España - Castilla y León

Imágenes calidoscópicas

Agustín Achúcarro

viernes, 22 de noviembre de 2002
Valladolid, jueves, 14 de noviembre de 2002. Teatro Calderón. Obras de Antonio José, Sinfonía castellana; Rimsky-Korsacov, Scheherazade. Orquesta Sinfónica de Castilla y Léon. Director: Alejandro Posada. Temporada de la Orquesta Sinfónica de Castilla y León
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Se había creado cierta expectación ante el comienzo de la nueva temporada de abono de la Orquesta Sinfónica de Castilla y León y su nuevo director titular Alejandro Posada; máxime teniendo en cuenta que la Sinfónica llevaba un periodo de cierta atonía, producto de la suma de una serie de circunstancias. Así las cosas, al interés exclusivamente musical, se sumaba el comprobar si se notaba algún cambio.Y a fe que se cumplieron los vaticinios más halagüeños y la orquesta mostró una cara positiva.Comenzaron con la Sinfonía Castellana de Antonio José, el autor burgalés que vio truncada su vida al ser fusilado en 1936. Ahí quedó un proyecto de compositor, que se vislumbraba fértil, y que refleja en esta obra sus logros y sus incertidumbres.La Orquesta Sinfónica de Castilla y León captó ese mundo sonoro, reflejándolo en su interpretación, en detalles tales como una escritura a veces densa, el espíritu ensoñador y oscuro de los sonidos repetidos de las violas del ‘Nocturno’ o el carácter algo evidente del movimiento conclusivo.En Scheherazade de Rimsky-Korsacov, Posada mantuvo el ritmo, el juego de timbres y colores, y el desarrollo de la obra fluctuó entre la seducción y el carácter enérgico, no exento de algunos excesos. Y así el director cumplió con su visión declarada de la obra: "la ciencia de la orquestación está ahí...", "es como un calidoscopio en el que es siempre lo mismo, pero se ve siempre distinto".Tras unos momentos iniciales de alguna duda, se impusieron las cualidades sonoras de esta partitura inspirada en los cuentos de Las mil y una noches, y así surgió emotivo el 'tema del Sultán' en las cuerdas graves, resultaron bien administrados los contrastes sonoros en El cuento del príncipe Kalender y sonó algo brusca, aunque eficaz, la eclosión que prepara el delicado final, en el que -una vez rendido el sultán- el violín toca el tema de ‘Scheherazade’.Fueron muy plausibles las intervenciones de los diversos instrumentos solistas, con un clarinetista, Carmelo Molina, realmente soberbio. No sería de justicia dejar de citar al resto, aunque sea de forma genérica, circunscribiéndolo a maderas y vientos.Lo reseñado no quita para que aparecieran ciertos desequilibrios entre las secciones o que la cuerda demostrara que necesita reforzarse para no verse ahogada por la energía de los vientos.Tras el concierto quedó la sensación de avistar una posible temporada para nada monótona, aún a pesar de que la Sinfónica tenga que seguir apechando con viejos fantasmas, a la espera de la construcción del nuevo auditorio, tales como las nefasta condiciones acústicas del teatro Calderón.

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