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Seducción y engaño

Buenos Aires, 11/04/2012. Teatro Colón. Angela Gheorghiu, soprano. Roberto Alagna, tenor. Orquesta Estable del Teatro Colón bajo la dirección de Ramón Tebar. Francesco Cilèa: preludio de La Arlesiana y escenas de Adriana Lecouvreur: “Adriana, Maurizio…La dolcissima effigie”, “Io son l’umile ancella”, “l’anima ho stanca”, música orquestal de los actos II, III y IV, “ove, dunque, son io?”. Alfredo Catalani: “Ebben! Ne andrò lontana” de La Wally; Pietro Mascagni, intermezzo de L’amico Fritz. Giacomo Puccini: Intermezzo de Manon Lescaut; preludio al acto III de Edgar y escenas de Tosca: “Mario! Mario! Mario…son qui”. “E lucevan le stelle”, “Ah! Franchigia a Floria Tosca…O dolci mani”.
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“Ecco la luce que mi seduce!”, espetó en su éxtasis final la Adriana de Angela Gheorghiu desde el proscenio del Colón de a un público hoy extenuado por hambruna de grandes cantantes internacionales. Entre los hambrientos pude reconocer algunas caras familiares y, como la mía, algo avejentadas, de quienes en los sesenta y setenta del siglo pasado considerabamos un derecho adquirido ver a estrellas renombradas repitiendo su rol en cuatro o cinco funciones de ópera bien ensayadas. Hoy son menos exigentes y parece bastan los recitales, aún se trate del paso fugaz e improvisado de artistas dispuestos a dar poco y cobrar mucho. Junto a Gheorghiu también debutaba en el Colón Roberto Alagna, siguiendo tardíamente los consejos de su abuela argentina y luego de dos intentos fallidos, el primero por la enfermedad terminal de su primera esposa y después por la de Miguel Ángel Veltri.

No sé si fue este también el debut en el Colón de Ramón Tebar, el director de orquesta español recientemente designado como director musical de la Florida Grand Opera. Sea como sea, su interpretación del Intermezzo de Manon Lescaut exhibió un lirismo de tersa expresividad, apoyado en una efectiva combinación de énfasis y toda la variación cromática que le permitió la orquesta estable del Teatro Colón, que tan espaciadamente se ejercita en su propia casa, en comparación con las orquestas de las salas operísticas de Europa o los Estados Unidos. Tebar hizo lo que pudo con las desconcentradas piezas orquestales de Adriana Lecouvreur y enfatizó con pristina diferenciación de texturas el intermezzo de L’ amico Fritz.

Como Adriana y Maurizio, los Gheorgiu-Alagna cantaron con intenso lirismo los dúos de amor de Adriana Lecouvreur. La actuación fue un terceto gracias al atril donde se encontraba la partitura que Maurizio no dejaba de consultar, con mirada fugaz y pasando la hoja sobre el hombro de Adriana mientras le acercaba su cuerpo en un sensual “caliente! Caliente!” para solo darle un besillo. En la segunda parte, después de su primer dúo con Floria Tosca Gheorghiu, Mario Caravadossi Alagna agarró el atríl y se lo llevó resueltamente a las bambalinas. ¡Tan seguro estaba de no tener que leer “E lucevan le stelle”!. Cantó esta aria toda en mezzo-forte pero a lo grande, con voz cálida seguramente impostada y de supremo mordente, ascendiendo sin fisuras y coronado su último “la vita!” con un suspiro mágico en plenitud y proyección. El mejor momento de Gheorgiu fue “Ebben! Ne andró lontana.” A despecho de un cada vez mas frágil hilito de voz en el registro medio, ¿quién duda de su capacidad de subir a través del passagio tersa y líricamente y de atacar filados con una diafanidad suprema? ¡Que bien cantan (a veces) los Gheorghiu-Alagna cuando lo hacen separados! ¡Sólo en esos momentos consiguen liberarse de esa imagen cursi que ellos mismos decidieron crear, seducidos por las luces de la fama y el dinero fácil! Mejor entonces que se separen de vez en cuanto si es que quieren desarrollar una personalidad artística interesante. Porque cuando están juntos la ficción que hace a la esencia de cualquier personaje de ópera naufraga en un mar de cursilería recíproca, y manipulación de un público que no deja de buscar de indicios amorosos en esa pareja que manipuló su propia vida hasta el punto de casarse en la escena del Metropolitan con Giuliani, para pelearse años después cancelando todas sus actuaciones conjuntas. Confieso que respiré aliviado ante este divorcio artístico que tal vez les permitiría llegar a donde sus talentos individuales podrían haberlos llevado.

La reconciliación personal que dejaron traslucir en sus entrevistas porteñas es algo maravilloso, humanamente hablando, pero menos auspiciosa para quienes consideren un escenario de ópera como un espacio de mayores posibilidades artísticas que que un registro civil. ¿Será cierto que al llegar tarde a un ensayo, los caprichosos malograron la posibilidad de practicar algún bis con la orquesta del teatro? Algunas versiones indicaron que la orquesta estaba fula porque los Gheorgiu-Alagna habían obligado a cambiar los tiempos que Tebar había instruido en los ensayos preliminares. Otros dicen que Alagna había pedido cantar El día que me quieras pero la orquesta sólo lo sabía bajando el registro y en una partitura adaptada para micrófono al aire libre. Y no faltó un díario que informó que Alagna había pedido cantar Cachito pero el director del Colón se había opuesto. En la emergencia, y ante los insistentes aplausos del público, Alagna chanceó en perfecto castellano que ellos habían preparado bises y pero que les habían dicho que al público del Colón no les gustaban los números fuera de programa. “Noooo!!! Nooooo!!! respondió la audiencia con esa elegante y arrastrada “O” abierta, tan típica de Buenos Aires. A lo cual Alagna gritó hacia el palco bajo donde se encontraba el director del teatro si podía cantar algo. “¡Cante lo que quiera, maestro” se oyó decir a una voz cansada. Y Alagna cantó Historia de un amor con Gheorgiu sentada en el podio acompañándolo ocasionalmente con un entonado maullido. La orquesta muda, claro está, porque parece que para ésto y para otros bises como un fragmento de El trust de los tenorios se hubieran necesitado sesudos ensayos. Fin de la seducción y de un recital que sin la arrogancia e improvisación de los artistas hubiera hecho mas honor a la tradición de un gran teatro y las espectativas de un público merecedor de algo mejor.

Las recriminaciones y versiones diversas del incidente se multiplicaron en los días posteriores al recital. Quienes sabemos de que son capaces los Gheorgiu-Alagna estamos dispuestos a dar el beneficio de duda a los organizadores locales que esperaban encontrarse con artistas serios y en serio. Por mi parte, fue la primera vez que salí del Colón tarareando Ya no estás mas a mi lado corazón….. Días después, ví allí una Forza del Destino que me hizo acordar a los tiempos en que nadie se le pasaba por la cabeza obsequiar allí un bolero.



Este artículo fue publicado el 27/04/2012

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Comentarios:


clitorix 27/04/2012 8:03:26
Los Gheorghiu-Alagna y la cleptocracia Argentina: tal para cual.

humildad 27/04/2012 0:40:51
se supone que es lo que tiene la protagonista de Cilèa. al parecer, no es una de las cualidades de la diva rumana -alguna vez denominada ''Bonnie''- y será por eso que esta ''ancella'' es ''umille'' con dos eles que demuestran que es más que nadie [o a lo mejor refleja su pronunciación, no siempre cuidada en ninguna lengua]

CASTELLANO 27/04/2012 0:37:16
ALGO OSCILANTE POR MAS QUE DE ARGENTINA SE TRATE. NO CREO QUE LOS EFECTOS DE LA EXPROPIACION DE REPSOL SE MANIFIESTEN TAN PRONTO. ¿O SERA INFLUENCIA DEL CULTO JEFE DE GOBIERNO DE LA CIUDAD DE BUENOS AIRES O DEL INCLITO DIRECTOR DEL TEATRO COLON?
POR LO QUE SE DICE PODIAN HABER CANTADO AQUEL TAPADO DE ARMIÑO O YIRA YIRA. CLARO QUE SI ES CIERTO QUE EXIGIERON UN BMW PARA SUS DESPLAZAMIENTOS [Y MAS SI SE LO DIERON...]



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