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Espejo de nuestras contradicciones

Buenos Aires, 12/09/2004. Teatro Colón. Francis Poulenc: Diálogo de Carmelitas. Ópera en tres actos. Libreto de Francis Poulenc basado en la obra de Georges Bernanos. Marcelo Lombardero, dirección escénica. Diego Siliano, escenografía. Luciana Gutman, vestuario. Roberto Traferri, iluminación. Graciela Oddone (Blanche de la Force), Virginia Correa Dupuy (Madame Lidoine), Vera Cirkovic (Madame de Croisy), Eliana Bayón (Soeur Constance), Adriana Mastrángelo (Mère Marie), Víctor Torres (Marqués de La Force), Enrique Folger (Caballero de La Force), Alicia Cecotti (Mère Jeanne), Cecilia Jakubowicz (Soeur Mathilde), Gabriel Renaud (Capellán), Carlos Sampedro (Primer Comisario), Mirko Tomas (Segundo Comisario) y elenco. Coro Estable del Teatro Colón (Director del Coro: Miguel Martínez). Orquesta Estable del Teatro Colón. Dirección musical: Jan Latham-Koenig
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En una primera lectura podemos decir que la ópera ‘Diálogos de Carmelitas’ narra la ejecución en la guillotina el 29 de messidor del año II de la Revolución (según el Calendario que se utilizó entre septiembre de 1792 y diciembre de 1805 en Francia), de dieciséis religiosas carmelitas del convento de Compiègne.

En otro nivel de análisis la obra relata complicados temas teológicos y morales como la comunión de los santos, el martirio, la trasferencia de la gracia y la voluntad divina sobre los seres humanos.

Pero en un tercer nivel podemos decir que la obra, quitada de su trasfondo histórico y religioso, es un espejo de nuestras propias contradicciones en temas tan trascendentes como la muerte, la enfermedad, la intolerancia, el heroísmo y, principalmente, el miedo.

Ésta a todas luces magnífica versión ofrecida por el Teatro Colón significó, también, un espejo de nuestra Argentina contradictoria que en algún momento se soñó europea y hoy no termina de asumirse latinoamericana. ¿No es nuestra propia contradicción la que hace subir al escenario del Colón espectáculos que se envidiarían en toda Latinoamérica y hasta se pueden medir de igual a igual con producciones de países centrales con otros que salen perdiendo en la comparación con las más pobres producciones de la ópera independiente vernácula?

Como siempre bienvenido el arte que nos ayuda a desentrañar nuestros misterios más profundos y bienvenida la ópera de calidad.

La Puesta:

Quizás sea muy difícil describir con palabras la excelente concepción visual ideada por Marcelo Lombardero al mando de su equipo formado por Diego Siliano en la escenografía, Luciana Gutman en el diseño de vestuario y Roberto Traferri en la iluminación, por la múltiple presencia de exquisitos detalles.

Con cada nueva puesta Lombardero se supera a si mismo logrando triunfos artísticos merecidos e indiscutibles. Su marcación actoral fue precisa y contundente de la cual destacamos, a modo de ejemplo, dos poderosos efectos teatrales: el corte del pelo de Blanche en el primer acto y en el último a la protagonista volviéndose a colocar su hábito de carmelita antes de ir en busca de sus hermanas en el martirio.

Con un planteamiento de tres paredes grises como única planta escenográfica, Diego Siliano eligió un solo y potente elemento escénico para diferenciar cada uno de los ámbitos donde ocurre la acción: en la biblioteca del Marqués de la Force, una gran tela blanca; una reja separa a los intérpretes en el locutorio, una ventana circular ilumina el oscuro convento; un gran repisa sostiene las decenas de velas encendidas en el velatorio de la madre superiora; un portón clausurado señala el cierre del convento, etc.

A eso se le suma la proyección de grabados mostrando los diversos escenarios y desapareciendo por obra de la iluminación, los fundidos a negro entre escena y escena, la intensa luz blanca que señala la caída de la guillotina y la luz roja en la araña central en el final.

Notables fueron las proyecciones, diseñadas por Roberto Traferri, del jardín en el segundo acto y de una calle cercana a la Bastilla en el tercero con los cantantes metidos en la proyección.

En total acuerdo con la estética resultó el vestuario diseñado por Luciana Gutman con las religiosas vestidas de negro y luego, cuando se las obliga a dejar los hábitos, de un gris uniforme. Muy buena la nota de color con los trajes del pueblo y los revolucionarios.

La versión musical:

Puntal indiscutible de la versión fue la batuta del maestro Jan Latham-Koenig quien evidenció conocimiento profundo de la partitura, autoridad musical y gran seguridad. En todo momento buscó el balance entre el foso y la orquesta y logró un desempeño de los maestros de la Estable que hacían pensar en buenos tiempos pasados. ¿Se convencerán las autoridades que mejorando la calidad de las batutas los resultados artísticos crecen en forma exponencial?

El elenco vocal resultó, a todas luces, homogéneo y equilibrado. Graciela Oddone como ‘Blanche’ fue lo suficientemente frágil y profunda para expresar el torturante terror que inunda su espíritu buscando en su creación vocal el punto justo en el fraseo, los matices y la expresividad. Además es bella y elegante por lo que se pudo comprender perfectamente a todo lo que renuncia entrando al convento. Sólo en algunos pequeños momentos el dramatismo de la parte excedió sus medios vocales.

Contrastando con la aterrorizada ‘Blanche’, Eliana Bayón compuso una ‘Hermana Constanza’ dulce y querible, con musicalidad, afinación y un registro agudo brillante.

La Priora ('Madame de Croisy') de Vera Cirkovic tuvo adecuada presencia escénica, un francés impecable y una actuación impactante en la escena de su muerte. Vocalmente su registro se mostró desparejo.

Adriana Mastrángelo compuso una fría, orgullosa y autoritaria ‘madre María de la Encarnación’ con excelentes recursos vocales.

Virginia Correa Dupuy como la nueva Priora ('Madame Lidoine') demostró nuevamente su profesionalismo aunque enfrentó algunos problemas de emisión en el registro agudo, quizás por ser este rol para soprano y no para mezzosoprano.

Víctor Torres confirió autoridad vocal a su ‘Marqués de la Force’, profesional y eficiente la ‘Madre Juana’ de Alicia Ceccotti, perfecto el ‘Caballero de la Force’ de Enrique Folger y correcto el resto del elenco.

En suma: dentro de nuestras propias contradicciones el placer de volver a presenciar un espectáculo que merece el calificativo de excelente.



Este artículo fue publicado el 17/09/2004

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Fotografía ©2004 by Arnaldo Colombaroli. Gentileza del Teatro Colón

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