fred J. Cooper en el Verizon Hall del Kimmel Center for the Performing Arts de Filadelfia es el órgano de concierto más grande de los Estados Unidos.” Al menos, eso se nos dice en las notas de la carpetilla de este disco. Y a fe que suena grande. En efecto, al rutilante Verizon Hall -residencia de la Orquesta de Filadelfia desde 2001- le faltaba su órgano, y gracias a la generosidad de los descendientes del joyero y organista Fred J. Cooper, el 11 de mayo de 2006 fue inaugurado este monstruo de dos consolas, 110 registros y 6.938 tubos, con el programa que recoge la grabación que hoy nos ocupa, y para el que se contó con la participación de Olivier Latry, actual organista de Nôtre-Dame de París.

Y el programa, aun siendo de cajón, no podía resultar más apropiado. Samuel Barber compuso su Toccata Festiva en 1960 precisamente para inaugurar el órgano de la entonces sala de conciertos de la Orquesta de Filadelfia, la Academy of Music, en tiempos de Eugene Ormandy. Se trata de una obra en un único movimiento y de un cuarto de hora de duración; y se trata de una obra de Barber, esto es, una pieza brillante y sugestiva, escrita en el lenguaje siempre asequible de su autor, desvergonzadamente destinada al lucimiento del instrumento solista -ahí es nada la cadencia que se toca con el pedalero (9’20’’ en adelante)- y de la orquesta.

Pone de relieve Christopher H. Gibbs en sus notas la inteligencia de Francis Poulenc al combinar en su Concierto de 1939 -estrenado por Maurice Duruflé- el órgano con una orquesta de cuerdas y timbales, pues el órgano provee sobradamente la sonoridad de maderas y metales. A lo que debe añadirse su extraordinaria capacidad para escribir de forma aireada y seductora, de forma que a la solemnidad del órgano se contrapone un tratamiento de la cuerda muy ligero (óiganse los movimientos segundo y sexto), buscando continuamente el contraste tímbrico y rítmico; algo que Latry, Eschenbach y los Philadelphians se encargan de subrayar del mejor modo.

No menos inteligente fue Camille Saint-Saëns, que reservó la intervención del órgano en su célebre Tercera Sinfonía para el segundo movimiento, de forma discreta, y para el final, ciertamente espectacular. Y no faltó espectacularidad a la interpretación que aquí se escucha: Eschenbach pone tensión de la buena en el primer tiempo (muy bien conseguida la transición a la reexposición del tema principal -7’07’’-), le echa mordiente al ‘scherzo’, y presenta la conclusión de manera descaradamente victoriana; pero en mi opinión se le escapa la sensualidad del tiempo lento, que se da con demasiada lentitud y sobre todo con una gravedad bruckneriana que no viene al caso.

La calidad de la toma sonora es de primer orden, lo cual tiene doble mérito tratándose de un concierto de estas características, y además tomado en vivo. El órgano suena en todo su esplendor -los contrastes dinámicos y volumétricos ciertamente ponen a prueba el equipo reproductor, y la limpieza de su sonoridad es todo un homenaje a su constructor-, mientras la orquesta no queda ahogada -escúchese el fantástico efecto estereofónico de trompas y trompetas en el final de la Sinfonía (4’20’’).

Hace ahora un año les presentaba a ustedes el primer disco de la Orquesta de Filadelfia en su nueva andadura con el sello Ondine. Entre aquél y éste han grabado dos más, todos bien recibidos por la crítica. Que una orquesta americana sea capaz de semejante proeza, tal y como están las cosas, es algo sintomático; y, sin embargo, uno de los principales artífices de este éxito, Christoph Eschenbach, ha anunciado que deja la titularidad de la orquesta en verano de 2008, tras sólo cinco años en el puesto: él sabrá por qué; mientras tanto, razón de más para disfrutar de estas grabaciones.

Este disco ha sido enviado para su recensión por Diverdi



Este artículo fue publicado el 13/02/2007

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